06/12/2009

Mimos de familia

Texto de Beatriz San Román
Fotos de Xavier Cervera
Niños que recuperan su derecho a vivir en un hogar; padres y madres que comprenden que, para querer y educar, no se necesita poseer. La acogida es una figura poco conocida aún en España, pero, para miles de niños y adultos, constituye una opción de familia.

Marta, Jesús y su hija pequeña, frente a la provisión de biberones que necesitan para atender a bebés en acogida de urgencia

Una casa abierta a las urgencias de los bebés

Jesús Fernández
47 años. Monitor deportivo
Marta Vázquez
42 años. Ama de casa

Jesús y Marta fueron conscientes de lo negativo que es para un niño vivir en una institución cuando adoptaron a su hija menor. “Había vivido en un centro de menores desde que nació y llegó a casa el día antes de cumplir un año. Tenía un retraso importante porque no había podido crear vínculos con nadie, ni siquiera gateaba. Fue entonces cuando nos planteamos que ningún niño se merecía pasar los primeros años de su vida institucionalizado.”

Desde el 2001, esta pareja zaragozana participa en el programa de acogida de urgencia. Por su hogar han pasado ya 35 criaturas, la mayoría bebés, a los que acogen durante unos días o unos meses, mientras la Administración estudia su caso y decide sobre su futuro. Cuando se van, se llevan siempre fotos que documentan esa etapa de su vida. “Tengo el dedo flojo y les saco cientos de fotos. Cuando están pocos días, se llevan cuatro, pero cuando están más tiempo, les preparo un álbum que recoge su primera palabra, sus primeros pasos… Nosotros no tenemos nada del primer año de la vida de nuestra hija. Me pregunta cosas sencillas como: ‘Mamá, ¿cómo era yo de bebé? ¿Cuando nací tenía pelo?’, y la respuesta siempre es: ‘No lo sé, cariño’. ¡Qué daría yo por una foto de mi hija con tres meses! Son muchos no-lo-sé.”

Para sus tres hijos, los acogimientos son algo que ha formado parte de la dinámica familiar desde pequeños. “El mayor tiene 21 años y, lógicamente, ahora ya hace su vida y no se implica tanto. La pequeña es la que más convive con los niños, tiene la cuna en su habitación, les da biberones, cambia pañales… La ha ayudado a pensar en su historia, a entender que su madre biológica la quería, pero no podía hacerse cargo de ella, a pensar qué tipo de situaciones pueden llevar a una madre a renunciar a su hijo”, explica Eva. “El hijo mediano -–añade– los mima, y dice a veces cosas como: ‘Ay, qué pena me va a dar cuando se vaya’. Al principio, a los chicos les costaba más, pero ahora entienden mejor las razones y están más acostumbrados porque lo han vivido desde pequeños. Vuelven del colegio y preguntan: ‘¿Ya se ha ido? ¿Cómo se llaman sus padres? ¿Cuándo va a venir otro?’.”

En los acogimientos permanentes, no se espera que el niño pueda volver a vivir con sus progenitores biológicos. Lo habitual es que se establezca un régimen de visitas para que mantenga la relación con esas personas, que son importantes para él, aunque a efectos prácticos sean los padres acogedores quienes asumen las funciones de cualquier padre o madre. En este tipo de acogida, las similitudes con la adopción son mucho mayores que las diferencias. En ambos casos, las personas que ejercen el papel de padres en la vida de estos niños no son las que los engendraron. Al margen de los documentos legales y el nombre, la diferencia principal con la adopción es que, en los acogimientos permanentes, el niño no pierde los vínculos con la familia que le vio nacer. Sus progenitores pasan a tener un rol distinto en su vida, y son los acogedores los que siguen el día a día de su evolución y se preocupan por su bienestar como cualquier familia.
En casa de Victoria y Ángel, los días transcurren como en muchos otros hogares españoles: las prisas matutinas para no llegar tarde al colegio, los colacaos y los bocatas, los deberes y los partidos de fútbol en el pasillo, el cuento antes de dormir… Los dos niños enfermaron con varicela. “Suerte que las abuelas están siempre dispuestas a echar una mano”, dice la mujer. Los pequeños, de seis y diez años, ven periódicamente a sus padres y sus abuelos biológicos. Tanto Victoria como Ángel consideran que esos encuentros son fundamentales para los niños, aunque les hubiera gustado que los servicios sociales hubieran tenido más en cuenta los horarios escolares a la hora de programarlos. “Ahora –cuentan– tenemos un régimen de visitas en fin de semana que funciona bien. Con sus padres mantenemos una buena relación, aunque al principio no fue fácil; ellos tienen una situación muy complicada. El día de la comunión del mayor, su madre me dio un abrazo y me susurró un ‘gracias’ que me llegó al alma. Ella entiende que los niños necesitan una estabilidad que no puede darles y se siente feliz al ver que crecen sanos y que están bien atendidos.”

Xavier se dio cuenta un día de que había llegado el momento de ser padre y reconoce que han necesitado años para conocerse

Un adolescente que apostó por vivir con este padre

Xavier Gisbert
37 años. Educador

Por su trabajo en una escuela de educación especial, Xavier Gisbert conocía muy bien la realidad de la acogida y de los niños tutelados. “Se me había pasado muchas veces por la cabeza la acogida, y siempre había un ‘ahora no porque estoy centrado en esto o en lo otro’, pero llegó un momento en que ‘ahora, sí’”, cuenta.

Ahora es padre de acogida en solitario de un chico que pronto cumplirá los 16 años. “El día que le conocí, supe que mi vida había cambiado para siempre, pero realmente el que hizo una apuesta verdaderamente importante fue él. Tenía ya 11 años y, de un día para otro, cambió todas sus relaciones y todas sus rutinas y apostó por una persona a la que apenas conocía”, explica Xavier.
Lógicamente, como en toda relación, la suya ha pasado por diferentes fases: “Hemos necesitado algo más de dos años para conocernos. Al principio había muchísimas ocasiones en que los dos nos sentíamos desconcertados y no sabíamos a qué obedecía una determinada respuesta o por qué el otro se sentía agredido u ofendido por algo hecho sin mala intención. Es esa sensación de ‘claro, eso debe de estar en el capítulo 2 y yo me lo he perdido’”.

Xavier afirma que el chaval se lo puso fácil: “Es un chico muy sano, con muchas ganas de salir adelante; incluso en los momentos de tensión, busca quedarse con lo bueno de la vida”. Habla de él con esa particular mezcla de orgullo y cariño con la que los padres hablan de sus hijos en las familias bien avenidas. Su convivencia es todo lo plácida que puede ser con un hijo adolescente. “Es una de esas personas –asegura el padre– a las que la adolescencia les sienta estupendamente. El hecho de sentirse diferente, de ser él mismo, de construirse, le da buen rollo.” Dentro de dos años, cumplirá los 18, una edad que tiene un significado muy importante ya que dejará de estar tutelado por la Administración. “Lo esencial es que tenga claro que puede hacer lo que quiera, sin presiones de nadie. Cuando como padre le das la vida a un hijo, se la das, ¿no?; por tanto, es suya”, apunta el padre.

Dos familias
La presencia de dos familias en la vida del niño se ve desde fuera como un conflicto de rivalidad inevitable. Tal vez porque se oye a menudo aquello de “madre no hay más que una”, cuesta aceptar que un niño pueda relacionarse con dos madres (la biológica y la de acogida) de forma positiva. Sin embargo, la clave del éxito está precisamente en que las dos partes colaboren para dar al niño lo que necesita y acepten y respeten el papel de la otra parte en la vida del pequeño.
Después de varias décadas dedicado a este área, Alberto Rodríguez, responsable del programa de acogidas de Agintzari en Vizcaya, es un entusiasta de la figura del acogimiento y sus resultados. “Las dos familias y el niño forman un triángulo que debe estar equilibrado para que funcione. Nuestro trabajo consiste en mantener ese equilibrio porque, si una de las dos partes tira demasiado, se va todo al garete. Necesitamos técnicos formados para apoyar a unos y otros, de modo que acepten esa realidad y sepan trabajar en la misma dirección por lo que ambas partes desean: lo mejor para sus hijos”, explica. Tiene claro que ese es el ideal, y también que el ideal es posible cuando se trabaja de forma adecuada.

Los protocolos desarrollados por el equipo de Rodríguez establecen que deben ser los padres del niño quienes le presenten a los de acogida. “Cuando se trabaja con las dos familias; cuando la biológica comprende que, por el bien del niño, debe ayudarle a entender su situación real y le dan permiso para querer a sus otros padres; cuando la familia acogedora acepta la presencia de esas figuras en la vida del niño y entiende que lo mejor para él es que tenga la mejor relación posible con ellas, se permite al niño crecer queriendo y sintiéndose querido, sin conflictos de lealtades ni fantasmas.”°


Eva y su hijo en acogida, en el parque. Joan, que no aparece en la foto, anima
a quienes no se atreven con la acogida: “No saben lo que se pierden”

Dos papás, dos mamás y cinco hermanos

Eva Serra
49 años. Funcionaria
Joan Vidal Lanzas
51 años. Funcionario

Su historia de acogimiento empezó en el cine. Eva recuerda con claridad que vieron un anuncio donde un niño decía: “Necesito unos padres que me ayuden con los deberes y me lleven al parque”. Por aquel entonces ya tenían una hija, Mariela, ahora ya de 16 años. Unos meses más tarde, un pequeño llegó a casa. Al principio llamaba a sus nuevos padres por su nombre de pila, “aunque luego iba al parque y les decía a los otros niños que yo era su padre” cuenta Joan. Poco a poco fue comprendiendo la situación y entendiendo que su nueva familia era de verdad, que estaban pendientes de él, que podía confiar en ellos. Han pasado tres años largos y ahora, con casi ocho años, tiene muy claro que él tiene dos papás, dos mamás y cinco hermanos entre los que, desde luego, cuenta a Mariela. “Cuando en el colegio tuvieron que hacer el árbol genealógico, le pidió dos fichas a su maestra”, explica Eva.
Para todos, la experiencia está siendo muy positiva y enriquecedora. Se tiende a ver el acogimiento como algo extremadamente generoso, pero Joan insiste una y otra vez en que la gente no sabe lo que se pierde. “No se dan cuenta –dice– de que siempre recibes mucho más de lo que das. Ahora que nuestra hija es mayor, sin el pequeño supongo que tendría que llenar mi tiempo yendo al bar, leyendo el periódico… Me perdería la piscina, el jugar a ping-pong en el parque, la alegría de ver cómo se va superando, ese abrazo que te hace sentir de un modo que no se puede explicar... Los niños aportan mucha vitalidad y, sobre todo, mucha ilusión. ¡Hasta vuelves a disfrutar de las Navidades y las fiestas!”
Tanto Eva como Joan han oído centenares de veces aquello de “yo no podría”. Eva contesta levantando las cejas. “¿Qué no podría? ¡Claro que sí! Es verdad que, cuando acoges a un niño, sabes que esa relación se tendrá que acabar un día, pero como todo en la vida. La vida son encuentros y pérdidas. Perdemos a los padres, a los hijos cuando se hacen mayores y se van, a ese amigo del alma que no hemos vuelto a ver…, pero no por eso dejas de relacionarte ni de querer conocer gente nueva.”

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de: Beatriz S.R. | 21/03/2010
Para obtener información sobre los programas de acogimiento familiar hay que acudir al organismo de la administración que los coordina en cada lugar. Las asociaciones de familias acogedoras son también una excelente fuente de información. En el siguiente enlace encontraréis direcciones y teléfonos: http://blog.postadopcion.org/informacion-de-programas-de-acogimiento-familiar
de: Carmen Cifuentes | 17/12/2009
Un reportaje muy bueno. Yo soy adoptada y ojalá huebiera habido antes estos reportajes para que los padres adoptivos se concienciaran de que todo es normal y de hay que tener diálogo con los hijos adoptivos. Antes había mucho tabú en este tema, estoy hablando de hace 40 años. Porque, como yo digo, si a los padres adoptivos se les quiere, no importa si tenemos la misma sangre. Todo lo hace el cariño que tú das. Hoy por hoy, doy gracias a ellos por ser quien soy.
de: Anna Badia | 14/12/2009
Genial texto, realista y necesario. Gracias por publicarlo.
de: Natalia Márquez González | 11/12/2009
Muy interesante el reportaje. Me lo mandaron a través de unos amigos muy interesados en este tema, tan desconocido aún, y ha sido revelador. Gracias por incorporar esta serie de reportajes tan enriquecedores.
de: Mercè Obón | 10/12/2009
Felicidades por tratar este tema con la naturalidad que merece. Valoro que muestre de una manera transparente cómo las familias acogedoras, partiendo del convencimiento y de la ilusión, pero bien conocedoras de su papel y sus límites, comparten su vida con los niños en familia. El artículo no obvia que existan dificultades. Cómo no las va a a haber, lo normal es que las haya... Sí que echo a faltar información sobre los pasos que hay que dar. Sería muy útil para personas como yo que, gracias a los maravillosos hilos rojos, conocemos la situación y quizá sólo necesitamos un empujoncito para ver de cómo vincularnos. Beatriz y Magazine necesitamos una segunda parte. Gracias.
de: Mei Barceló | 10/12/2009
Hay otro tipo de acogida que aquí no mencionan, es la acogida de fin de semana y vacaciones. Son niños a partir de nueve años que están institucionalizados y que siguen teniendo contacto con sus familias, pero no siempre (o nunca) salen los fines de semana. Es otra opción, ya que cuanto mayores son los niños más dificil es que encuentren familia de acogida. Nosotros nos hemos ofrecido para ser "familia amiga" (qué bonito nombre) de alguno de ellos.
de: Belén | 10/12/2009
Sobre el acogimiento, creo que lo que sintiera yo en el momento de la adopción no sería lo más importante. Me da mucho miedo ver que mandan a los niños de vuelta con sus padres biológicos y, en algunos casos, éstos vuelven a caer en sus problemas y con ellos vuelven a arrastrar a sus hijos a la inestabilidad y los malos momentos. ¿Cómo te tragas el miedo cuando se lo entregas a sus padres, porque la ley así lo dice y ves esa posibilidad? Os admiro mucho a los que lo hacéis y por lo mucho que tenéis que prepararos.
de: Ximena Battista | 10/12/2009
Muy bueno. Me encantó. Sabía, aunque poco, de las familias de acogida, pero gracias a este reportaje me he enterado de muchas cosas que desconocía. Gracias.
de: David Azcona | 09/12/2009
Muy buen reportaje. Es importante que cada vez se conozca más el mundo del acogimiento familiar. Muy bien explicado y con mucha información. Muchas gracias.
de: JOSE VICENTE CANTON | 09/12/2009
Treinta mil niños en España. ¿He leído bien? Probablemente las administraciones deban dirigir sus esfuerzos para facilitar el acogimiento entre las familias. Estoy seguro de que, si se preocupan de verdad por nuestros niños, esta cifra se reduciría considerablemente. Interesante y conmovedor articulo. Gracias.
de: LA FAG, ASOCIACIONA DE FAMILIAS DE ACOLLIDA DE GALICIA | 09/12/2009
Nos unimos, formando una asociación, con un interés común, en beneficio de algo que hemos elegido libremente: ser familias de acogida. Este camino es más interesante hacerlo juntos. Cuantos más, mejor, porque podemos apoyarnos y compartir experiencias. Por supuesto que la unión hace la fuerza, y ante las instituciones y la adminitración somos un interlocutor más válido y que despierta un mayor interés. Gracias también a quienes nos acompañan, regalándonos su tiempo. http://familiasdeacollida.wordpress.com familiasdeacollida@gmail.com.
de: G. Guerra | 09/12/2009
Reportaje muy esclarecedor, Beatriz. Me tomo la confianza de pedirte uno en que expliques los pasos a dar para ser familia de acogida y de las facilidades y de los inconvenientes que te encuentras en el camino. Muchas gracias.
de: Una madre de acoigda | 09/12/2009
Gracias. Un artículo sensible y maravillosamente escrito. Ningún niño se merece crecer sin familia.
de: E. C. | 09/12/2009
Como madre adoptiva (y quizás futura madre acogedora, quien sabe...), hace años que sigo el trabajo de Beatriz San Román. El reportaje de este fin de semana no me ha decepcionado nada: es un placer leer sobre este tema del que se conoce tan poco. Gracias.
de: Celia | 09/12/2009
Hola Beatriz. Me ha gusrtado mucho tu artículo. Soy madre de acogida y es cierto que no deberia haber tantos niños institucionalizados. También es cierto que la administracion deberia cambiar mucho la información y los procedimientos que se siguen antes y después del acogimiento, antes de intentar sensibilizar a la sociedad.
de: J. Ramiro | 08/12/2009
Sin duda alguna, la figura del acogimiento es un buen tema para la reflexión; sobre todo, teniendo en cuenta el número tan elevado de menores institucionalizados en España.
de: Bea Scharpenberg | 08/12/2009
Un excelente reportaje, muy necesario, ya que es un tema bastante desconocido y plagado de mitos falsos. Las familias acogedoras son muy necesarias en este país y merecen todo nuestro respeto y reconocimiento. Demasiados niños y niñas malviven en centros. Gracias a Beatriz San Román y al Magazine por acercarnos a estos temas.
de: Victoria Andradas | 07/12/2009
Gracias por hablar de cosas realmente importantes, con sensibilidad y claridad. Igual que se pone desde el gobierno un interés extremo en otros muchos temas, si hubiera un empeño real de las adminstraciones para sacar a todos esos niños de las institucines estoy segura de que lo harían.
de: Concha Moreno Ruiz | 07/12/2009
He leído el reportaje por recomendación de una amiga y me han gustado muchísimo los testimonios de estas parejas y descubrir la generosidad que desrochan todas ellas. Me resulta conmovedor descubrir que hay en nuestra sociedad personas que son felices ayudando y dando su cariño a esos niños que tanto lo necesitan. Gracias, Beatriz, por hacernos llegar la realidad del acogimiento familiar, de forma tan clara, y gracias por la sensibilidad y la forma de hacerlo.
de: María D. R. | 06/12/2009
En respuesta al mensaje de Olga Costell, quiero decir que estoy completamente de acuerdo contigo. Yo también soy madre que idónea para el acogimiento, y junto a mi familia, estamos a la espera de asignación. También creo que hay que hablar más de las luces y sombras del acogimiento, de la necesidad de una buena formación y de un buen acompañamiento por parte de las administraciones competentes.
de: Pilar Izquierdo | 06/12/2009
Como conocedora de la realidad de muchos niños que pasan su vida en instituciones, por ser madre adoptiva de dos niñas, no dejo de pensar que en España, país del primer mundo, no debiera haber tal cantidad de niños institucionalizados. El amor y el calor que recibe un niño en una familia no puede compensarse con ningún bien material. Es el mejor patrimonio que podemos dejarles, el sentirse queridos y protegidos por su familia. Por eso es tan importante que se dé a conocer esta situación y muchas familias se informen y se vean capaces de dar ese valiente paso hacia el acogimiento. Gracias por tan sensible reportaje.
de: May Vilches | 06/12/2009
Enhorabuena por el reportaje. Muy bien tratado y con testimonios muy buenos que ayudan a desmitificar el acogimiento. Ojalá los temas relacionados con la infancia se trataran siempre con tanto rigor y con tanta sensibilidad.
de: Olga Costell | 06/12/2009
Lo acababa de leer en casa de mis padres. !!!Me he sentido identificada con algunas de esas familias... Acaban de darme la idoneidad para el acogimiento. Todo lo que cuentan es verdad, pero también tiene su lado oscuro, y ese lo omiten en este artículo: niños que no se adaptan, padres que tampoco... mochilas muy cargadas... Están en una fase de sensibilización. La próxima semana estais invitados a la exposición "Acolliment: un infant, un temps, una familia". La muestra estará situada en la Plaça nova vapor Gran de Terrassa del 11 al 13 de Diciembre de 10 a 20h. La organiza el Departament d' Acció social i Ciutadana junto al Institut Català de l'acolliment i l'adopció.
de: Clara Eugenia Martín Astoreca | 06/12/2009
Entre los humanos criar a los niños en una institución debería ser la última solución. No sé cómo hemos llegado a lo que ahora prima en este país: crecer en instituciones donde los profesionales cambian... Hay que volver a criar a los niños con el afecto de una familia de acogida, mientras llega la hora de volver con los padres biológicos o pasar a los padres adoptivos. Sentirán que merecen ser queridos, respetados, crecer con mimos!. Gracias por este reportaje. Me encantan las frivolidades, pero lo que da peso a una revista es que nos hablen de la vida, de lo que nos permita seguir teniendo esperanza y ganas de luchar por un futuro mejor para todos.
de: María | 06/12/2009
Soy madre adoptiva de una niña china que estuvo desde el primer mes de vida hasta los dos años en familia de acogida, y no puedo expresar la inmensa gratitud que siento por esa madre de acogida que nos entregó a una niña que estaba genial en todos los sentidos, pero sobre todo en el emocional. Se notaba que había sido muy querida y que tenía unos vínculos muy fuertes, los mismos que pasados unos meses pudo establecer con su nueva familia. Uno de los grandes problemas de los niños institucionalizados y o abandonados afectivamente es la dificultad posterior para crear un vínculo sano.
de: Ana María Rodríguez | 06/12/2009
Gracias por este reportaje. Me ha hecho pensar mucho y bien. Y me siento muy identificada con la frase de que los niños no son de nadie. Gracias.
de: E.M | 06/12/2009
Estupendo reportaje, ahora me ha quedado más claro lo del acogimiento. Ojalá pudiéramos leer más de este tipo.
de: Raquel | 06/12/2009
Cuando era niña, mi madre traía cada Navidad a niños que vivían en centros de menores. Mis hermanos y yo lo integrábamos, con algún que otro sentimiento de celos, pero no tengo más que buenos recuerdos de esos niños que pasaban las fiestas con nosotros. Tengo grabada en mis retinas la mirada de soledad de uno de ellos, y cómo, durante esos días, él llamaba "mamá" a mi madre. Convivir con ellos ha sido la lección más importante de mi vida. Nunca tuvimos zapatillas de marca ni ningún capricho, en cambio teníamos un huésped de nuestra edad que nos enseñaba a vivir, a valorar y a ser felices. Gracias Walter, Juan, Roberto... a todos... donde quieran que esteis.
de: Javier Pérez | 06/12/2009
Son muchos los niños y niñas tutelados en todo el estado español que crecen institucionalizados a la espera de una familia, y no me cabe la menor duda que una de las razones de esta triste realidad es el desconocimiento de la posibildad del acogimiento familiar. Gracias a ti y a tu medio por esta apuesta por el acogimiento familiar, sin duda un importante granito de arena que puede hacer que más de un niño y niña encuentre a unos papás, por el tiempo que sea necesario. Ya saben lo que dice el estupendo tema de Macaco "acción, reacción, repercusión". Un entusiasta, convencido, del derecho de todos los niños y niñas a crecer en familia.
de: María del Río | 06/12/2009
Excelente reportaje sobre un tema que es muy desconocido para la mayoría de la sociedad, pero que cada día despierta más interés. En este tema no siempre es fácil encontrar una información seria y rigurosa, que nos parezca fiable. La mayoría de los periodistas lo tocan de forma muy superficial, y hasta los políticos, cuando los entrevistan, parecen no dominar bien los detalles de los distintos tipos de acogimientos. Pienso que nada mejor que unos buenos testimonios como los que has presentado para entender un poco mejor la realidad del acogimiento familiar en familia ajena. ¡Un lujo poder leer estas experiencias en primera persona! Mil gracias, Beatriz!
de: Rocío Carrión Cuadrado | 06/12/2009
Precioso, un texto conmovedor, soy madre adoptiva, mi hijo llegó desde un centro y era tan, tan chiquitín que creo que no notó la institución, pero siempre, siempre pensé que si hubiera estado con una familia hubiera estado muchísimo mejor, y nunca hubiera tenido días suficientes para agradecerles sus cuidados. Ser familia de acogida es algo que haré cuando mis hijos -espero ahora el segundo en adopción- estén en casa. Nuestra familia acogerá a niños que no la tengan estructurada. Gracias.

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