09/08/2009

"De la gripe vemos del iceberg”

Texto de Marta Ricart
Fotos de Mané Espinosa
Antoni Trilla es uno de los epidemiólogos más reconocidos en Europa y un estratega en la batalla contra la nueva gripe que se ha extendido por el mundo. Experto en epidemias, puede ayudar a entender el desafío y cómo afrontarlo. Da por hecho que los casos de esta gripe irán en aumento en España, pero dice que no espera una catástrofe, aunque sí un otoño y un invierno "complicados”.

Antoni Trilla (Barcelona, 1956) es un estratega en la guerra contra la nueva gripe. Él, aficionado a la novela político-policiaca e integrante de las generaciones de médicos españoles que se han formado con la medicina de Estados Unidos como referente, lo define en un lenguaje de la CIA: “Los epidemiólogos somos analistas de datos”. Son quienes estudian el terreno y asesoran en los despachos a quienes toman las decisiones.
Trilla es el jefe de medicina preventiva y director de calidad y seguridad del hospital Clínic de Barcelona, uno de los centros sanitarios públicos españoles con mayor proyección internacional y cuyo laboratorio de gripe es uno de los de referencia en España de la Organización Mundial de la Salud (OMS). En el puñado de epidemiólogos que mejor pueden analizar en Europa la última pandemia de gripe en 40 años y la preparación para afrontarla, sin duda, figura este médico sin ínfulas, experto en gestión hospitalaria e infecciones y asesor del Centro Europeo de Pre-vención y Control de Enfermedades.
Debería ser una buena señal que Trilla haga vacaciones este verano, pero da que pensar que en lugar de leer la trilogía de Stieg Larsson, por ejemplo, se sumerja en tres montones de informes sobre la pandemia gripal que ha ido acumulando en su despacho desde finales de abril. Y da que pensar que descanse en su casa de Sitges (a una media hora de su hospital), con el móvil conectado. “Son mis vacaciones habituales, descansar en casa, ya que disfruto del privilegio de vivir en Sitges”, tranquiliza él.

Reino Unido ya empezó hace varias semanas a hacer previsiones y estima que hasta 65.000 británicos pueden morir por el virus AH1N1; da consejos a la población, como que las gestantes eviten aglomeraciones o, incluso, que las mujeres que puedan retrasen sus embarazos; ha cambiado rituales religiosos de la comunión para evitar contagios; se debate si retrasar el inicio de curso escolar…
Reino Unido es un país europeo y debemos mirarlo con atención porque tiene una potente tradición en salud pública y epidemiología y un sistema de salud similar al español. Tras un inicio de epidemia similar a España, su número de casos ha crecido rápido y es elevado. Todas las medidas, consejos y debates podrían ser aplicables en España. No son descabellados, lo que ocurre es que hay aún pocas certezas sobre la nueva gripe; las predicciones no dejan de ser predicciones, y hay tantos argumentos a favor como en contra de mantener cerradas las escuelas en septiembre.

¿Qué medidas son eficaces y razonables ante una epidemia así para contener el número de infecciones: restringir viajes, suspender actos públicos masivos, cerrar escuelas?
Todas estas medidas tienen aspectos positivos y negativos. En una pandemia, la situación varía mucho en las diferentes regiones del planeta, dentro de un mismo país o, en España, incluso dentro de una comunidad autónoma. Puede haber muchos casos en una ciudad y pocos en otra. Dar recetas one size fits all, de talla única, no sirve. Al multiplicarse los casos de gripe, habrá que valorar aspectos locales para adoptar tales medidas, que se llaman de distanciamiento social. En algunos casos pueden considerarse, porque son eficaces, pero se deberá tener en cuenta que alteran mucho la vida normal. De momento, lo mejor que podemos hacer es mantener una vida normal, extremar la higiene (lavarse las manos a menudo, taparse la boca si se tose o estornuda, usar pañuelos desechables), reforzar la vacunación de la gripe de cada año o estacional en octubre y prever medidas para paliar lo que puede ser un otoño y un invierno complicados. Por ahora, no pensamos en un riesgo de catástrofe o de gran deterioro del sistema social, aunque partes del sistema estarán sometidas a mayor tensión. Nos lo debemos tomar con tranquilidad y con espíritu de solidaridad, hacer lo mejor posible y evitar actitudes individualistas, corporativas e irracionales.

¿España gestiona bien la pandemia?
Sí. Todo puede mejorar, pero ha imperado el sentido común y se han tenido en cuenta los aspectos técnicos y científicos para tomar las decisiones políticas. Excepto el rifirrafe político por el primer contagio en un cuartel militar, políticos y administradores han apelado al sentido común y trabajado juntos. Otra cosa es si el país está suficientemente preparado.

¿No lo está?
Nunca se está suficientemente preparado. Si tenemos suerte y, como pensamos, la pandemia no tiene un impacto muy grande, un efecto positivo es que aprenderemos a mejorar la capacidad de respuesta. Porque esta pandemia no será la última. Habrá otras, de gripe u otras infecciones. Es una lección de la historia de la humanidad.

España encargó más tarde que otros países europeos las vacunas. Contó con inmunizar a menos del 40% de la población, frente al 50% en Gran Bretaña o el 70% en Francia.
La vacuna, la mejor arma para hacer frente a una pandemia, es la asignatura pendiente y el punto más débil del sistema de prevención en España, porque el país depende tecnológicamente de terceros: no tiene capacidad de fabricar vacunas de la gripe, lo que sería muy deseable. Un error histórico ha sido no invertir en ello, como ha sido un error general no invertir más en investigación de vacunas universales de la gripe (que inmunicen ante todo tipo de virus gripales). España es buen cliente de las multinacionales a las que compra vacunas gripales cada año, pero hay que esperar a que se produzca la nueva vacuna, en volumen suficiente, y que las compañías respeten los compromisos de suministro. Puede ocurrir que países que albergan fábricas ejerzan presión política para que les sirvan primero y para toda la población que quieran inmunizar. Sería insolidario, pero ya hemos visto que, excepto la OMS, nadie parece preocuparse mucho por si África se quedará sin vacunas. Me gustaría que la respuesta de la Unión Europea a la gripe fuera uniforme y solidaria, pero puede no haber una decisión firme para una distribución sin privilegios. Otros problemas son que no se sabe todavía cuánta vacuna habrá, cuándo, ni cuánta población se vacunará. Aparte de que seguramente se necesiten dos dosis. España hizo una previsión conservadora de vacunar al 40% de la población.

¿La respuesta coordinada está garantizada? Con la vacuna contra el virus del papiloma y otras, las comunidades autónomas han diferido en la edad de administración, en pagarlas la sanidad pública...
Tendrá que ser Fuenteovejuna dentro de cada hospital, entre centros de salud, entre autonomías… Compra y distribución de vacunas y antivirales deben ser coordinadas. La ciudadanía no entendería que una autonomía vacunase a distinta población que otra o que una diera Tamiflu (el antiviral más popular) a toda la población y otra sólo a los mayores de 65 años en los hospitales. Es una buena oportunidad para que el Ministerio de Sanidad demuestre que coordina. No creo que ningún consejero de Salud en su sano juicio tome una decisión distinta a la consensuada por la mayoría ni que dé prioridad a otros intereses.

El sistema sanitario tiene deficiencias. Cada invierno, la gripe satura los centros, hay largas esperas y faltan camas hospitalarias para ingresos.
El sistema sanitario español es bueno y debe prepararse para hacer frente a situaciones dentro de límites razonables –una epidemia masiva ningún país la aguanta–, para dar respuesta a las necesidades de los ciudadanos, y esto está relativamente planificado. Lo que ocurre es que nuestros recursos extra son más bien escasos: los hospitales españoles no disponen, en general, de salas vacías. Intentan prepararse para afrontar un aumento de demanda sobre todo reduciendo la atención que puede esperar. Aunque se disparen las consultas por la gripe, seguirá habiendo casos de cáncer o infartos u otras urgencias por atender. En caso necesario, se deberá explicar bien, pero los ciudadanos deberán entenderlo si se les dice que su operación de cataratas o de rodilla debe esperar. Por poco que aumenten los casos de gripe, será necesario tomar medidas de este tipo.

¿Acusaremos la falta de médicos y enfermeras en el país?
Los primeros que responderán a la epidemia y marcarán la pauta será el personal sanitario. Tenemos la responsabilidad de informar a los ciudadanos y atenderles. En nuestra profesión, aparte de un contrato laboral, tenemos uno social, nos formamos para atender a las personas cuando enferman, no podemos abandonarlas. Pero todos somos conscientes de que no hay muchos médicos de reserva y aún menos enfermeras. También se contagiarán, y puede que alguno muera. Habrá personal de baja, y será una situación difícil porque se puede alargar.

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de: José Luis Hernandez | 11/08/2009
Una información muy tranquilizadora, y es que cuando dejan hablar a los expertos da gusto. Esta información de los medios de comunicación contrarresta la "campaña" de sensacionalismo que estamos viviendo. Lástima que este artículo no se divulgue más. Yo, por mi parte, trataré de hacerlo. Gracias

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