18/06/2007

Dar un vuelco a la rutina no es fácil, pero la utopía es posible

Cambio de vida

Texto de Rubén Mayoral
Fotos de Clemente Bernad


Muy pocos estaríamos dispuestos a dejarlo todo y cambiar de vida.
Hay personas que no sólo están dispuestas, sino que lo necesitan y lo llevan a cabo. Para ello, no dudan en renunciar a un buen sueldo, a un contrato indefinido e incluso a la casa por la que han pagado hipoteca durante años.
Tienen en común la búsqueda de la felicidad y necesitan empezar de cero.


Cuéntenos la historia de su cambio de vida

Queti Domínguez, ex productora de series de éxito de televisión y hoy miembro de Sakya Tashi Ling, el monasterio budista del Garraf, sentada en el camino de los almendros.

No son héroes ni quieren serlo. Es gente normal que un buen día ha decidido cambiar radicalmente de vida. Por este motivo, sus historias no nos pasan inadvertidas y muchas veces esconden decisiones difíciles de entender a simple vista. Algunos ejemplos: un ingeniero que decide ser jardinero; un publicista que opta por vender helados en un pueblo costero; una productora de televisión que prefiere dedicarse a la meditación en un templo budista; un representante artístico que decide construir escuelas en Costa Rica…Todos han coincidido en dejar atrás la presión del trabajo, el estrés del día a día y la sociedad competitiva. Podríamos decir que sus intereses han dejado de ser paralelos a los de la mayoría. Ya no están dispuestos a seguir luchando para ascender laboralmente, ni les preocupa el plan de pensiones ni los 6.000 euros por metro cuadrado de sus casas. Su bjetivo es encontrar su propio modelo de felicidad, y aquí no hay atadura económica que valga.

Para la psicóloga Cristina Llagostera, todo se resume en aprender a encontrar el sentido de la vida. “En cada persona es diferente, y cada uno tiene sus propios objetivos. Nuestro nivel de felicidad recae sobre dos columnas: lo que pensamos que nos gustaría hacer y lo que realmente realizamos. Cuanto más en consonancia estén estos dos pilares, mayor satisfacción obten
dremos”, afirma. Los que apuestan por un cambio radical en sus vidas se pueden clasificar en dos grupos: los que quieren disfrutar de sí mismos y los que están dispuestos a vivir para los demás. Los primeros buscan tiempo para conocerse mejor, para nutrirse de vivencias, para descubrir países, para disfrutar de otras realidades. Los segundos sienten la necesidad de ayudar a los demás y entregan sus energías al propósito de crear un mundo menos injusto. Todos comparten la sensación de libertad que otorga el poder escoger una nueva opción de vida. El campo de la psicología ambién incluye una tercera clasificación: “Son los que huyen –advierte Cristina–. Es gente a quien no le satisface su realidad, y la única manera que ven de tirar hacia delante es huyendo. Con esto evitan enfrentarse a la verdad de su problema. Muchas veces desconocen de lo que huyen, pero acaban yendo de un sitio a otro o cambiando continuamente de tipo de vida”.

Al margen de lo que se busca con un cambio de estas características, tomar la decisión nunca es fácil. La mayoría lo deci
de después de un largo periodo de reflexión, muchas veces motivado por otro cambio significativo. Entre los posibles detonantes una separación sentimental, la muerte de un ser querido, un mal ambiente en el trabajo, una enfermedad…

Francesc Miralles vivió en primera persona lo difícil y costoso que es tomar una decisión de este tipo. Cobraba un buen sueldo como editor de una importante editorial y lo aparcó todo para dedicarse a escribir.
“Mi patrimonio era el tiempo y el talento, pero pasé muchas dificultades económicas y estuve a punto de tirar la toalla un montón de veces. Llegué a pensar en la posibilidad de remover contenedores de basura, pero al final me salí con la mía. En ese momento las dificultades se convierten en satisfacciones.” Tras colocar diversos libros en el mercado, Miralles acaba de publicar “Conversaciones sobre la felicidad”, una recopilación de entrevistas donde personas de diferentes ámbitos culturales reflexionan sobre la felicidad. “Todos tenemos nuestros sueños, pero es importante no entregarse incondicionalmente a una causa”, afirma Miralles. Por supuesto: no todos los cambios de vida salen bien. El fracaso nunca se debe descartar. Aquí también hay peligro de equivocarse, de no escoger la mejor opción… “Hay que estar muy convencido y se debe pensar en un proyecto de vida”, advierte Francesc Miralles. “He conocido gente –recuerda la psicóloga Cristina Llagostera– a la que la necesidad de cambio se le repite de manera cíclica en su vida, y con el paso del tiempo cada vez resulta más difícil tomar una decisión. Se hacen mayores y tienen más ataduras. Aunque lo peor de todo es quedarse con el sentimiento dentro, sin actuar.”

También existen términos medios. Es aquí cuando tenemos que hablar del “downshifting”. Un concepto que John J. Drake puso de moda en los años 90 y que plantea como filosofía existencial “bajar el nivel de vida para incrementar la calidad”. Drake explica en su best seller “Vivir más, trabajar menos. Downshifting: una opción de vida” su propia experiencia tras renunciar como ejecutivo de una importante empresa. Hoy el “downshiting” está más vigente que nunca y sigue respondiendo a la máxima “menos es más”. Es decir, menos dinero a final de mes, menos responsabilidad laboral, menos preocupaciones… y mucho más tiempo libre y libertad para decidir dónde invertirlo.Al final, todo consiste en dar prioridad a un tipo de vida o a otra. En elegir y arriesgarse. Y sí: cuando estemos en medio de un atasco camino del trabajo, pensaremos en aquel conocido que ahora está en alguna playa en la otra punta del planeta.

Pep Selfa y Cris Gros en el barrio de Gràcia, en Barcelona, donde viven

“Hay otras formas de vivir la vida”

Pep Selfa y Cris Gros (31 y 26 años)
Vacaciones de año y medio
Estaban de vacaciones en Formentera. Faltaban unos días para que Pep se incorporara a su trabajo de informático y Cris a su puesto de periodista. Tumbados en la arena, pensaron en la idea de vacaciones infinitas; viajar y conocer países sin agobios. “Cogí una libreta y empecé a hacer números”, recuerda Cris. Empezaron a ahorrar nada más volver a Barcelona. El objetivo no era pagar la entrada de un piso ni comprarse un coche. “No nos podíamos morir sin pasar tres meses en Brasil. Queríamos unas vacaciones eternas”, dice Pep. En su decisión también había algo de rebeldía. “Nosotros teníamos otros planes. No podíamos pagar un piso, pero sí permitirnos un buen viaje”, añade Cris. El reto consistió en juntar 24.000 euros. “Calculamos que gastaríamos una medía de 6.000 por persona y año. Era como una inversión, como el que decide gastarlo en un máster.” En junio del 2005 llegó el momento de dejar sus respectivos trabajos. Compraron unos billetes de ida a Nueva York y dieron una fiesta para despedirse de sus amigos. Finalmente, su aventura ha durado 549 días. La ruta: Nueva York, Canadá, Nicaragua, Guatemala, Perú, Bolivia, Chile, Argentina, Uruguay, Brasil, China, Vietnam, Laos, Camboya, Tailandia, Birmania e India. “En algunos países llegábamos a estar más de un mes y medio. No teníamos prisa. Nos movíamos en transporte público y sólo llevábamos nuestras mochilas.” A finales de diciembre del 2006 regresaron satisfechos a Barcelona. “Hemos descubierto que hay otras formas de entender la vida de las que aquí estamos acostumbrados.” En su página web hay un minucioso diario de su viaje: www.loliplanet.com .Ahora buscan trabajo y planean las vacaciones de verano.

El jardinero Joel Esteve con sus herramientas al hombro en Premià de Mar

“Quería trabajar al aire libre”

Joel Esteve (32 años)
De ingeniro industrial a jardinero

Estudió ingeniería técnica industrial y no tardó en encontrar trabajo. Primero, en una empresa de automatismos. Después, en una joven firma multimedia. Era el boom de internet, y Joel Esteve se encargaba de programar páginas web. Trabajaba en el centro de Barcelona, en un edificio de la plaza Catalunya, y suresponsabilidad aumentaba al ritmo que lo hacía la plantilla de la empresa. “Al principio –recuerda– sólo estaban los jefes y en poco tiempo éramos entre 15 y 20  trabajadores.” Joel asumió el cargo de ejecutivo de cuentas. “Tenía un buen sueldo, no me podía quejar, pero poco a poco me empezó a costar dormir por las noches”, asegura. Un día decidió dejarlo todo. Tenía 27 años y suficientes motivos para hacerlo: horarios interminables, mucha presión laboral, desavenencias con uno de sus superiores y poco tiempo para dedicarse a su estrenada paternidad. “Trabajar allí dejó de compensarme. Entraba a las 7 de la mañana y salía a las 9 de la noche, y sólo podía vivir los fines de semana. Era una tortura. Comenté el tema con dos de mis jefes y acabé apuntándome a la lista del paro. Tuve la suerte de contar con el apoyo de mi mujer y de mis amigos”, afirma. Joel decidió dedicar un año a su hijo. Después empezó a preparar oposiciones. “Me presenté a las de agente rural y a las de bombero, pero no tuve suerte. Quería trabajar al aire libre y me apunté a un curso de jardinería.” En pocas semanas estaba trabajando de jardinero. “Cuando estás motivado, las cosas acaban saliendo. Nunca me hubiera imaginado así, pero realmente me encanta lo que hago; he descubierto una pasión.” Hoy es autónomo y se organiza la agenda como quiere. “Acostumbro a empezar la jornada pronto, pero si un día no puedo ir a trabajar, no voy y no tengo que justificar nada a nadie. Intento trabajar lo justo y me queda tiempo para vivir la vida.” ¿Y qué le queda de su pasado como ingeniero? “Pues que, aparte de ser un hobby, muchas veces lo comento con mis actuales clientes y les encanta saber que la persona que cuida sus plantas es ingeniero.”
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de: Patricia Bernardo | 20/02/2008
Desde el 17 de junio de 2007 en que salió publicado este artículo en el Magazine guardo la revista como si de un tesoro se tratara, y cuando me siento ahogada por una vida muy parecida a la que llevaban los protagonistas del artículo, vuelvo a leerlo y piendo: cambiar de vida es posible, no te desesperes. Muchas gracias por darme esperanza.
de: Tobias Almeida | 14/01/2008
Respirar, despreocuparse de los agobios de esta vida moderna. Beber un the London gin dedicarse a un buen libro, poder vivir y gozar de la vida... Gracias por tan refrescante artículo, es muy bueno conocer otras formas de ver las reglas del juego actuales.
de: Jorge Iglesias | 22/08/2007
Me parece encomiable la actitud de los testimonios del artículo. Es una idea que puede cambiarte la vida y voto encarecidamente por la publicación de artículos referentes a la felicidad de la gente en una sociedad donde el dinero y la competitividad lo son todo, dejando a un lado la satisfacción personal de disfrutar de uno mismo. Gracias y enhorabuena.

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