10/10/2010

Luis Francisco Esplà

"Torear es ordenar el caos"

Texto de Paco March
Fotos de Carlos González Armesto
La creación de una obra de arte: esto es el toreo para Luis Francisco Esplá. El matador, que acaba de retirarse, expone su visión de la lucha taurina, a punto de desaparecer “en la era de la vorágine audiovisual”

Esplá es, en su retiro, como toreaba: lúcido, cabal, generoso y comunicativo

Las milenarias culturas mediterráneas han tenido y tienen al toro como tótem: “La naturaleza –añade–es caótica y, en lenguaje simbólico, el toro representa todas las fuerzas oscuras de ella. Torear es ordenar el caos”.

No pone inconvenientes Luis Francisco Esplá en ahondar en el discurso creativo: “Si tú mandases, el toreo sería sumisión, y un toro sumiso deja de tener voluntad, y en el momento en que deja de tener voluntad deja de ejercer como material para el toreo. Una de las cosas que desea el torero es que el toro imponga su voluntad, que no sea fácil de manejar. Ese es el verdadero torismo y no el volumen o los pitones, cuando el torero tiene que hacer un esfuerzo técnico para dar firma a esa voluntad”.

Hay algo en él que le hace fiable. Si se torea como se es, en Esplá la sentencia se puede aplicar también por pasiva: es como toreaba. Lúcido, cabal, generoso, comunicativo. Domina los terrenos de la conversación como demostraba suficiencia en su conocimiento de los terrenos del toro: “Si los invades, hay una merma de su espacio vital, una merma de su voluntad. Los humanos y los animales tenemos un espacio, que dejamos invadir o no. Alguien que coloca la toalla junto a la tuya en una playa vacía te incomoda. En una discoteca, el contacto lo asumes. Con el toro, debes jugar con los terrenos, con las querencias, si quieres que el diálogo surja fluido”.

Bambino, como le llaman sus íntimos, sigue siendo un rebelde desengañado de lo colectivo, en especial a partir de la experiencia en que sus compañeros de profesión le dejaron sólo en la reivindicación de los derechos televisivos, algo que le llevó al ostracismo durante una temporada, salvada al final con un triunfo apoteósico en Madrid, precisamente en un festejo emitido por televisión. Por eso, cuando se le pregunta por lo mejor y lo peor, el yin y el yang del mundo taurino, no lo duda: “El yin, el toro y el público. El yang, el negocio, los taurinos, un negocio que no ha cambiado las claves porque no les interesa cambiarlas desde hace más de cien años, donde, por herencia y no por méritos, está en manos de los nietos de los grandes empresarios, gente que se ha criado en este negocio sin ningún respeto, sin las claves mínimas de decencia para regir no este sino cualquier espectáculo. Esto hace más daño que los antitaurinos, se convierte en un negocio de pillaje, de piratas en el que el toro, el público y los toreros somos las víctimas. Lo he dicho estando en activo y me pasaron factura. Y a mi hijo se la pasarán por persona interpuesta”.

Hace pocos meses acudió Esplá al Parlament de Catalunya en las comparecencias previas a la votación de la ILP abolicionista y, para desconcierto de sus atónitas señorías, soltó: “Prohíban los toros: un espectáculo que ancle en la tradición sus preceptos y esencias no puede ser bueno en la era de la vorágine audiovisual”. Ahora, mientras sorbe el enésimo café con leche del día, añade: “Estamos en una sociedad que lo único que alimenta es lo más superficial del ser humano. Sin embargo, los franceses han encontrado en los toros unos valores que a nosotros todavía nos cuesta reconocer”. Se proclama afrancesado, como en su día Goya o Picasso, y sentencia: “El franquismo no sólo se apropió de la Fiesta sino que además la revistió con faralaes. Como al flamenco, cuando toros y flamenco son dos expresiones íntimas del pueblo”.

Esplá vivió en la Barcelona de finales de los 70 e inicios de los 80 del siglo pasado, la ciudad abierta, la de la Rambla de Ocaña y sus amigos Mariscal o Barceló, y eso da credibilidad a su reflexión: “Lo peor de todo es que un país, una ciudad que ha defendido las libertades, el mestizaje, las diferencias, acabe prohibiendo los toros. Una contradicción, pues deja escapar un hipócrita trasfondo íntimo”.

Lo dice con un poso de desencanto y, agnóstico convencido, se permite una licencia: “Sólo creo en la experiencia empírica, aquella que une tres conocimientos, el teórico, el intelectual y el de los sentidos. De eso , al menos, puede salir una media verdad”. O una media verónica con su capote de vueltas azules.
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de: Mamba Negra | 01/12/2010
Lamentable dedicar un reportaje a alguien que se dedica a destrozar animales. Si necesita ordenar el caso, que se pase por un colegio mayor y vaya plegando jerseicitos, pero que deje de MATAR ANIMALES.

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