03/06/2007

Viaje al futuro: Microsoft

El cerebro que nos cambió la vida

Texto de David Dudster
Fotos de Xavier Cervera
Un espacio idílico entre bosques es el escenario en el que se piensa el porvenir. En la sede de Microsoft de Redmond se estudia ahora cómo se usará el móvil en el futuro para controlar el correo electrónico y la nevera, se preparan las nuevas pantallas y se diseña la casa y la ofi cina que vienen. Allí, donde trabajan más de cincuenta españoles, se indaga software sin límites
1.Uno de los autobuses que enlazan los edifi cios del complejo de Microsoft en Redmon
2.La pasada TechFest, donde se presentan las novedades del año
En las paredes de la casa futura se alternarán fotos personales o reproducciones de obras de arte, y los cuentos sonarán y se proyectarán al leerlos.
La casa del futuro
Dos de las salas de acceso más restringido, y vetado para los fotógrafos, son la Casa y la Oficina del Futuro, donde Microsoft experimenta con prototipos útiles para la vida digital que postula Bill Gates. En la Casa del Futuro, los vecinos dejan correo electrónico en el buzón, las paredes dialogan con el inquilino, unas lámparas en forma de globos se iluminan cuando algún miembro de la familia está conectado a internet o localizable en el móvil, el magneto de una pizzería en la nevera parpadea para informar de que ya puede facilitar las ofertas del día y un ordenador de cocina busca la receta elegida, proyecta en la repisa los ingredientes necesarios y los pasos que seguir para cocinarlo y comprueba que en la nevera o la despensa no falten esos ingredientes. Los pósters y los cuadros desaparecen. La decoración se vuelve digital.

En las paredes se alternan fotografías personales, reproducciones de obras de arte o retratos de los ídolos que los adolescentes antes colgaban con chinchetas. Y los cuentos para niños son virtuales: cuando el padre lee en el salón que un teléfono suena, sonará un teléfono, y si lee que un gato salta sobre la luna, en la pared se proyectará esa escena. La Oficina del Futuro confirma la triple pantalla y desarrolla el concepto de movilidad virtual. Excepto para ir al baño, no hará falta levantarse para nada, y en las reuniones saldrá caro echar una cabezada, pues la sala estará dotada de cámaras que enfocan a quien toma la palabra y dan una panorámica general. La pantalla divide los espacios de lectura y de escritura, y hasta 20 personas pueden hablar sobre un informe a la vez que se redacta.

Y, por supuesto, el móvil puede ser contestado desde la pantalla, con " ltro de prioridades para llamadas y correos. Los avances y novedades no tan a largo plazo que elabora MSR se presentan en la TechFest, la feria anual que Microsoft organiza a escala interna desde el 2001. El Magazine fue el único medio español autorizado a asistir a la TechFest de marzo pasado, instalada en la sala ejecutiva, en cuya entrada hay un bloque de hormigón del muro de Berlín, regalo de la empresa automovil ística Daimler Benz a Bill Gates. En esa edición se presentó el World Wide Telescope, un instrumento para explorar el " rmamento desde el PC, y un prototipo de espejo que recuerda lo que ve y puede informar de la última vez que esa persona posó ante él. La investigadora española Nuria Oliver presentó en la TechFest sus progresos en un controlador de la apnea del sueño desde un teléfono móvil que monitoriza las horas en que el enfermo duerme, y el teléfono como entrenador personal.

Oliver, que sue- ña con el ordenador inteligente, ha ganado una de sus 19 patentes con su hallazgo de cómo la música in" uye en la prestación deportiva. Sus estudios demuestran que el atleta aumenta el esfuerzo cuando la música acelera el ritmo, y a partir de eso está elaborando un programa que sugiere la canción que escuchar para alcanzar el rendimiento deseado e informar de cuándo se va por debajo o por encima del objetivo " jado. Nuria Oliver, doctorada en el selecto Instituto de Tecnología de Massachussets (MIT), está especializada en inteligencia perceptual, y su afán es conseguir que el ordenador "tenga acceso al mundo que lo rodea, que sea capaz de inferir qué tarea estás haciendo, que reconozca las expresiones faciales para saber si estás triste o eufórico". Oliver está convencida de que el ordenador principal del futuro "será el teléfono móvil pues es un aparato que está siempre contigo y tiene acceso a tu contexto". Mientras se escribe el futuro, el museo corporativo de Microsoft recuerda con un póster de cartón recortado las siluetas de los once empleados "incluidos Gates y Paul Allen" que se trasladaron desde Albuquerque a Redmond en 1979 y que dirigieron la empresa donde tomó forma el mundo de la informática. Las pautas que marcó Microsoft crearon escuela para lo bueno y lo malo entre las compañías del sector.

Las torturantes entrevistas de selección de personal y las estrategias agresivas, escrutadas y sancionadas tanto por la Administración estadounidense como por la Comisión Europea, han pasado a la posteridad. Microsoft ha acumulado multas multimillonarias por prácticas de abuso monopolístico; sus detractores le acusan de poca capacidad de innovación y de vincular el funcionamiento de aplicaciones a sus sistemas operativos para aplastar a sus rivales. El negocio del software, que va a impregnar todos los ámbitos en el futuro, todavía desconoce sus límites.
El paseo de la fama tiene baldosas que recuerdan cada lanzamiento comercial.
Españoles en el corazón de la informática
“La única gente que habla mal de Microsoft es la que no trabaja dentro, pero creo que la imagen ha mejorado gracias a la filantropía de Bill Gates”, opina Nuria Oliver, siete años en Microsoft. En calidad de investigadora, Nuria Oliver envía artículos con sus conclusiones a Gates, quien todavía consagra dos semanas al año a leer y contestar ese tipo de estudios. Buenos sueldos, primas adicionales como seguros médicos en un país donde la seguridad social no es universal, y el ambiente desenfadado son alicientes que compensan “la lluvia cojonera” de Seattle, como la defi ne Jorge Pereira, programador del servidor Exchange para internet y otro de la cincuentena de españoles que trabajan en Redmond. Lleva ocho años y medio en Microsoft y se perdió el boom bursátil que enriqueció a muchos empleados. “Aquí te dan libertad, pero también te exigen, y cuando hay plazos que cumplir puedes acabar haciendo jornadas de 16 horas”, añade Pereira.

“Trabajar aquí es como jugar en la NBA, porque estás junto a los mejores cerebros de la informáti ca”, apunta el andaluz Rafael Ballesteros, probador de desarrollo de software, tres años en Redmond. Ballesteros valora el entorno cosmopolita de Microsoft: “Mi jefa es china, y tengo un compañero de India y otro de Canadá”. Ballesteros y Pereira sufrieron en las entrevistas previas a la contratación, pero como los contenidos de éstas son secretos, se limitan a decir que fueron “duras”. Las preguntas en la selección de personal, capciosas y destinadas a probar la templanza y el ingenio –por ejemplo, ¿de qué estado de Estados Unidos prescindirías?– han obtenido tanta fama que han acabado siendo copiadas por los cazatalentos de ejecutivos.

Algunos añoran España. Otros, como el experto en reconocimiento del lenguaje Álex Acero, de 45 años, con dos hijos y casado con una estadounidense, han echado raíces. Acero se distrae tocando el piano en su mansión de fachada helenística en una urbanización en las afueras de Redmond. Pero todos participan de la nueva versión del sueño americano, la experiencia de escribir la vida digital.
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