02/11/2008

MIT laboratorio de grandes ideas

Texto de David Dusster
Fotos de Xavier Cervera
Algunos de los que imaginan el futuro trabajan e investigan en el MIT. Coches apilables como carros de compra, bacterias para convertir luz en combustible y prótesis robóticas. Miles de talentos reunidos en Boston.
Israel Ruiz, vicepresidente financiero del MIT, posa frente al edificio 32, conocido como Stata Center y diseñado por el gabinete de arquitectura de Frank Gehry
El frío llega en otoño a Boston, y en invierno la nieve suele cubrir la avenida de Massachusetts, donde está la entrada principal del MIT, muy cerca del puente Harvard, que cruza el río Charles. Juan Monter, Cristina Purón, Teresa Fernández y Álex Benarroch, cuatro estudiantes españoles del Instituto Químico de Sarrià que realizan el trabajo final de carrera con un proyecto de investigación en el MIT, aprovechan la inmersión estadounidense conviviendo en casas de familias americanas y disfrutando de especialidades locales como las alitas de pollo. “La calidad de la enseñanza no es tan diferente de la que recibimos en España, aunque tal vez las clases son más dinámicas y participativas”, opina el barcelonés Álex Benarroch.

“Aquí lo que sí se nota es que los estudiantes gestionan sus carreras desde el principio, desde el primer curso ya están enfocando sus intereses profesionales”, añade el aragonés Jacinto Purón. “A mí a veces me da la sensación de que saben aprovechar el tiempo mucho más, siempre tienen horas para jugar al fútbol o hacer otras actividades”, apostilla la castellonense Cristina Purón. Todos coinciden en que se valora más el resultado que el horario, aunque se exige responsabilidad. “Si tenemos muestras de laboratorio que tenemos que vigilar cada día, también hay que montar guardia los fines de semana”, explica la gallega Teresa Fernández. Según cuentan, se prioriza la evaluación continua a través de trabajos y prácticas de laboratorio, y los exámenes no son tan duros.

“Los estudiantes prestan atención en la clase y apenas toman apuntes, se dedican a escuchar, hacen preguntas y se hacen notar”, explica Mercedes Balcells, profesora e investigadora de biomedicina y codirectora del programa MIT-España, que intenta promocionar el acceso de alumnos españoles al campus de Boston y favorece acuerdos de colaboración como los firmados con las universidades de Navarra y de Zaragoza. “En el MIT hay un círculo virtuoso, el profesorado es muy bueno y puede que el que esté dando la clase sea el que ha escrito el manual de referencia de la asignatura, los recursos materiales también son de mucha calidad, y las empresas están al acecho y reclaman a los estudiantes”, analiza Balcells.

Los profesores del MIT, cuyo salario oscila entre los 80.000 dólares de un principiante y los 500.000 de un premio Nobel, tienen una carga lectiva menor que sus colegas españoles, pueden dedicar mucho tiempo a la investigación y a la supervisión de los grupos en lugar de tener que corregir cientos de exámenes. Jesús del Álamo, de 50 años, catedrático de Telecomunicaciones, da cuatro horas de clase por semana. Licenciado en la Politécnica de Madrid, realizó el doctorado en la Universidad de Stanford (California), trabajó dos años en Tokio en la compañía telefónica japonesa NTT y luego llegó al MIT. “Aquí gozas de mucha autonomía e independencia, no tienes un jefe directo, te encargas de montar un laboratorio y triunfas o te estrellas”, afirma Del Álamo, responsable de los laboratorios de Tecnología de Microsistemas y que está explorando las posibilidades de los laboratorios por internet.

Israel Ruiz, de 36 años, se licenció en Ingeniería Industrial por la Politècnica de Catalunya y trabajó para Nissan y Hewlett-Packard antes de ir a hacer el doctorado de Gestión en el MIT con una beca de La Caixa. Se graduó en el 2001 y desde entonces ha permanecido en la institución, hoy como vicepresidente económico, número 3 de la directiva del centro. “El modelo educativo empieza en la junta de gobierno, la industria está involucrada y aporta talentos que pasan a ser profesores, y eso no ocurre en España, donde la universidad es un mundo endogámico”, apunta Ruiz, que maneja el presupuesto de una entidad superior en tamaño al de una empresa mediana española aunque recuerda que el MIT no tiene ánimo de lucro y, si genera superávit, se revierte en el endowment, el fondo de financiación propio, que también recibe millonarias donaciones. “Aunque, en mi opinión, el problema de España en cuanto a tecnología es que no hay un plan a largo plazo, no existe una visión a diez o veinte años vista, y cada gobierno que entra se dedica a destruir los planes del anterior.”
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de: Manel Leiva | 27/04/2009
¡Me encanta! Esto es pensar en el futuro y dejarse estar de la mediocridad que supone los condicionantes de día a día.
de: Maria | 18/11/2008
José Mª. Batalla: desengáñate. En nuestra España la investigación, la iniciativa, la bùsqueda de la excelencia está severamente castigada. Aquí se premia la mediocridad, rollo "si yo soy mediocre, tú también estás obligado/condenado a serlo". Lo que hay, como las lentejas...
de: Natalia | 11/11/2008
MIT, el sitio donde nunca estaremos.
de: José Mª Batalla | 02/11/2008
Después de leer el interesantísimo reportaje del Magazine sobre MIT, uno se pregunta por qué no tenemos centros de innovación de este tipo en España. Adelantarse al futuro, conocer y estudiar las tendencias es una base no sólo cultural de enfocar el progreso de una sociedad sino también una fuente impresionante de oportunidades de negocio .

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20 de mayo
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