31/05/2009

"Al poder hay que vigilarlo”

Texto de Ima Sanchís
Fotos de Pedro Madueño
Más allá de la coyuntura de crisis, y de la propia política, José Luis Rodríguez Zapatero habla con el Magazine de sus convicciones más íntimas y desvela facetas de su personalidad poco conocidas. Como los recuerdos de su infancia, la devoción por su esposa, la confianza en las mujeres y una filosófica distancia con el ejercicio del poder.

El líder socialista camina por un pasillo del pabellón de la Feria de Albacete para dar un mitin ante sus seguidores

“La confianza es la mejor herramienta para ayudar a crecer a los hijos”

¿Cuál es la frase que más a menudo le repite su mujer?
Lo que vamos a hacer después de estar aquí. Ella tiene una inquietud razonable por imaginar el tiempo de después de la presidencia del gobierno. A quien comparte mi vida, la responsabilidad de presidente de gobierno le acarrea obligaciones que son fruto de mis decisiones, y eso está ahí latente. A mi mujer además le gusta planificar, siempre está pensando en qué vamos a hacer mañana o el mes que viene; y sí, esa es una de las cosas que me dice muy a menudo.

Su mujer ha sido muy valiente y rotunda delimitando la línea de la privacidad.
En mi opinión, lo ha hecho bien, ha tomado una opción y con todas las consecuencias. Y quizá porque se ha visto que es una opción sincera y decidida se le ha respetado mucho. Yo estoy muy agradecido a la actitud de la prensa tanto con mi mujer como con mis hijas.

¿Qué significó para usted ser padre?
Volver a vivir, por la fuerza que te da. Es como si te pusieran el marcador a cero. Pero yo soy un padre muy liberal, también aplico la política del talante en la educación de mis hijas.

¿Qué es eso?
Ser muy tolerante y comprensivo, ganar la confianza para ayudar y poder contribuir en la tarea de la educación, despejar a tus hijas los caminos más adecuados, pero respetando mucho su manera de construir, su visión de las cosas y su entorno. Creo que la confianza es la mejor herramienta para ayudar a crecer a tus hijos.

A veces debe de ser difícil saber que ha expuesto a sus hijas a una experiencia como es la de ser hijas del presidente del gobierno.
Ellas saben quién es su padre y las circunstancias, y la verdad es que hasta el momento tienen preservada su intimidad. Salen a la calle con sus amigos y tienen una vida relativamente normal. Pero sí, claro, tengo un cierto peso de responsabilidad, pienso a menudo en qué medida esta situación les puede afectar para su desarrollo vital. Yo siempre les digo, como filosofía de vida, que cuando ellas salgan de aquí van a tener que luchar como cualquier otro. Pero son mujeres, yo hubiera tenido más miedo si hubieran sido niños.

¿Por qué?
Porque las mujeres entienden más rápidamente las cosas, tienen una sensibilidad más perceptiva.

Sorprende su inquebrantable fe en las mujeres.
Usted lo ha dicho antes: vivo rodeado de mujeres y sé que tienen una capacidad de conocer a las personas más rápidamente que nosotros, es una condición de inteligencia emocional adelantada frente a los hombres. A menudo he comprobado que aciertan a la primera a la hora de percibir el fondo o las intenciones de algunas personas. Nosotros somos más diésel, más lentos. Pero las mujeres tienen la capacidad de conocer a la gente, son más empáticas, por eso siempre me fío mucho de sus opiniones. Mi secretaria, por ejemplo, tiene un gran olfato y una gran inteligencia. Si alguna vez quiero un diagnóstico sobre alguien, se lo pregunto a ella, y no falla.

¿Qué le reprochan sus hijas?
Nada de fondo, tenemos una buena relación, y los reproches se producen en el terreno de lo cotidiano y casi de lo divertido, cuando no sé una cosa o cuando no estoy al tanto de una serie. Pero vitalmente no me reprochan, aunque yo soy muy tolerante, a veces quizá excesivamente.

¿Les ha contado cuentos a sus hijas?
Sí, pero sobre todo me inventaba historias. Han sido unas niñas que han estado muy unidas, se han defendido y protegido la una a la otra y lo siguen haciendo, y esa es una característica, de nuevo, que se da más entre dos hermanas que entre dos hermanos. Recuerdo que con mi hermano, con el que tengo una gran relación y nos queremos muchísimo, esa solidaridad no la tuve.

¿Cuáles son las lecciones que le ha dado la vida hasta el momento?
En mi generación todavía había un cierto código machista, aún tengo presentes algunos chistes machistas que contaban mis amigos, y con la madurez, cuando racionalizas y lo piensas fríamente, te das cuenta de que has evolucionado y te preguntas cómo es posible. La segunda gran lección es que casi siempre en la vida te puedes levantar otra vez. Y la tercera es que nunca puedes alejarte de los que tienes más cerca. Cuando, con algún buen amigo, sobre todo en estos años de la presidencia del gobierno, dejo de hablar un tiempo, me siento mal y le llamo, y procuro verlo aunque no lo tengo fácil; pero es algo que tengo muy claro: nunca te alejes de los amigos.

¿Y decepciones?
Son todas en el terreno político. Las decepciones me vienen siempre al descubrir la soberbia, el mirar a alguien por encima del hombro, despreciar una valoración, un comentario. Lo que más rebeldía me produce es la soberbia.

¿Cómo combate la adulación?
Yo no mantengo distancia con la gente. Creo que es contraproducente hacerlo con las personas que trabajan para ti, y he comprobado que la cercanía te ayuda mucho cuando tienes que tomar una decisión difícil, como decirle a alguien que no a un cargo. Además, notas en seguida cuando se trata de una adulación exagerada, y procuro tomármelo a broma. En mi entorno más cercano, a los compañeros del partido, les doy mucha confianza, y en un clima de cercanía, que te hagan la pelota es innecesario. Pero está claro que para comprender a los políticos tienes que tener siempre medido el grado de vanidad de tu interlocutor y saber que toda actividad que tiene una proyección pública tiene un componente de falsedad.

¿No se le hace un nudo en el estómago ante ciertas críticas personales?
No, para nada, es una de las cosas que mi mujer me dice: “No sé cómo aguantas, ¡pero cómo tienes tanta paciencia!”. Pese a que algunas críticas las considero sumamente injustas, estoy convencido de que es bueno que el poder sepa aguantar la crítica. Cuando te toca personalmente, no es agradable, pero tienes que asumirlo y bien, porque eso favorece la democracia. Al poder hay que vigilarlo.

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