22/02/2009

Con derecho a la felicidad

Texto de Celtia Traviesas
Fotos de Mar Arias
Las personas con discapacidad intelectual ya no viven recluidas en una infancia permanente. Los avances sociales les han brindado la oportunidad de una mayor autonomía, pero, al mismo tiempo, las abocan a un mundo muy complejo. Este reportaje trata de sus conquistas, sus ilusiones y la frustración que a veces les comporta el reto de la integración.
La redacción de Cristina
“Soy Cristina y tengo 11 años, mi hermana se llama Ana Belén, tiene 12 años y es síndrome de down. Es una niña muy cariñosa y simpática y un poco testaruda. Es muy presumida y tiene el pelo corto, lleva gafas y es gordita. Por la mañana mi hermana va a un colegio público con unos profesores de apoyo que se llaman Pepe y María del Carmen. Por las tardes va a otra escuela especial que se llama Apapnidicsur. A ella le encanta ir a la escuela. Los sábados y los domingos se aburre en mi casa y está deseando que lleguen los días entre semana, pero yo juego con ella. En mi casa tiene una perrita que se llama Tenta. También tiene muñecas con las que le encanta jugar. Por las noches no duerme, no sé por qué, pero está levantándose todo el rato. Yo la acuesto cada vez que se levanta, lo mismo hacen mi padre y mi madre. A ella le encanta comer, su comida favorita es el arroz, se come hasta el último grano.”
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de: Manel Marín Rodriguez | 06/03/2009
Respuesta al comentario de Pilar Perez: Pilar, soy el padre de Anna, si quieres ponerte en contacto conmigo hazlo a traves de mi e-mail: manelmarin4@hotmail.com No te doy el teléfono porque no sé si en estos foros se puede dar, pero escríbeme si quieres y te lo doy. Muchas gracias por tu comentario.
de: Pilar Pérez | 06/03/2009
Me he sentido muy identificada con estos padres. Mi hija también tiene autismo, y fue, como Anna, adoptada en China. Ella tiene ahora nueve años, una operación en su cabeza, epilepsia, y muchos médicos detrás de ella, para que cada uno mejore un poco su calidad de vida. A ratos nos sentimos felices con sus progresos, y a ratos tristes y desesperados porque se nos va la vida en atenderla. Pero también hay que pensar que alguien, en algún eslabón de la cadena de la adopción, quiso darle una segunda oportunidad. Un fuerte abrazo para Anna y para sus padres. Me gustaría poder conocerlos, al fin y al cabo tenemos algo en común.
de: Cándido | 05/03/2009
Es curioso que por un lado la gente se plantee que los niños crecen como vegetales según su cógigo genético, que todo lo explica, y por otro lado planteamos la necesidad de la integración partiendo de un cambio social de aceptación a la diversidad y la diferencia. Lo que a mi realmente me parece interesante es escuchar lo que tienen que decir las personas con dificultades específicas incluso cuando son niños o niñas, y plantearnos acompañarlos como familias, como profesionales, ofreciendoles la posibilidad de madurar en autonomia e independencia. Gracias por el reportaje.

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