28/12/2008
Especial 2008 Crisis en España
Paisaje tras la burbuja
Texto de José Martí Gómez
Fotos de Xavier Cervera
La burbuja inmobiliaria ha dejado tras de sí un paisaje desolado de grúas paradas, máquinas abandonadas, casas a medio terminar y urbanizaciones fantasma. El Magazine ha recorrido la ruta de los lugares más afectados por la crisis, para dar testimonio de cómo se han arrasado paisajes y se ha construido desaforadamente, en ocasiones gracias a la corrupción o a la connivencia entre políticos y constructores.

El complejo residencial de Francisco Hernando, conocido como el Pocero, en el municipio toledano de Seseña, cuenta con bloques de viviendas sin habitar y decenas de grúas paradas
El fotógrafo vio a lo largo de su recorrido muy poca vida y mucha soledad.
Vio a un vecino de una de las zonas visitadas y le preguntó:
–¿Está abandonado todo esto?
Y el vecino le respondió:
–No. Está parado.
Parado. Esa es la definición del paisaje que el fotógrafo recorrió de norte a sur, de la montaña al centro, del centro a la costa.
En Alicante –unos diez mil despidos en la construcción a lo largo de los últimos meses–, Murcia y Almería, el “está parado” se repite. En muchas pequeñas poblaciones de esas autonomías la corrupción a través de connivencias entre constructores y
En Ciudad Valdeluz, a diez kilómetros de Guadalajara y a poco más de un kilómetro de la estación del AVE, se levanta como un champiñón en medio del desierto una ciudad dormitorio que está prácticamente terminada, pero que, pese a que se promociona con el mensaje Vive las brisas de Valdeluz, ha atraído a poca gente, salvo los que compraron para especular y ahora se encuentran, como en tantos otros sitios, con el piso que nadie quiere comprar ni alquilar. Vista desde el AVE, la urbanización no invita siquiera a un paseo por sus inmensos viales desiertos que se pierden por el horizonte de la llanura yerma. En días sin sol, vivir allí debe de ser un factor desencadenante de la depresión.
Y, sin embargo, se acabará viviendo en todos los sitios por los que pasó el fotógrafo. Cuando mengüe la crisis, cuando a la gente se le pase el miedo y los bancos vuelvan a la locura de dar créditos, la gente comprará sus pisos en esos lugares que hoy nos parecen inhóspitos, y esa gente, que será joven y habrá escogido vivir allí porque los pisos serán más baratos, se irá organizando y, poco a poco, como pasó en los años cincuenta en los barrios de las barriadas periféricas de Madrid y Barcelona, conseguirá servicios, corregirá lo que de especulativo hubo en el entorno urbanístico y se adaptará al medio. En Tres Cantos, un barrio surgido también de la nada en las cercanías de Madrid, cuentan con gracia que el traje regional es el chándal porque los fines de semana la inmensa mayoría de sus habitantes dejan en el perchero la chaqueta, el vestido y la corbata de los días de trabajo y se pasean en chándal por el barrio.
El fotógrafo sigue su viaje.
Ve que, en Seseña, Francisco Hernando, conocido como el Pocero, puso el nombre de su madre a uno de los parques de la urbanización, colocó un busto de su padre en una rotonda y bajó el ritmo de la construcción. Grúas y coches aparcados en las calles porque la gente, pese a tener su plaza de aparcamiento, tiene miedo de entrar en parkings solitarios y en penumbra. “Tu casa aquí por 144.000 euros”, en medio de una llanura, reclamo que vio el fotógrafo viajando hacia Alicante, Murcia y Almería, con campos de golf esperando a jubilados extranjeros y grúas levantándose entre palmeras: Masa, Monforte de Cid, Águilas, Los Alcázares, Vera Playa, Castillo de Macenas, El Toyo… urbanizaciones acabadas o a medio hacer y en las que no se sabe si residirá alguien porque España ha dejado de ser barata para los jubilados extranjeros que ven reducirse el poder adquisitivo de sus pensiones.
Dice un notario que los tres grandes cambios registrados en España en los últimos decenios han sido que vivimos muchos más años, lo que lleva a que cambie el tipo de testamento; que la gente ha pasado de vivir de alquiler a ser propietaria de un piso no para residir toda la vida en él sino para ir cambiando, bien por necesidad o por especulación y, tercer cambio, las empresas han dejado de identificarse con un dueño al que poder reconocer con un apellido y un rostro y eso crea inestabilidad entre los trabajadores.
Los notarios son la gente que más sabe sobre las pasiones, los cambios de humores y los miedos de los españoles.
Vio a un vecino de una de las zonas visitadas y le preguntó:
–¿Está abandonado todo esto?
Y el vecino le respondió:
–No. Está parado.
Parado. Esa es la definición del paisaje que el fotógrafo recorrió de norte a sur, de la montaña al centro, del centro a la costa.
En Alicante –unos diez mil despidos en la construcción a lo largo de los últimos meses–, Murcia y Almería, el “está parado” se repite. En muchas pequeñas poblaciones de esas autonomías la corrupción a través de connivencias entre constructores y
En Ciudad Valdeluz, a diez kilómetros de Guadalajara y a poco más de un kilómetro de la estación del AVE, se levanta como un champiñón en medio del desierto una ciudad dormitorio que está prácticamente terminada, pero que, pese a que se promociona con el mensaje Vive las brisas de Valdeluz, ha atraído a poca gente, salvo los que compraron para especular y ahora se encuentran, como en tantos otros sitios, con el piso que nadie quiere comprar ni alquilar. Vista desde el AVE, la urbanización no invita siquiera a un paseo por sus inmensos viales desiertos que se pierden por el horizonte de la llanura yerma. En días sin sol, vivir allí debe de ser un factor desencadenante de la depresión.
Y, sin embargo, se acabará viviendo en todos los sitios por los que pasó el fotógrafo. Cuando mengüe la crisis, cuando a la gente se le pase el miedo y los bancos vuelvan a la locura de dar créditos, la gente comprará sus pisos en esos lugares que hoy nos parecen inhóspitos, y esa gente, que será joven y habrá escogido vivir allí porque los pisos serán más baratos, se irá organizando y, poco a poco, como pasó en los años cincuenta en los barrios de las barriadas periféricas de Madrid y Barcelona, conseguirá servicios, corregirá lo que de especulativo hubo en el entorno urbanístico y se adaptará al medio. En Tres Cantos, un barrio surgido también de la nada en las cercanías de Madrid, cuentan con gracia que el traje regional es el chándal porque los fines de semana la inmensa mayoría de sus habitantes dejan en el perchero la chaqueta, el vestido y la corbata de los días de trabajo y se pasean en chándal por el barrio.
El fotógrafo sigue su viaje.
Ve que, en Seseña, Francisco Hernando, conocido como el Pocero, puso el nombre de su madre a uno de los parques de la urbanización, colocó un busto de su padre en una rotonda y bajó el ritmo de la construcción. Grúas y coches aparcados en las calles porque la gente, pese a tener su plaza de aparcamiento, tiene miedo de entrar en parkings solitarios y en penumbra. “Tu casa aquí por 144.000 euros”, en medio de una llanura, reclamo que vio el fotógrafo viajando hacia Alicante, Murcia y Almería, con campos de golf esperando a jubilados extranjeros y grúas levantándose entre palmeras: Masa, Monforte de Cid, Águilas, Los Alcázares, Vera Playa, Castillo de Macenas, El Toyo… urbanizaciones acabadas o a medio hacer y en las que no se sabe si residirá alguien porque España ha dejado de ser barata para los jubilados extranjeros que ven reducirse el poder adquisitivo de sus pensiones.
Dice un notario que los tres grandes cambios registrados en España en los últimos decenios han sido que vivimos muchos más años, lo que lleva a que cambie el tipo de testamento; que la gente ha pasado de vivir de alquiler a ser propietaria de un piso no para residir toda la vida en él sino para ir cambiando, bien por necesidad o por especulación y, tercer cambio, las empresas han dejado de identificarse con un dueño al que poder reconocer con un apellido y un rostro y eso crea inestabilidad entre los trabajadores.
Los notarios son la gente que más sabe sobre las pasiones, los cambios de humores y los miedos de los españoles.

A dos kilómetros de la estación del AVE de Guadalajara-Yebes, se levantó Ciudad Valdeluz, hoy apenas ocupada en una tercera parte. El carril bici queda interrumpido por un terreno sin urbanizar
de: Vicente Latorre | 30/01/2009
Paisaje desolado.
de: Roser Puig | 30/01/2009
Todo esto pasa por la falta de protección del territorio y las ganas de dinero. ¡Qué pena!








