19/08/2007

Suspiros de una Barcelona que se resiste a morir

Barrio chino

Texto de Celtia Traviesas
Fotos de Tomeu Coll

Tres calles del remozado barrio del Raval condensan lo que apenas queda de la Barcelona canalla y oscura, refugio de carteristas y derrotados de la vida, un mundo condenado a desaparecer desde hace un siglo y que, ahora, rebautizado como Raval, sobrevive con la llegada de la inmigración y la recuperación urbanística.

Blanca y Reme, en un cajero automático en la calle Sant Pau.

La última vez que vi a Paquita fue en un bar que ya no está. La remodelación del Raval se va comiendo los viejos rincones a bocados de gigante. Pronto se alzará en la calle Robadors el edificio de la nueva Filmoteca. Quizás Asim y Ali, los dos reservados camareros pakistaníes del Al Muntaha, empiecen así a tener cinéfilos por clientela. Ahora es como si nunca acabasen de entender qué hacen ellos sirviendo vino y café a putas y borrachos y toda esa gente extraña que forma el club de los antiguos habitantes del barrio. Unas gentes que caminan entre las ruinas de su pasado, sorteando los andamios de un presente especulativo que presiona para que se marchen y pisando ya por la estrecha Robadors los impolutos adoquines de color gris claro que les anuncian el futuro de un Raval límpido y sin triste alma. Un barrio del que los inmigrantes pobres también deberán acabar por marcharse y que, tarde o temprano, dejará de mirar a La Meca y oler a especias.

Marga lleva tiempo sin venir por el barrio chino, tiene piso en Santa Coloma de Gramenet y anda liada con otras cosas. Cuando a Manu Chao le concedieron el Goya por la canción "Me llaman Caye", de la película "Princesas", subió ella a recogerlo y pronunció un discurso en nombre de todas las mujeres de la calle. Sus frases son potentes, como las de Blanca. "No ofende quien quiere, sino quien puede", le dijo en el bar Al Muntaha a uno que bromeaba. Ella y Blanca se corrieron buenas juergas por los bares de San Sebastián en tiempos de Franco, y las anécdotas van tomando color y menos decoro según el whisky Cardhu avanza. Son las más cultas, y también las más guerreras. Empezaron juntas en la batalla de las actuales asociaciones que defienden el derecho de las prostitutas a ejercer su trabajo e interiorizaron el término "trabajadoras sexuales". Pero como en todas las sociedades, en esta también hay disidencias. Y ellas ya no son protagonistas en la ONG Àmbit Prevenció-Àmbit Dona, ni en Lícit, ni en Genera.

Blanca en la calle Sant Pau, y, al fondo, una yonqui.

Feminismos enfrentados

"La prostitución es un arte, un humanismo y una ciencia", era la frase emblema de la prostituta más famosa de Suiza, Grisélidis Réal, cuya experiencia como trabajadora sexual queda retratada en el documental "Muerte de una puta", dirigido por Harmonía Carmona, donde Marga es uno más de los personajes que vindican su forma de vida en actos cotidianos. La Red Estatal de Organizaciones Feministas contra la Violencia de Género protestó por este reportaje en la televisión pública el pasado mes de abril por considerar que ninguneaba "a los millones de víctimas de la prostitución bajo el argumento erróneo de querer dignificar la profesión". Hay dos feminismos enfrentados alrededor de este tema a los que el barrio chino no se escapa. Gemma Nicolás, joven experta en derechos humanos, orientadora jurídica de Àmbit Dona, conocedora del barrio y coautora de un revelador estudio hecho libro sobre el estigma de puta y el trabajo sexual en Barcelona, afirma que "el nuestro es un feminismo en el exilio".

Blanca escribe muchas cartas al director para los diarios del barrio y conoce a casi todos los periodistas que cubren sucesos en la ciudad. Muchos la consideran su fiel confidente. A veces, eso sí, se equivoca con los nombres o dice verdades a medias. En el barrio chino hay acuerdos secretos que nunca pueden contarse e Isabelitas que desaparecen rodeadas de misterio. Blanca es una habitual de los programas de la tele y defiende la profesión a quien esté dispuesto a escucharla. Critica con dureza la ordenanza de civismo de Barcelona, las multas de la Guardia Urbana y a la consejera Tura, que intentó regularizar la prostitución para "sacarla de la calle". Sabe de lo que habla cuando habla del acoso inmobiliario, de los alquileres imposibles y de la especulación que está haciendo cambiar la configuración social del barrio.

"Las ‘mestresses’ cuidaban de los hijos de las trabajadoras sexuales. Nosotras vivíamos, trabajábamos y comprábamos en todos los comercios del barrio: en las zapaterías, en las peluquerías, en las tiendas de ropa y de comestibles. Nuestros hijos han asistido a los mismos colegios que los hijos de los demás vecinos, han jugado juntos y crecido juntos. Pero en 1992 empezó el acoso policial, les molestamos en el barrio porque no pueden construir más pisos, y quieren echarnos. Nos multan, nos detienen en La Verneda y no nos dejan trabajar como antes, cuando todas éramos iguales", dice Blanca, que guarda en su casa todas las notas que salieron en la prensa sobre la prostitución en Barcelona desde el año 1989.

Escena de discusión en el bar Al Muntaha.

Isabelita tenía quizás 70 años y una melena rubia y rizada. José María Garrido, guardia urbano, la encontraba con frecuencia en su esquina. "Ya ves, hijo, aquí estoy, a ver si me pago el aire acondicionado." A Isabelita la conocían todos en la comisaría de la Rambla porque siempre pasaba preguntando por Michael. "Michael debió de ser un marinero americano de aquellos de la Sexta Flota que venían por el barrio chino. ‘Si lo veis por aquí, decidle que tengo un hijo suyo y que quiero hablar con él’, nos decía." Y nosotros le seguíamos el cuento: "No se ha pasado por aquí hoy, pero tranquila, en cuanto lo veamos le damos el recado." Un día de marzo del 2006 el inspector llamó a José María para preguntarle qué sabía de Isabelita. "Yo pensé que le habrían puesto una multa o algo así. Pero en seguida me dijeron que la habían encontrado muerta en un descampado de Montjuïc. Era muy mayor, me imagino con qué clase de hombres tendría que irse…, y la mataron a golpes a la pobre." Isabelita vivía en El Masnou, y José María la veía a veces tomando el tren. De joven la llamaban "la muñequita de la Rambla" porque era muy guapa. Casi no hablaba con nadie, y no es fácil seguir el rastro de su vida. Por eso, confundido, un periodista publicó el pasado verano que Isabelita era una señora de nombre Isabel que solía sacar a pasear a su perro por Sant Rafael, ajeno a la noticia de su triste muerte.

Limpieza de proxenetas
Es una forma más de violencia contra la mujer… No es una profesión, sino una forma de esclavitud... Es opresión, falta de cultura, vejación, mercantilismo cruel... Machismo... Son argumentos recurrentes para quienes, feministas o no, se oponen a la prostitución. Blanca, sin embargo, se contempla en otro más de a pie de calle: "Los órganos sexuales son una zona del cuerpo que te sirve para sentir placer y también para ganar dinero". Tan simple, o no, como decir esto, pero difícil de objetar. La única respuesta que ella dio a un reportaje hecho a base de no hacer preguntas fue ésta: "Mi vida sexual es igual a la de cualquier persona y no tiene nada que ver con mi trabajo. Sé distinguirlo perfectamente".

La historia de las mujeres del barrio chino es una historia más de miseria e injusticias sociales. Similar a cualquier otra. A veces, sin darle mucha importancia, alguna comenta que lloró debajo de un hombre esperando a que terminara "del asco que me daba". Otras veces dejan entrever historias de abusos y malos tratos por las que te dejan discurrir apenas casi rozando. Cuando hablan de las rumanas, cuentan que no viven con tanto drama su mala vida "porque ellas ya vienen de su país acostumbradas" a las palizas y los malos tratos. Lo dicen ajenas a su vida porque detenerse a mirar de frente las desgracias propias siempre cuesta un poco. Y no sirve de nada.
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de: Mariluz | 09/03/2010
A ver si alhuien me puede ayudar. Busco a una señora que vivia en la calle santa Margarida, 11, 2º, de Barcelona. Está cerca de la Rambla. La direccion es de 1992. En 1990 vivia en el passeig Picaso, 38, 1º. Se llama Manuela Romano Sánchez. Actualmente tendrá 57-58 años. Mide 1.58, aproximadamente, Es morena. Me urge encontrarla por un tema familiar.
de: Javi García | 03/02/2010
Hace dos días estuve allí. Estuve com una rumana. Me costó 25 euros. En verdada cobran 30. Estuvo bien. Subimos a un piso. Había un lavabo para asearse antes. Suelen cobrar 30 euros porque ellas pagan 5 euros por habitación. En el Raval hay dos zonas. En una, te llevan a un piso ruinoso. Estás mirando al techo, si se va a caer. La segunda zona está mejor. Es donde están todos los bares. Aconsejo esta zona. Aunque hay bastante policía, si vas a tu rollo no dicen nada.
de: Ibio Iruz | 06/10/2008
El barrio chino de Barcelona hoy no se parece en nada a lo que era. Yo lo conocí desde el año 1975 a 1978 y bastante bien. Volví hace dos años y no sabía de la Rambla del Raval. Me quedé un poco mal, porque conocía bastante los edificios que había en la calle san Pablo. El ochenta y tanto por ciento ha desaparecido. Saludos desde cantabria.
de: El lailla | 02/04/2008
Hombre, a los jóvenes que no hayan conocido el barrio chino de Barcelona en sus buenos tiempos, siempre les queda la opción de jugar al juego de mesa de su mismo nombre (Juego El Barrio Chino), una especie de Monopoly donde los jugadores van de fulanas, navajeros y travestis.
de: Una barcelonesa | 28/10/2007
Un reportaje bastante obvio, todo el mundo sabe lo que ha habido y lo que hay en el Raval, con una prosa demasiado barroca para mi gusto.
de: JACC | 26/08/2007
Me estoy leyendo un libro sobre crímenes y misterio, y en uno de sus capítulos, durante unas seis o siete páginas, describen un barrio de prostitutas. Es casi tan magistral como el tuyo. Gracias.
de: Juan Misse | 21/08/2007
Excelente reportaje. Buen ritmo de redacción, testimonios de primera mano... un excelente retrato de esta realidad del Raval que se ve en cada paso, en cada esquina...

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