23/12/2007
Especial 2007
Clamor por la unidad contra ETA
Texto de Florencio Domínguez
ETA de nuevo. El sueño que se inició con la tregua del 2006 y se truncó a final de año con el atentado de Barajas se desvaneció definitivamente en el 2007 con el final explícito de la tregua a principios de junio y el asesinato de dos guardias civiles en Francia. El terrorismo ha marcado la agenda política y ha sido instrumento de enfrentamiento de primer orden, en un final de año en que muchos de los movimientos deben leerse en clave electoral.
La violencia también sigue siendo noticia de portada en el mundo, aunque algo está cambiando. La opción de la vía dura para resolver los grandes conflictos internacionales pierde peso frente a la alternativa del diálogo.
La violencia también sigue siendo noticia de portada en el mundo, aunque algo está cambiando. La opción de la vía dura para resolver los grandes conflictos internacionales pierde peso frente a la alternativa del diálogo.

Los reyes de España y los Príncipes dan el pésame a los familiares de los guardias civiles asesinados en Francia
A diferencia de lo ocurrido en 1999, en esta ocasión las operaciones policiales evitaron la mayoría de los atentados que preparaba ETA
En esta ocasión, sin embargo, ETA no fue capaz de tomar la iniciativa. Al contrario, la iniciativa estuvo en manos del Cuerpo Nacional de Policía y la Guardia Civil, que con sus operaciones frenaron buena parte de los intentos de la banda de hacer efectivo el retorno a los atentados. La ruptura de la tregua no tenía nada que ver con la del 2000, año en el que mató a 25 personas. Ahora, la cifra de atentados frustrados superaba ampliamente a las acciones terroristas consumadas, a pesar de que ETA echó toda la carne en el asador introduciendo comandos en el País Vasco y en otras zonas de España para atentar de forma indiscriminada.
Los dispositivos preventivos y las investigaciones antiterroristas desarrolladas a ambos lados de la frontera evitaron buena parte de los atentados. Entre las operaciones antiterroristas destaca una por su singular importancia: fue la desarticulación, el 1 de septiembre, de una base de ETA situada en Cahors, donde la banda fabricaba explosivos y montaba las mayor parte de sus bombas. En esa operación fue capturado Ignacio Iruretagoyena, alias Suni, un veterano etarra que combatió con la guerrilla salvadoreña y con los sandinistas en los ochenta y que estaba considerado el principal artificiero de la banda. A él se le atribuye la fabricación del coche bomba que estalló en Barajas.
Al caer la instalación de Cahors y ser encarcelado Iruretagoyena, el funcionamiento de la organización terrorista se resintió, ya que no ha tenido tanta disponibilidad de material explosivo como hasta entonces, ni la fabricación de los artefactos tiene la calidad que tenía, por ejemplo, el que estalló en el aparcamiento de la T4, en el aeropuerto de Barajas.
Hay un dato que puede poner de manifiesto con claridad lo que ha supuesto la caída de Cahors. Desde que ETA anunció el 5 de junio la vuelta a la actividad terrorista hasta el 1 de septiembre se registran cinco intentos de atentar con coche bomba, uno de ellos, el dirigido contra el cuartel de Durango, consumado. En los otros casos, los planes terroristas se frustran por la actuación policial: Ayamonte, San Juan de Pie del Puerto (Francia), Santander y Les Coves de Vinromà (Castellón) son los escenarios de sendas intervenciones de las fuerzas de seguridad que frustraron otros tantos atentados con coche bomba. Pues bien, desde el 1 de septiembre hasta el 10 de diciembre sólo se ha registrado un intento de atentado con coche bomba y, además, fallido.
Otra forma de ver lo que ha supuesto la operación del 1 de septiembre es fijarse en la cantidad de explosivos manejados por ETA antes y después de esa operación policial. Desde el 5 de junio al 1 de septiembre, el explosivo utilizado por ETA en las bombas elaboradas o el intervenido a los comandos antes de que lo utilizaran suma unos 540 kilos. La cifra casi se duplica si a ella se le añaden los 400 kilos de explosivo que se intervino en la casa de Cahors. Por el contrario, la cantidad de explosivo que ha empleado ETA en los artefactos elaborados con posterioridad al
1 de septiembre se limita a la cifra de 74 kilos.
La sucesión de fracasos en los atentados con bomba había llevado a los responsables policiales a barajar la hipótesis de que ETA pudiera volver a matar a tiros, algo que no había hecho desde febrero del 2003. Así lo hizo el 1 de diciembre, aunque en un lugar que nadie esperaba: en Francia. Los etarras mataron a tiros a dos guardias civiles, pero aparte del daño personal causado, el efecto político de ese atentado fue el reforzamiento de la colaboración entre Madrid y París, el endurecimiento del discurso del Gobierno, que volvió a recuperar el concepto de derrota de la banda, y el restablecimiento de la unidad de los partidos, aunque fuera prendida con alfileres.
Los dispositivos preventivos y las investigaciones antiterroristas desarrolladas a ambos lados de la frontera evitaron buena parte de los atentados. Entre las operaciones antiterroristas destaca una por su singular importancia: fue la desarticulación, el 1 de septiembre, de una base de ETA situada en Cahors, donde la banda fabricaba explosivos y montaba las mayor parte de sus bombas. En esa operación fue capturado Ignacio Iruretagoyena, alias Suni, un veterano etarra que combatió con la guerrilla salvadoreña y con los sandinistas en los ochenta y que estaba considerado el principal artificiero de la banda. A él se le atribuye la fabricación del coche bomba que estalló en Barajas.
Al caer la instalación de Cahors y ser encarcelado Iruretagoyena, el funcionamiento de la organización terrorista se resintió, ya que no ha tenido tanta disponibilidad de material explosivo como hasta entonces, ni la fabricación de los artefactos tiene la calidad que tenía, por ejemplo, el que estalló en el aparcamiento de la T4, en el aeropuerto de Barajas.
Hay un dato que puede poner de manifiesto con claridad lo que ha supuesto la caída de Cahors. Desde que ETA anunció el 5 de junio la vuelta a la actividad terrorista hasta el 1 de septiembre se registran cinco intentos de atentar con coche bomba, uno de ellos, el dirigido contra el cuartel de Durango, consumado. En los otros casos, los planes terroristas se frustran por la actuación policial: Ayamonte, San Juan de Pie del Puerto (Francia), Santander y Les Coves de Vinromà (Castellón) son los escenarios de sendas intervenciones de las fuerzas de seguridad que frustraron otros tantos atentados con coche bomba. Pues bien, desde el 1 de septiembre hasta el 10 de diciembre sólo se ha registrado un intento de atentado con coche bomba y, además, fallido.
Otra forma de ver lo que ha supuesto la operación del 1 de septiembre es fijarse en la cantidad de explosivos manejados por ETA antes y después de esa operación policial. Desde el 5 de junio al 1 de septiembre, el explosivo utilizado por ETA en las bombas elaboradas o el intervenido a los comandos antes de que lo utilizaran suma unos 540 kilos. La cifra casi se duplica si a ella se le añaden los 400 kilos de explosivo que se intervino en la casa de Cahors. Por el contrario, la cantidad de explosivo que ha empleado ETA en los artefactos elaborados con posterioridad al
1 de septiembre se limita a la cifra de 74 kilos.
La sucesión de fracasos en los atentados con bomba había llevado a los responsables policiales a barajar la hipótesis de que ETA pudiera volver a matar a tiros, algo que no había hecho desde febrero del 2003. Así lo hizo el 1 de diciembre, aunque en un lugar que nadie esperaba: en Francia. Los etarras mataron a tiros a dos guardias civiles, pero aparte del daño personal causado, el efecto político de ese atentado fue el reforzamiento de la colaboración entre Madrid y París, el endurecimiento del discurso del Gobierno, que volvió a recuperar el concepto de derrota de la banda, y el restablecimiento de la unidad de los partidos, aunque fuera prendida con alfileres.
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