17/01/2010

Llegar antes de hora

Texto de Mercedes de la Rosa
Fotos de Ana Jiménez
Los avances médicos de los últimos años han elevado considerablemente el número de bebés prematuros supervivientes, pero ¿a costa de qué? Los expertos coinciden: no se deberían medir
los éxitos de las unidades neonatales por este índice, sino por las secuelas y la calidad de vida que tendrán el niño y su familia.

Paula pesó al nacer 900 gramos. Tras cinco semanas en la incubadora, alcanzó los 1.540 gramos. Sus padres, Alicia y Carlos, practican con ella el método canguro, que se basa en mantener estrecho contacto con la piel y que sienta el calor, el olor y las voces de los padres

“Todavía me quedaban dos meses para cumplir los nueve de embarazo, y para prepararme. Pero, en una revisión, el médico me dijo que el niño no podía aguantar más tiempo dentro”, cuenta Marta, madre primeriza. Su hijo Gerardo nació a las 32 semanas de gestación con un peso de 1.080 gramos. Fue prematuro. La Organización Mundial de la Salud utiliza este término para denominar a los niños que salen del útero materno antes de la semana 37 de gestación, que es cuando se considera al bebé plenamente formado para sobrevivir. “Un parto así te rompe todos los esquemas y planes –reconoce Marta–. Toda la ilusión de la espera se convierte en incertidumbre”.

Al igual que Gerardo, cada año, trece millones de niños (de los partos controlados) adelantan su llegada al mundo, y nacen prematuramente. En España, se traduce en una proporción de entre el siete y el nueve por ciento de los nacimientos, y la tendencia va en aumento. Si en 1997 fueron 17.000 los niños nacidos pretérmino, en el 2006, ya ascendieron a 33.000. “Faltan estudios exhaustivos –apunta Carmen Rosa Pallás, jefa del servicio de Neonatos del Hospital 12 de Octubre de Madrid–. Pero, si nos guiamos por EE.UU., que sí los ha elaborado, vemos que el objetivo que se habían propuesto de llegar al 2016 con una tasa de prematuridad no superior al 7%, está muy lejos de ser alcanzado. No sólo no desciende la tasa, sino que aumenta; ya está en un 13%.”

“Es un problema de salud grave”, apunta el doctor Javier Krauel, director de Neonatología del hospital Sant Joan de Déu de Esplugues de Llobregat (Barcelona). “Hay un vacío informativo en la salud pública al respecto. Cuando un niño nace a las 25 semanas de gestación, puede ser por un problema de la madre, del bebé, o por accidente. Para tratarlo adecuadamente, y prevenir casos similares, necesitamos saber más”.

Un estudio difundido por la prestigiosa publicación médica Lancet apuntaba que una tercera parte de los nacimientos prematuros se deben a una rotura temprana de la membrana amniótica, otro tercio obedece a insuficiencia placentaria (20%), gestaciones múltiples (10%) o a la combinación de varios factores (5%). Y, el tercio restante de casos es de origen ideopático, lo que significa: causas desconocidas. Existen ciertas circunstancias sociológicas y biológicas que aumentan las probabilidades de esos desencadenantes y explicarían, en parte, las cifras de los últimos tiempos.

Entre los factores sociológicos figuran el incremento de la edad de las madres primerizas, efectos de la incorporación de la mujer al mundo laboral –especialmente en trabajos con turnos nocturnos o desgaste físico–, la elevada tasa de inmigración –hay una mayor incidencia de partos prematuros en ciertas nacionalidades y bajos niveles socioculturales–. Entre los factores biológicos están los embarazos múltiples, tanto naturales como fruto de la reproducción asistida, el estrés o que la madre sufra ciertas enfermedades como diabetes o hipertensión, que se produzcan infecciones durante el embarazo, o que la madre tenga antecedentes de partos prematuros, abortos, haya pasado por embarazos recientes o existan antecedentes familiares de nacimientos pretérmino. Sin embargo, el cumplir una o varias de estas situaciones no da por supuesto un parto prematuro y, al contrario, a veces se dan los factores y no hay nacimiento prematuro.
La música relaja a los prematuros. En neonatología del hospital Sant Joan de Déu un grupo toca una vez por semana
Marta pasa 14 horas diarias en el hospital desde que nació su hijo. Lo primero que hace cada mañana al llegar es mirar la cara de las enfermeras de neonatos. Si no muestran preocupación, fija sus ojos en la cuna de Gerardo. “Aquí pierdes la noción del tiempo… estás completamente dedicada a tu hijo, a sacarte leche, a bañarlo. No te planteas ni siquiera qué va a pasar. De momento lo importante es que respira, lo demás, ya se verá”, cuenta. Gerardo está dentro de la población de menos riesgo: el grupo de bebés poco prematuros, ya que nació durante la semana 32 de gestación. Si nacen entre la 28 y la 32 o con un peso inferior a los 1.500 gramos, son considerados prematuros extremos. Si nacen antes o pesan aún menos, grandes inmaduros. Las cifras de estos dos grupos se han disparado en los últimos años. “Es frustrante que, con todo lo que ha avanzado la medicina, no exista todavía un tratamiento eficaz para una madre con amenaza de parto prematuro”, se lamenta la doctora Pallás.

Heura, nacida en la semana 33 y con 1.450 gramos de peso, se encuentra en el box D del hospital Sant Joan de Déu, una sala provista con grandes sillones azules y cunas, que anuncia que el alta está cerca. Su madre, de 40 años, muestra signos de cansancio. “Vivo fuera de Barcelona y viajo cada día para verla. Estoy agotada, es como si me hubieran puesto diez años encima”, afirma, pero su mirada delata que aguanta esto y mucho más si fuera necesario. “Cuando llora, le doy besos y se calma. Creo que sabe que soy yo”, explica mientras mira cómo su hija se relaja sobre su tórax.

“Es importante que el niño crezca en circunstancias parecidas a las del útero materno, que es donde le correspondería estar”, apunta el doctor Krauel. “Como la ciencia todavía no lo ha conseguido, se debe encontrar la mejor manera de hacerlo.” Y la mejor manera es por el contacto con la piel, el olor y el calor de los padres: un sistema conocido como método canguro. La técnica consiste en que el bebé se estire y relaje, boca abajo, sobre el pecho de la madre o del padre durante unas horas. “Es muy beneficioso que sienta la respiración, la voz –tanto el tono como la vibración–, el olor, el contacto de la piel… Se sienten acogidos, arropados y seguros. Está comprobado que, si se practica este método, los niños evolucionan antes y mejor”, explica Engracia Cazorla, fisioterapeuta, especialista en atención precoz. La técnica está estandarizada en protocolos en más de 50 centros españoles, donde ya existen salas, abiertas las 24 horas, para que los padres puedan llevarla a cabo.
Angelina ha engordado 300 gramos en cuatro días en casa, lo que es normal: fuera del hospital se reduce su estrés y crecen más rápido.
En 1978, el Instituto Materno Infantil de Bogotá se quedó sin incubadoras disponibles para bebés prematuros. El doctor Edgar Rey Sanabria, jefe de neonatología, comprobó que el amor, el calor y la leche materna eran igual o más eficaces que las cunas acondicionadas, y utilizó la técnica con recién nacidos sanos de peso inferior a dos kilos.
El avance de la ciencia y de la medicina logra mantener con vida a niños nacidos con pocas semanas de gestación, pero el riesgo de secuelas graves en los prematuros extremos no se ha reducido en la misma proporción. No obstante, tal y como demuestra un reciente estudio realizado por el servicio neonatal del hospital 12 de Octubre, esta diferencia aminora con el tiempo. “Las discapacidades en niños prematuros, de menos de 1.500 gramos, nacidos en los últimos años, han disminuido, especialmente en lo que a parálisis cerebral se refiere. De un diez por ciento se ha pasado a un cinco”, explica la jefa del servicio neonatal del hospital. “No tendría sentido aumentar la supervivencia a costa de una mayor discapacidad”, agrega.

En España, los especialistas, apoyados por la Sociedad Española de Neonatología, coinciden en no actuar en bebés de menos de 23 semanas, puesto que, entre otros factores, importantes órganos vitales como el cerebro, los pulmones y el aparato digestivo no están suficientemente formados para sobrevivir fuera del útero materno. “La edad gestacional es la que marca la pauta del desarrollo del niño y las posibles secuelas”, explica la doctora Thais Agut, responsable de la unidad de seguimiento neonatal del Sant Joan de Déu, cuyo programa evalúa a niños nacidos prematuros hasta los ocho años. “Hay que tener en cuenta que, más importante que salvar una vida, es la calidad de esa vida”, dice.
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de: Valentina Alegre Barbado | 18/01/2010
Yo estuve en este caso. Mi hija hoy tiene casi quince años, pero el nacer peso 1 kilo, se quedó en 900 gramos. En la semana 37, el tocólogo no se molestó en llevar un seguimiento de mi embarazo, y placenta y cordón estaban envejecidos. El artículo me parece fantástico, está súper bien. Gracias a Dios, todo ha mejorado. Mi niño David también ha nacido con un poco mas de 600 gramos, el 2 de julio de 2009, en el hospital Vall d'Hebron de Barcelona y es el bebé más guapo del mundo ,y listo. Va por ti, David.

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