11/07/2010
Despertar al margen de la ley
Texto y fotos de Bernardo Gutiérrez
Una superficie de 14,2 kilómetros. Cuatro municipios (Coslada, Madrid, Rivas Vaciamadrid, Getafe), 40.000 almas. La Cañada Real Galiana, una ciudad continua al margen de la ley, está en su año crucial. La Administración prevé regular su suelo. Mientras los políticos buscan soluciones, la sociedad civil se ha adelantado. Arquitectos, sociólogos, ecologistas, párrocos, artistas, vecinos, todos a una, convierten la Cañada en un epicentro social.

Algunos vecinos del sector IV llevan más de 30 años viviendo en la Cañada, marcan distancias con la droga y dicen que ellos pagan sus impuestos. No quieren que se les califique de zona marginal ni oír hablar de derribos.
ACCIÓN. Un, dos, tres, responda otra vez. ¿Cómo se llama la última película made in Cañada Real? La hollywoodificación de la Cañada tuvo lugar a mediados del año 2009. Pocas semanas después, la intervención –10 letras, 15 metros de largo, 2,30 de ancho– se vino abajo. Nadie sabe si fue culpa de Lo que el viento se llevó. O si fueron las grúas de derribos. Poco importa. La huella social y el ego creciente de la Cañada han desembocado en un agitado presente de acción. La película del momento, tal vez, podría llamarse Se hace Cañada al andar. Caminante no hay camino, versos de Antonio Machado que la parroquia Santo Domingo de la Calzada recuerda en su blog. Se hace Cañada al andar.
Y es que el no lugar, la ciudad edificada en un camino, ha despertado. Houda, una marroquí de 26 años, capitanea una cooperativa de mujeres que venden dulces en el centro de Madrid. El colectivo de arquitectos ZooHaus desarrolla proyectos de reciclaje cerca del vertedero de Valdemingómez. La parroquia Santo Domingo de la Calzada ultima un centro de formación donde impartirá cursos profesionales a adolescentes. Todo por la Praxis acaba una cartografía de la zona. Los trabajadores de la Asociación El Fanal se esfuerzan en sus clases integradoras para mujeres gitanas y magrebíes. Y hasta el escultor argentino Alejandro Camargo, a través de Arquitectos sin Fronteras, planea levantar una escultura con restos de hierros y basura en la que participarán los vecinos.
12.00 horas. La parroquia de Santo Domingo de la Calzada está en plena ebullición. En su interior, una pizarrita sencilla recuerda un verso de León Felipe: “Hazme una cruz sencilla / carpintero... / sin añadidos / ni ornamentos...”. Fuera de la iglesia, Santiago Cirugeda, el arquitecto sevillano que dirige Recetas Urbanas, comanda la construcción del centro de formación Cañada Real, un proyecto de la parroquia. “Son dos contenedores de barco reciclados. Hormigón pero aligerado con corcho. Queremos demostrar que con poco se puede hacer mucho”, afirma este arquitecto que se hizo célebre por sus azoteas urbanas portátiles. A su lado, Fernando García –75 años, energía frenética– ametralla con su taladradora el contenedor. Fernando hizo trabajo social en India. Al regresar buscó “la Calcuta española”, dice. Y la encontró en la Cañada.
Y es que el no lugar, la ciudad edificada en un camino, ha despertado. Houda, una marroquí de 26 años, capitanea una cooperativa de mujeres que venden dulces en el centro de Madrid. El colectivo de arquitectos ZooHaus desarrolla proyectos de reciclaje cerca del vertedero de Valdemingómez. La parroquia Santo Domingo de la Calzada ultima un centro de formación donde impartirá cursos profesionales a adolescentes. Todo por la Praxis acaba una cartografía de la zona. Los trabajadores de la Asociación El Fanal se esfuerzan en sus clases integradoras para mujeres gitanas y magrebíes. Y hasta el escultor argentino Alejandro Camargo, a través de Arquitectos sin Fronteras, planea levantar una escultura con restos de hierros y basura en la que participarán los vecinos.
12.00 horas. La parroquia de Santo Domingo de la Calzada está en plena ebullición. En su interior, una pizarrita sencilla recuerda un verso de León Felipe: “Hazme una cruz sencilla / carpintero... / sin añadidos / ni ornamentos...”. Fuera de la iglesia, Santiago Cirugeda, el arquitecto sevillano que dirige Recetas Urbanas, comanda la construcción del centro de formación Cañada Real, un proyecto de la parroquia. “Son dos contenedores de barco reciclados. Hormigón pero aligerado con corcho. Queremos demostrar que con poco se puede hacer mucho”, afirma este arquitecto que se hizo célebre por sus azoteas urbanas portátiles. A su lado, Fernando García –75 años, energía frenética– ametralla con su taladradora el contenedor. Fernando hizo trabajo social en India. Al regresar buscó “la Calcuta española”, dice. Y la encontró en la Cañada.
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