Despertar al margen de la ley
Una superficie de 14,2 kilómetros. Cuatro municipios (Coslada, Madrid, Rivas Vaciamadrid, Getafe), 40.000 almas. La Cañada Real Galiana, una ciudad continua al margen de la ley, está en su año crucial. La Administración prevé regular su suelo. Mientras los políticos buscan soluciones, la sociedad civil se ha adelantado. Arquitectos, sociólogos, ecologistas, párrocos, artistas, vecinos, todos a una, convierten la Cañada en un epicentro social.

La parroquia de Santo Domingo ha promovido un centro de formación profesional que intentará suplir en parte la falta de equipamientos públicos y ofrecer alternativas de futuro a los jóvenes marginales
Razones no le faltan. La parroquia está rodeada de jeringuillas. Unos metros más abajo, varias personas duermen entre cartones. De vez en cuando, aparece algún toxicómano caminando a trompicones. Las cundas –coches cargados de drogadictos– llegan constantemente desde el centro de la ciudad. “La situación, en este tramo, no puede ser peor. El centro de formación dará una alternativa a los adolescentes de la zona”, asegura Paco Pascual. Este hombre –64 años, barba blanca, mirada bondadosa– coordina buena parte de la actividad de la parroquia. “Brindamos ayuda a todo el sector VI. También a El Gallinero, un poblado chabolista de población rumana asociado a los problemas de la Cañada. En septiembre empezaremos a impartir en el centro un taller de apoyo a madres adolescentes”, matiza Paco.
Martillazos, taladradora, risas. La construcción avanza. Falta apenas la pintura. Y el techo. Santiago Cirugeda y Diego Peris, representantes de los dos colectivos encargados de construir el centro de formación, dirigen la operación. La convocatoria de voluntarios ha sido un éxito. Una veintena de personas trabaja al unísono. Los arquitectos Carlos García y Álvaro Aparicio, del colectivo Morula, echan un cable con la estructura. Ana Rubio, una estudiante de Arquitectura de 20 años, coge la brocha. Xavi Freire, un estudiante de Medicina que ya había patrullado la Cañada con la organización Aldea Global, da una segunda capa de rojo. La socióloga peruana Francesca Emanuele ayuda en lo que puede: “Cualquier iniciativa así puede ayudar a desestigmatizar la zona”.
CAÑADA FRAGMENTADA. 16.00 horas. Descanso. Santiago Cirugeda sugiere comer algo en un bar, en la frontera de Rivas Vaciamadrid y la Cañada, al otro lado de la A-3. Acelerador, descampados, freno. Dentro del bar, el paisaje tras la batalla: servilletas en el suelo, humo, máquinas tragaperras, suciedad. Dos hombres hablan en árabe al final del bar. Otros, en rumano. Diego Peris, confiesa que Todo por la Praxis puso en marcha el proyecto Sin Estado, en el que se enmarcan las letras hollywoodienses y el centro de formación, en octubre del 2007. Fue entonces cuando la Cañada irrumpió en los medios.
El intento de derribo de la casa del marroquí Abdul Ghalian, en el sector V, acabó en una batalla campal: 41 vecinos y 30 policías heridos. “Aquel hecho despertó nuestra curiosidad. Antes, nadie hablaba de la Cañada”, afirma Diego. Cirugeda, en el microcosmos del bar, explica que se unió al proyecto Sin Estado porque la Cañada es el lugar perfecto para una “arquitectura social puesta al servicio de una sociedad que se organiza al margen del poder”.
Desde entonces, el proyecto orgánico Sin Estado ha avanzado sin prisa pero sin pausa. Primero, un maratoniano proyecto cartográfico abordado desde diferentes disciplinas y con un fuerte componente social. Todo por la Praxis hizo una tipología de los 16 tipos de viviendas existentes. Y retratos de todos los colectivos étnicos. “En la Cañada no puedes hacer un estudio urbanístico sin tener en cuenta la sociología del lugar”, asegura Diego Peris. Después, las letras a lo Hollywood y una oficina de asesoramiento para dar respuesta a la situación de indefensión de los habitantes de la Cañada. El centro de formación suplirá parte de la carencia de equipamientos públicos. Y es que a la Cañada le están saliendo muchos dueños. “Los desahucios y derribos son el pan nuestro de cada día. Los desarrollos urbanísticos de Los Berrocales, Valdecarros, Cañaceral, Los Ahijones y Los Cerros, son una gran presión”, matiza Diego.








