11/04/2010
Edificios que ahorran
Texto de Llàtzer Moix
La torre Califa de Dubái, el edificio más alto del mundo, consume cada día un millón de litros de agua en el desierto y la energía equivalente a encender 360.000 focos. Pero no es esta la tendencia de futuro, sino construcciones que intentan consumir la mínima energía, que buscan reducir las emisiones contaminantes y que usan materiales sencillos. La arquitectura sostenible también se va implantando en España.

El polideportivo de Garrucha (Almería), en construcción. Inspirado en los invernaderos de la zona, tiene un muro equipado de policarbonato para controlar mejor la temperatura en el interior
El edificio del que se ha hablado más en lo que va de año es la torre Califa (conocida como Burj Dubai), un rascacielos de 818 metros inaugurado en Dubái el 4 de enero. Es, de largo, el edificio más alto del mundo. Y es también uno de los más difíciles de sostener: no sólo porque suma 162 plantas y pesa siete millones de toneladas; también porque ha costado 4.300 millones de dólares, consume cada día cerca de un millón de litros de agua –en zona desértica– y gasta el equivalente a la energía necesaria para encender a la vez 360.000 focos de 100 vatios.
La torre Califa ha dado mucho que hablar. Mucho más que otros edificios con futuro que intentan consumir la mínima energía posible empleando materiales sencillos. Que buscan reducir las emisiones de CO2 controlando para ello los consumos de electricidad, gas o agua.
“La sostenibilidad de un edificio –indica el arquitecto Juan Briz, asesor del Col·legi Oficial d’Arquitectes de Catalunya– depende de muchos factores, empezando por los procesos de fabricación de materiales, pasando por la orientación del edificio, sus fuentes energéticas o las superficies vidriadas, y acabando por el rendimiento a largo plazo de las instalaciones. Sacar una buena nota de promedio no es fácil. Pero todo paso adelante es bienvenido, por modesto que parezca.”
Un ejemplo de modestia podría ser la casa Pasiva, proyectada por el arquitecto Josep Bunyesc en Lleida. Esta vivienda unifamiliar está cerrada con piezas prefabricadas de madera y doble cristal de baja emisividad, y aislada con lana de oveja, en principio destinada a una fábrica de moquetas.
“Entregamos la casa en octubre –dice Bunyesc– y, pasado el invierno, el gasto total en energía ha sido de 250 euros. Sin pasar frío. La temperatura exterior se situaba, de promedio, en los 6ºC; dentro no ha bajado de 19ºC. Con un sistema convencional hubiéramos gastado seis veces más.”
Los materiales más económicos ofrecen a veces notables prestaciones. Eva Luque y Alejandro Pascual, integrantes del equipo Los del Desierto, ganaron el concurso para construir el polideportivo de Garrucha (Almería) con un proyecto inspirado en los invernaderos de plástico bajo los que se cultivan frutas y hortalizas en aquella zona de Andalucía.
“Propusimos revestir la obra con un muro equipado de policarbonato, que embalsa un importante volumen de aire y mediante un sistema de ventilación natural –explica Luque– permite una reducción de hasta 7ºC de temperatura en el interior, con el consiguiente ahorro energético.”
La torre Califa ha dado mucho que hablar. Mucho más que otros edificios con futuro que intentan consumir la mínima energía posible empleando materiales sencillos. Que buscan reducir las emisiones de CO2 controlando para ello los consumos de electricidad, gas o agua.
“La sostenibilidad de un edificio –indica el arquitecto Juan Briz, asesor del Col·legi Oficial d’Arquitectes de Catalunya– depende de muchos factores, empezando por los procesos de fabricación de materiales, pasando por la orientación del edificio, sus fuentes energéticas o las superficies vidriadas, y acabando por el rendimiento a largo plazo de las instalaciones. Sacar una buena nota de promedio no es fácil. Pero todo paso adelante es bienvenido, por modesto que parezca.”
Un ejemplo de modestia podría ser la casa Pasiva, proyectada por el arquitecto Josep Bunyesc en Lleida. Esta vivienda unifamiliar está cerrada con piezas prefabricadas de madera y doble cristal de baja emisividad, y aislada con lana de oveja, en principio destinada a una fábrica de moquetas.
“Entregamos la casa en octubre –dice Bunyesc– y, pasado el invierno, el gasto total en energía ha sido de 250 euros. Sin pasar frío. La temperatura exterior se situaba, de promedio, en los 6ºC; dentro no ha bajado de 19ºC. Con un sistema convencional hubiéramos gastado seis veces más.”
Los materiales más económicos ofrecen a veces notables prestaciones. Eva Luque y Alejandro Pascual, integrantes del equipo Los del Desierto, ganaron el concurso para construir el polideportivo de Garrucha (Almería) con un proyecto inspirado en los invernaderos de plástico bajo los que se cultivan frutas y hortalizas en aquella zona de Andalucía.
“Propusimos revestir la obra con un muro equipado de policarbonato, que embalsa un importante volumen de aire y mediante un sistema de ventilación natural –explica Luque– permite una reducción de hasta 7ºC de temperatura en el interior, con el consiguiente ahorro energético.”

El Media TIC, en el distrito 22@de Barcelona, está recubierto con una membrana con nitrógeno en su interior que varía según la insolación y permite controlar la climatización y la iluminación para ahorrar así energía
La obra fue iniciada en el año 2000, pero todavía no ha sido terminada. A veces, el progreso se produce lentamente.Enric Ruiz-Geli presentó en enero en Barcelona el Media-TIC, un edificio de última generación, recubierto por una membrana con nitrógeno en su interior (comparable a la del Allianz Arena en Munich o a la del Water Cube olímpico de Pekín), que se hincha y deshincha según la insolación, favoreciendo el ahorro en climatización e iluminación.
“El factor solar, que debe ser de 0,45, lo hemos reducido hasta 0,10. Y las emisiones de CO2 de nuestro Media-TIC son un 37% inferiores a las consideradas aceptables. En la primera quincena de marzo, nuestro edificio fue el primero de Barcelona en recibir el certificado A de sostenibilidad”, asegura Ruiz Geli.
Esta preocupación medioambiental ha llevado a algunos arquitectos a trabajar en pos de un nuevo paradigma de vivienda. Daniel Ibáñez y Rodrigo Rubio, del grupo Margen, son los directores de investigación del proyecto Fab Lab House, que apadrina el Instituto de Arquitectura Avanzada de Catalunya (IAAC). Es decir, de una revolucionaria casa diseñada para recoger el máximo de energía solar, que competirá a finales de junio en el concurso Solar Decathlon Europe, en Madrid.
“En una época en la que te puedes bajar música de internet –dice Ibáñez–, proponemos un tipo de casa que puede conseguirse mediante un procedimiento similar; una casa que tiene más que ver con los puzzles que con las grúas; que abona el uso de herramientas digitales para producir las piezas que la integrarán y maximizar la eficiencia energética; que es lo opuesto al modelo Ikea, ya que no ofrece una misma obra, hecha en un sitio, e instalable en cualquier rincón del planeta, sino que permite fabricarla en cualquier lugar, adaptándola a las necesidades particulares de cada caso, y que intenta llevar la sostenibilidad al límite, siendo autosuficiente tanto en la generación de la energía que va a consumir como en la de alimentos para sus usuarios en un huerto adjunto.”
“El factor solar, que debe ser de 0,45, lo hemos reducido hasta 0,10. Y las emisiones de CO2 de nuestro Media-TIC son un 37% inferiores a las consideradas aceptables. En la primera quincena de marzo, nuestro edificio fue el primero de Barcelona en recibir el certificado A de sostenibilidad”, asegura Ruiz Geli.
Esta preocupación medioambiental ha llevado a algunos arquitectos a trabajar en pos de un nuevo paradigma de vivienda. Daniel Ibáñez y Rodrigo Rubio, del grupo Margen, son los directores de investigación del proyecto Fab Lab House, que apadrina el Instituto de Arquitectura Avanzada de Catalunya (IAAC). Es decir, de una revolucionaria casa diseñada para recoger el máximo de energía solar, que competirá a finales de junio en el concurso Solar Decathlon Europe, en Madrid.
“En una época en la que te puedes bajar música de internet –dice Ibáñez–, proponemos un tipo de casa que puede conseguirse mediante un procedimiento similar; una casa que tiene más que ver con los puzzles que con las grúas; que abona el uso de herramientas digitales para producir las piezas que la integrarán y maximizar la eficiencia energética; que es lo opuesto al modelo Ikea, ya que no ofrece una misma obra, hecha en un sitio, e instalable en cualquier rincón del planeta, sino que permite fabricarla en cualquier lugar, adaptándola a las necesidades particulares de cada caso, y que intenta llevar la sostenibilidad al límite, siendo autosuficiente tanto en la generación de la energía que va a consumir como en la de alimentos para sus usuarios en un huerto adjunto.”

Las gaditanas torres de Hércules están cubiertas de una celosía para favorecer la sombra en el interior
Le invitamos a que sea el primero en comentar esta información.











