09/08/2009

Anhelos de África

Texto de David Dusster
Fotos de Paco Elvira
El escultor-carpintero que hace ataúdes según los sueños del finado vive en un pueblo pescador de Ghana, un país africano estable y democrático donde este artista, que empieza a ser conocido en medio mundo, quiere seguir viviendo.

Eric Adjetey, carpintero ghanés y protagonista del último anuncio televisivo de Aquarius en España, posa entre varios ataúdes de artesanía en su taller de Teshi, un barrio de las afueras de Accra, la capital del país africano

Eric Adjetey esboza una tímida sonrisa cuando muestra la escofina con la que desbasta la madera para confeccionar ataúdes variopintos y originales. “Si pudiera elegir mi féretro, preferiría uno con forma de escofina porque es mi herramienta favorita y refleja mi profesión”, dice con orgullo, pero sin traslucir demasiado su emoción. “Pero esto no va así, debe ser la familia quien decida la caja mortuoria, debe decidir en función de los sueños y las aspiraciones del fallecido o del trabajo que realizaba”, añade Eric, de 24 años, quien en pocos meses se ha convertido en el Hombre Aquarius de Ghana, el país africano donde se rodó la última campaña publicitaria de la bebida refrescante no gaseosa española.

En el aireado taller de Eric en las afueras de la capital Accra –prácticamente no hay paredes, sino columnas que sustentan el techo– se fabrican ataúdes de artesanía, aunque no tengan nada que ver con los del libro de Truman Capote, en el que contaba el caso de un psicópata de Estados Unidos que días antes de cometer los asesinatos anunciaba su intención a las víctimas enviándoles por correo unos pequeños féretros profusamente ornados. Al contrario, los ataúdes de fantasía que prepara el carpintero ghanés son una alegoría de la vida, un canto a la personalidad del finado, una tradición derivada de la religión animista de la etnia ga, distribuida por la costa y que supone un 10% de los 20 millones de habitantes del país.

El ajetreo del taller de Eric Adjetey contrasta con la parsimonia que se respira en Teshi, el barrio de Accra célebre por esta industria de féretros con formas de animales, de objetos o de medios de transporte. Siete aprendices se afanan y sudan para terminar dos ataúdes, uno en forma de piano de cola y otro que reproduce una llave inglesa, que les han encargado una pareja de ancianos desde Holanda. Al lado, hay una peluquería sin clientes, con cuatro hombres sentados en el exterior que van echando cabezaditas y, de vez en cuando, entablan una conversación poco animada. Como suele suceder en África, hay poco trabajo que hacer y mucha gente dispuesta a hacerlo. Pero para Aquarius Man, como le llaman sus vecinos, el trajín es constante e incluso los operarios, que no cobran sueldo sino que reciben alojamiento y comida a cambio de aprender el oficio, se turnan para comer. “Todo cambió con el anuncio, antes no podía retener a los aprendices y ahora tengo siete de forma constante”, explica con un ademán de ilusión.
“Lo importante es que se pueda mostrar qué es lo que hago, porque me gusta mucho mi trabajo”, confiesa Eric Adjetey, sentado junto a un féretro en forma de avión de la compañía Ghana Airways, uno de los ataúdes que originaron el negocio familiar. Como el propio Eric cuenta en el anuncio publicitario de la marca Aquarius, su abuela materna tenía el sueño de volar, un sueño incumplido que quiso satisfacer su abuelo cuando ella murió enterrándola en una caja en forma de jet comercial.

La clientela no es tan enorme como se podría pensar. Muchos miembros de la etnia ga se han convertido al cristianismo y, cuando lo hacen, los sacerdotes no permiten ese tipo de féretros alegres y poco ortodoxos para el tránsito final. El abuelo, el fundador del negocio, fue bautizado poco antes de morir y acabó siendo enterrado en un ataúd convencional. Pero Eric confía en la internacionalización de esta industria para garantizar el futuro. En Teshi hay cuatro talleres especializados. Eric Adjetey ya ha recibido una veintena de encargos de EE.UU. y Europa, de gente que piensa revenderlos. “A mí me da igual lo que hagan con ellos, yo cumplo con los pedidos, los envío y luego que se apañen, ni tampoco me interesa irme a Europa, mi sitio está en África”, apunta Eric, que estudió Artes Plásticas en la universidad antes de ponerse al frente, en el 2004, del negocio familiar que un primo suyo estaba llevando a la ruina.
Dos aprendices del taller de Eric Adjetey preparan un féretro con forma de llave inglesa para un pedido especial desde Holanda.
Normalmente los ataúdes se ultiman en un par de semanas, en función de la complejidad.
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de: Pere Moscoso Casado | 17/08/2009
Hola a tots els que els agrada la fotografia i en Paco Elvira. Bon treball d'encàrrec. Salut desde Ciutadella de Menorca. Un Leiquero que sempre compra LA VANGUARDIA.

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