21/09/2008

Modelo Harvard

Texto de David Dusster
Fotos de Xavier Cervera
Con casi cuatrocientos años de historia, más antigua que Estados Unidos, la Universidad de Harvard ha dado siete presidentes al país y ha alumbrado 43 premios Nobel. Los cerebros y gestores del futuro siguen gestándose en Harvard, el centro docente más antiguo y más reputado de Norteamérica, como reconocen los principales rankings, que la distinguen como la mejor universidad del mundo
La parada de metro Harvard Square lleva al campus principal de la universidad, con edificios de ladrillo rojizo y estilo neoclásico tardío alrededor de los jardines. Las estampas otoñales de Harvard se han hecho conocidas a través de muchas películas.
La opción de Harvard también resulta muy dura para los estudiantes. Chris Lewis afronta el último de los cuatro cursos de la licenciatura básica con la esperanza de poder ser admitido después por la facultad de Medicina. No es fácil. De los 5.806 estudiantes que lo solicitaron en el 2006 para entrar en el último curso académico, solamente lo lograron 166. La exigencia académica es tan grande que el dinero, pese a los 58.500 dólares que cuesta estudiar Medicina, no es el principal problema gracias a un sistema de becas y préstamos que cubre al 70% de los alumnos. Las ayudas financieras son uno de los principios que se mantienen en Harvard desde su fundación. Si en el siglo XVII se admitían pagos de matrícula en especias como cereales, maíz, centeno, leña o vacas, ahora se valoran los expedientes al margen de las capacidades económicas. Se trata de que ningún talento se pierda por escasez de medios.
“Para mí, entrar en Harvard fue una lección de humildad porque siempre había sido el mejor de mi clase y de repente me vi como uno más, rodeado de gente muy inteligente, y eso fue muy chocante”, admite Chris Lewis, que era el número uno de su promoción en el instituto público de enseñanza secundaria Weymouth, en las afueras de Boston. Lewis estudia materias tan diferentes como química o el idioma castellano, y aunque hay un control continuo de las asignaturas, muchas veces oral, también hay tiempo para practicar deporte, asistir a conferencias y participar de iniciativas culturales. Pese a la proximidad de la casa paterna, Chris Lewis ha preferido estar interno en la residencia de estudiantes. Los estadounidenses son amantes de las costumbres y los ritos de paso, y la universidad es uno de los más importantes, pues normalmente sella la independencia del hijo o la hija, que suele trasladarse a otra ciudad del país para cursar sus estudios.
“Lo más conveniente es estar alojado junto a mis compañeros porque así convivo con gente que tiene muchas inquietudes”, valora Lewis sin dudarlo, en la sala común de la casa Lowell, dotada con una gran pantalla de televisión, un piano y paredes decoradas con frescos que evocan imágenes de la revolución americana. La casa Lowell, con su arquitectura de inspiración rusa y su campanario rematado con una cúpula bulbosa, es una de las más bonitas del complejo residencial de Harvard, y se sitúa en los alrededores del campus. Sólo los novatos, los freshman, viven dentro de los jardines del campus, detrás de las fachadas de ladrillo y hiedra, junto a la estatua de John Harvard, el University Hall que acoge las oficinas de los decanos y la imponente biblioteca Widener, que tiene el fondo más grande entre todas las universidades del mundo. Los estudiantes de segundo año son sophomores; los de tercero son junior, y los de cuarto, senior. Así ha sido y así es la jerarquía en una universidad estadounidense, inmutable al paso del tiempo.
La biblioteca Widener, que contiene 15 millones de títulos, entre ellos un ejemplar original de una Biblia de Gutenberg, se reconoce, además de por haber salido en innumerables películas, por la gran escalinata que conduce a la fachada con columnas, construida en el estilo neoclásico tardío que a finales del XIX y principios del XX aportó majestuosidad y sobriedad a la mayoría de los edificios públicos de Estados Unidos. De hecho, del Harvard original del siglo XVII apenas queda nada, aunque el departamento de Arqueología de vez en cuando desentierre algunas piezas valiosas del subsuelo del campus. La colosal biblioteca de vitrales, por ejemplo, fue realidad en 1915 gracias a la voluntad de la familia de Harry Widener, una de las víctimas del Titanic, que había manifestado su deseo de donar su colección de libros a Harvard. Otro edificio emblemático de la universidad es el Memorial Hall, de estilo gótico-victoriano con dos torres de aguja, levantado en 1878 como homenaje a los caídos en la guerra civil americana y que alberga el aula magna. El Memorial Hall fue tomado por los estudiantes en los setenta durante las protestas contra la guerra de Vietnam. Pese a su carácter elitista, Harvard mantiene la fama de ser progresista y liberal, aunque entre los siete presidentes de Estados Unidos que han salido de sus clases ha habido demócratas, como Franklin Delano Roosevelt o John Fitzgerald Kennedy, y republicanos, como el actual jefe de Estado, George W. Bush.
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de: Oman Monique | 23/09/2008
Un abrazo de Camilla
30 de noviembre
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