11/01/2009
Viajeros al espacio
Texto de María del Mar Rodríguez
Entre el desierto de Mojave y el 6 de la calle Half Moon de Londres se trama un sueño espacial: un paseo por el espacio de dos horas y media por 200.000 dólares. Puede ocurrir a finales del 2010 y ya hay doce reservas en España. Galactic Virgins quiere además entrenar a astronautas, lanzar satélites baratos y volar saliendo de la atmósfera para saltar de un continente a otro.

Recreación virtual de la SpaceShipTwo, la nave que inaugura la era del turismo espacial
Londres. Barrio de Mayfair. 6, Half Moon Street. El inmueble pasa inadvertido a los ojos del paseante. Nada en el exterior invita a pensar que en este pequeño edificio victoriano germinan las semillas del futuro. El interior tampoco guarda sorpresas. El cuartel general de Virgin Galactic se asemeja más a un elegante pero anodino despacho de abogados que a Cabo Cañaveral. Tal vez para no defraudar las expectativas del visitante con imaginación, unos vistosos pósters de sus naves espaciales decoran las paredes desnudas de unas oficinas donde trabajan no más de veinte personas. Dentro del pequeño ascensor alguien ha colocado unas figuritas de la misión del Apolo 11 tipo Playmobil; también está el Yoda. Este minúsculo detalle parece revelar el espíritu poco convencional de quienes se aventuran a hacer fortuna en el espacio, ajenos al encorsetamiento paralizante de la NASA y a la vieja burocracia soviética. Will Whitehorn, presidente de la compañía, obedece al arquetipo de emprendedor sin corbata de la era Gates. Hombre de confianza del magnate Richard Branson en su vasto conglomerado empresarial, este escocés que todavía no ha cumplido los cincuenta comparte con su jefe carisma, entusiasmo y una indudable visión romántica del espacio.
6 Half Moon Street no es 47 Saville Road, donde Julio Verne situó la residencia londinense de su célebre viajero, pero sin duda goza de cierta aureola de fábrica de sueños arriesgados que trasciende con mucho el significado de lo que allí se vende. El producto de Virgin Galactic no es otro que un pasaje para la excursión más cara y extraordinaria de la historia que podrá realizarse a finales de este año o quizá en el 2010. Un paseo por el espacio de dos horas y media con la posibilidad de experimentar la gravedad cero y contemplar la curvatura de la Tierra por el precio de 200.000 dólares. Pero hay algo difícil de describir en las oficinas de Virgin Galactic que va más allá de esa imagen de atracción de feria para ricos que, seguramente de forma justificada, pesa sobre el turismo espacial. El número 6 de la calle de la Media Luna parece formar parte de un hilo imaginario que pasaría por Saville Road, la Real Sociedad Geográfica y otros escenarios londinenses que hicieron posibles las gestas de Scott, Shackelton o Livingston. A Fileas Fog le hubiera gustado comprobar que Inglaterra todavía es capaz de soñar el futuro sin dejar de tomar el té de las cinco.
Tal y como lo cuenta Will Whitehorn, ese futuro se nutre no sólo de nuevos prodigios de la técnica e importantes cantidades de dinero. También de lunas reales, imaginadas y sobre todo televisadas. El nombre de la calle donde trabaja diariamente este hombre enérgico aficionado a la horticultura es más que revelador. “Esta es la aventura de la generación que vio la llegada del hombre a la Luna por la televisión y que oyó decir a sus padres: ‘Algún día vosotros iréis allí’. Virgin Galactic es el resultado de los sueños de una generación marcada por una imagen tan poderosa.” Pero el futuro no llegó tan rápido como pensaron los niños que crecieron en los albores de la era espacial. La posibilidad de recuperar el tiempo perdido les viene ahora de la mano de un pequeño pero dinámico grupo de empresas que pretenden llevar sus actividades más allá de la línea Kármán, la frontera espacial, Eldorado de nuestro tiempo. Virgin, Space Adventures, Bigelow Aerospace, Blue Origine, Armadillo, entre otras, protagonizan esta nueva carrera espacial que ya empieza a dar sus frutos. Sus fines y objetivos varían tanto como sus estrategias; algunas actúan de una manera tan secreta que ni si quiera desvelan detalles de su logotipo y otras cuentas con las dosis de marketing a la altura de sus mediáticos fundadores.
6 Half Moon Street no es 47 Saville Road, donde Julio Verne situó la residencia londinense de su célebre viajero, pero sin duda goza de cierta aureola de fábrica de sueños arriesgados que trasciende con mucho el significado de lo que allí se vende. El producto de Virgin Galactic no es otro que un pasaje para la excursión más cara y extraordinaria de la historia que podrá realizarse a finales de este año o quizá en el 2010. Un paseo por el espacio de dos horas y media con la posibilidad de experimentar la gravedad cero y contemplar la curvatura de la Tierra por el precio de 200.000 dólares. Pero hay algo difícil de describir en las oficinas de Virgin Galactic que va más allá de esa imagen de atracción de feria para ricos que, seguramente de forma justificada, pesa sobre el turismo espacial. El número 6 de la calle de la Media Luna parece formar parte de un hilo imaginario que pasaría por Saville Road, la Real Sociedad Geográfica y otros escenarios londinenses que hicieron posibles las gestas de Scott, Shackelton o Livingston. A Fileas Fog le hubiera gustado comprobar que Inglaterra todavía es capaz de soñar el futuro sin dejar de tomar el té de las cinco.
Tal y como lo cuenta Will Whitehorn, ese futuro se nutre no sólo de nuevos prodigios de la técnica e importantes cantidades de dinero. También de lunas reales, imaginadas y sobre todo televisadas. El nombre de la calle donde trabaja diariamente este hombre enérgico aficionado a la horticultura es más que revelador. “Esta es la aventura de la generación que vio la llegada del hombre a la Luna por la televisión y que oyó decir a sus padres: ‘Algún día vosotros iréis allí’. Virgin Galactic es el resultado de los sueños de una generación marcada por una imagen tan poderosa.” Pero el futuro no llegó tan rápido como pensaron los niños que crecieron en los albores de la era espacial. La posibilidad de recuperar el tiempo perdido les viene ahora de la mano de un pequeño pero dinámico grupo de empresas que pretenden llevar sus actividades más allá de la línea Kármán, la frontera espacial, Eldorado de nuestro tiempo. Virgin, Space Adventures, Bigelow Aerospace, Blue Origine, Armadillo, entre otras, protagonizan esta nueva carrera espacial que ya empieza a dar sus frutos. Sus fines y objetivos varían tanto como sus estrategias; algunas actúan de una manera tan secreta que ni si quiera desvelan detalles de su logotipo y otras cuentas con las dosis de marketing a la altura de sus mediáticos fundadores.

En las imágenes puede verse una recreación virtual del puerto espacial y una vista cenital del diseño.

La nave espacial es primero transportada hasta una altitud de 15 km por la nave nodriza WhiteKnight-Two. Al llegar a la altura designada, la nave SpaceShipTwo se suelta de su nodriza, enciende su motor cohete y asciende en pocos minutos hasta los 110 km de altitud, es decir, volará fuera de la atmósfera. Los turistas podrán experimentar durante cinco minutos la ingravidez y contemplar la curvatura de la Tierra. El interior de la nave ha sido ampliado de tal modo que los pasajeros puedan
flotar durante este breve lapso. La nave regresa a la Tierra durante unos segundos en caída libre –momento en el que los pasajeros experimentarán una aceleración de hasta 6G– y alcanza el puerto espacial planeando. La nave nodriza ya ha empezado los ensayos en tierra y tiene previsto realizar 200 vuelos de prueba antes de comenzar los vuelos con pasaje, lo que tendrá lugar a finales de este año o en el 2010. Su frecuencia será inicialmente semanal para llegar posteriormente, según las previsiones de Virgin, a dos vuelos diarios.de: José María Madrigal | 13/01/2009
Enhorabuena por este estupendo reportaje. Me han parecido muy bien traídas las referencias al gran Verne, es una historia digna de él. Y, siendo más prácticos, no creo que llegue a viajar al espacio, pero sí que me gustaría poder llegar a Australia en un par de horas.
de: Jose Roure | 11/01/2009
Soy piloto agricola-retirado. Mi especialidad de vuelo era de entre 1 metro a 25 metros de altura, con una velocidad maxima de 130 km por hora.Y ver que uds. vuelan tan rápido y tan alto y con estos emprendimientos realmente me llena de alegría y me apasiona la idea. Espero logren sus objetivos y pueda yo un día usar estas naves fantásticas, les deseo la mayor suerte del mundo para que sus proyectos se hagan realidad.







