21/09/2008

Modelo Harvard

Texto de David Dusster
Fotos de Xavier Cervera
Con casi cuatrocientos años de historia, más antigua que Estados Unidos, la Universidad de Harvard ha dado siete presidentes al país y ha alumbrado 43 premios Nobel. Los cerebros y gestores del futuro siguen gestándose en Harvard, el centro docente más antiguo y más reputado de Norteamérica, como reconocen los principales rankings, que la distinguen como la mejor universidad del mundo

Chris Lewis, bostoniano de 21 años que va a empezar su cuarto año de undergraduate, estudia en su habitación de la casa Lowell, una de las residencias de estudiantes de Harvard.


Miguel Almunia fue uno de los 38 españoles admitidos el curso pasado para cursar másters o doctorados en Harvard. En concreto, Almunia completó un máster en Desarrollo Internacional en la facultad Kennedy de Administración Pública, y su ambición es trabajar en un organismo internacional como la ONU o el Banco Mundial. “La política está descartada, ya la he sufrido demasiado de cerca”, dice Almunia, hijo del actual comisario europeo de Economía y ex secretario general de los socialistas españoles, que sacó un 9,2 de nota media de selectividad y fue admitido en Harvard tras presentar un escrito de intenciones y capacidades que valora un jurado.
“Cuando me aceptaron pensé que se habían equivocado, pero enseguida te das cuenta de que has entrado en la elite y que tienes que apuntar alto; además aquí ves que las universidades compiten por ser la mejor, y eso no pasa en España”, comenta Miguel Almunia, que, como la mayoría de sus compañeros, viste con tejanos y ropa informal. Almunia valora que existe un entramado de iniciativas, como las de los alumnos veteranos que asesoran y ayudan a los novatos que tienen problemas de adaptación o dudas académicas, para que los estudiantes vayan superando las dificultades en los estudios. “Otra diferencia es que aquí te dan una charla o hacen un debate y te vienen autoridades mundiales en la materia, como el otro día, que fui a un debate sobre el conflicto palestino-israelí y los ponentes eran Noam Chomsky (lingüista y politólogo polémico de origen judío y propalestino) y Allan Deschowitz (prestigioso abogado especialista), y ambos son profesores de Harvard”, añade Almunia.

La arquitectura de la facultad de Medicina, en un barrio de Boston, también responde al estilo neoclásico grandioso, pero, en lugar de edificios de ladrillo como los del campus principal de Harvard, se empleó el mármol. El Nuevo Edificio de Investigación de la HMS incorpora el vidrio y el acero al paisaje de la avenida Pasteur y se llama así porque todavía no se ha encontrado un mecenas que pague los 100 millones de dólares en los que Harvard ha tasado el nombre del bloque. En un despacho del interior, Philip Leder, profesor y presidente emérito del departamento de Genética, muestra orgulloso la Medalla Nacional de la Ciencia que le concedió Ronald Reagan cuando era presidente. Leder patentó el Oncomouse, el ratón que se usa para la investigación contra el cáncer, y define el código genético como un alfabeto que hay que descifrar. “Soy optimista respecto a la lucha contra el cáncer, al menos personalmente he hecho un viaje de la oscuridad a la luz: antes tenía pacientes de cáncer a los que no sabía explicar qué les sucedía y ahora ya sé por qué están enfermos, sólo hace falta poder curarlo”, resume Philip Leder con aire pedagógico al hacer balance de las tres décadas de avances en las que ha participado.
En Harvard, la enseñanza y la investigación van de la mano, pero, según el criterio de Philip Leder, “el secreto está en que tenemos muy buenos ­estudiantes”.°

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de: Oman Monique | 23/09/2008
Un abrazo de Camilla
30 de noviembre
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