07/10/2007

Viaje al futuro IV

La vida electrónica

Texto de David Dusster
Fotos de Xavier Cervera

Japón es el paradigma de la vida electrónica. Algunas de sus empresas más poderosas acaparan con sus productos buena parte del mercado de la electrónica de consumo, sus ciudadanos están cada vez más atrapados en las redes de internet, y no dejan de llegar nuevas propuestas audiovisuales. La serie Viaje al futuro visita en esta ocasión Japón y se adentra en algunas de las apuestas de futuro de más interés.

De noche, los neones y las proyecciones se adueñan del barrio de Akihabara,el área de la electrónica de Tokio, donde se puede conseguir cualquier  producto del sector y donde las tiendas centellean en la noche y el atiborramiento de los comercios parece una reminiscencia de los antiguos bazares orientales.

En la casa del futuro desaparecen las llaves. Para franquear la puerta se precisa un aparato que reconoce el iris ocular y un teléfono móvil que contiene los datos de las personas con derecho a entrada. En el interior de la Eco & UD House de Tokio existen sensores que activan luces y sistemas de aire en función de la detección de personas y de la hora del día, pero la presencia más relevante e ineludible es la pared digital del salón de estar, un televisor de plasma de 103 pulgadas, o, lo que es lo mismo, una pantalla con una diagonal ligeramente superior a los dos metros y medio.
Esa es al menos la visión sobre el hogar del futuro que está desarrollando Panasonic, uno de los gigantes de la electrónica de consumo japonesa. “La televisión será una ventana a la vida muy importante”, recuerda a modo de eslogan Joe Tsuchiya, jefe para Europa de la división de comunicaciones de Panasonic en Japón.
El panel colosal no es un televisor cualquiera. Es una agenda y un directorio, un monitor de navegación por la web y un dispensador de televisión y vídeo a la carta, una radio que emite las noticias sobre los temas favoritos del dueño, un programador de la calefacción o el aire acondicionado que además puede informar de forma simultánea del gasto eléctrico de todos los aparatos de la casa, y un controlador de seguridad que graba en vídeo a todo aquel que intente entrar sin estar en el registro de iris y que incluso puede emitir en directo el recorrido de los hijos hacia o desde la escuela. “Estas pantallas grandes van a cambiar la forma en que se comunica la gente”, opinan los gerentes de Panasonic, aunque Tsuchiya reconoce que “si hablas con fabricantes de ordenadores, te dirán que la clave del futuro es el ordenador, pero para nosotros el ADN será el televisor”.
Sea primero el televisor o el ordenador, en el futuro convergen la informática y la electrónica y, por lo tanto, se atisba una guerra comercial por mercados hasta ahora más divergentes. Pero esa concentración de funciones no acarrea una eliminación de aparatos. Al contrario, éstos proliferan: la pared digital deviene el cerebro de la vivienda y el asistente personal de los ocupantes, pero luego existen otras pantallas subsidiarias. Por ejemplo, un terminal pequeño en la cocina como apoyo para elaborar platos y saber qué ingredientes lleva cada receta además de conocer si la lavadora o el lavavajillas están funcionando y qué consumen. Otra pantalla de tamaño medio en el despacho, operativa gracias al reconocimiento de voz y que permite una videoconferencia desde casa. Y, finalmente, un panel grande en la sala de cine, una habitación en la que el sonido y la luz se ajustan al gusto preseleccionado en cuanto comienza la sesión.
Panasonic denomina a ese prototipo de vivienda, de 262 metros cuadrados repartidos en dos plantas y valor incalculable si se pusiera en el mercado japonés, Eco & UD House, para hacer hincapié en los aspectos ecológicos (Eco) y de diseño universal (siglas UD en inglés), o cómo conseguir que los electrodomésticos sean fáciles de utilizar para la mayoría. Por eso los botones son de tono amarillo, el color que mejor distingue el ojo humano incluso cuando se padece de cataratas.
Panasonic es conocida en Europa como una marca de electrónica, pero en realidad pertenece al conglomerado fundado por Konosuke Mat­su­shi­ta en 1918. El grupo Matsushita es, según el índice del 2006 de la revista Fortune, la sexta empresa más grande de Japón, con unos ingresos de 78.558 millones de dólares y una plantilla de 394.402 empleados, y la cuarta del mundo en el sector electrónico y de equipamientos eléctricos, sólo superada por la alemana Siemens, la japonesa Hitachi y la coreana Samsung.

Una joven descansa y prueba un nuevo modelo de masaje de pies en un centro de la cadena Yodobashi, en el barrio de Akihabara. Los japoneses presumen de que es la tienda de electrónica más grande del mundo.

La convergencia de la informática y la electrónica permitirá dividir las pantallas de televisión para navegar por internet mientras se ve una película.
Matsushita Electrical Industries tiene tantas divisiones y fabrica productos de tantos sectores que alardea de ser la única empresa capaz de construir la casa y de suministrar todo su contenido.
Sin embargo, la Eco & UD House tiene la limitación de que todavía es un prototipo, una guía para seguir investigando. El futuro se intuye, pero todavía hay muchos debates por resolver, como si se impondrá el Blue Ray o el disco de alta definición como sucesor del DVD o si las pantallas de plasma superarán a las de cristal líquido LCD o a tecnologías incipientes como la SCD. Las grandes compañías de electrónica han deslocalizado parte de su producción, pero los sectores sensitivos y los departamentos de investigación y desarrollo siguen confinados en Japón. Un coloso como Sony, que ha sufrido problemas derivados de su gigantismo pero que continúa siendo la séptima empresa más voluminosa del país, destina más del equivalente al 7% de sus ventas a la investigación en Japón, y eso significa que, sólo en electrónica, invierte 418.100 millones de yenes (2.600 millones de euros).
La convergencia de la informática y la electrónica se aprecia en el showroom de Sony en el complejo comercial Aqua City de Odaiba, en la bahía de Tokio, donde la empresa tiene un museo de exploración de la ciencia dedicado básicamente al público infantil. Frente a una pantalla Bravia de 50 pulgadas, con LCD, una de las apuestas de Sony junto al Blue Ray y las consolas PlayStation, una pareja pasa la tarde de un sábado mirando la última entrega de Spider-man. Otra pareja se ha dividido la pantalla y mientras ella mira una película, él navega por internet. Al lado del televisor hay una cápsula redonda blanca, como si fuera un tocador, que contiene el secreto de esta propuesta multimedia: la TV Side PC, el ordenador compatible. Según un portavoz de Sony contactado por el Magazine, las líneas clave de investigación pasan por el perfeccionamiento de los circuitos integrados de gran escala y los componentes básicos de la alta definición: “El mundo de alta definición es uno de los conceptos básicos de Sony”.
De la casa del futuro al cubículo del presente. Yoshiaki Toba vive en un apartamento alargado de dos habitaciones en las afueras de Tokio que responde a la idea de piso bonsái. No hay paredes correderas de papel como marca la tradición ni separación entre el salón dormitorio y la cocina despacho, pero el televisor, un Pioneer de plasma de 42 pulgadas, sobresale junto a la cama. Toba trabaja en Pioneer seis días a la semana, vive solo y ve películas de acción y documentales de naturaleza, aunque eso lo confiesa cuando no está frente a su jefe, pues quedaría mal decir que tiene tiempo para ver la tele.

La ropa y los peinados son señas de identidad de los jóvenes japoneses, que han perdido la seguridad laboral de la que disfrutaban las generaciones anteriores.

De la casa del futuro al cubículo del presente. Yoshiaki Toba vive en un apartamento alargado de dos habitaciones en las afueras de Tokio que responde a la idea de piso bonsái. No hay paredes correderas de papel como marca la tradición ni separación entre el salón dormitorio y la cocina despacho, pero el televisor, un Pioneer de plasma de 42 pulgadas, sobresale junto a la cama. Toba trabaja en Pioneer seis días a la semana, vive solo y ve películas de acción y documentales de naturaleza, aunque eso lo confiesa cuando no está frente a su jefe, pues quedaría mal decir que tiene tiempo para ver la tele.
Toba pertenece a la generación de treintañeros que, en la nueva realidad laboral japonesa, debe ascender por méritos y no tiene garantizado de por vida su empleo, como sucedía en los años de bonanza, cuando la empresa era como una parte más de la familia. A cambio, disfruta de más tiempo libre, aunque sus vacaciones más recordadas fueron de… cuatro días en la isla tropical de Okinawa. Las casas japonesas suelen ser un coto cerrado a los visitantes e incluso a los amigos más íntimos y por eso suelen estar desordenadas. La de Yoshiaki no es una excepción. Los esquís del recibidor casi entran en la cocina, donde no falta el hervidor de arroz, el electrodoméstico más común en Japón. Si se cocina, no se puede utilizar el ordenador a la vez porque no hay espacio. Y la pantalla del televisor queda a menos de dos metros de un sofá de dos plazas tapado con una sábana blanca. El pasillito entre el sofá y el televisor permite acceder al camastro. La casa de Toshiaki Toba evidencia la preponderancia de la electrónica y remite al debate sobre el límite de las pantallas. “Cincuenta o sesenta pulgadas son suficientes, lo importante es perfeccionar la producción, pues un televisor de alta definición de plasma con una resolución de 1080 tiene más de un millón de píxeles, y eso es un reto en el que la nanotecnología tiene mucho que aportar”, valora Akio Ohmachi, jefe del departamento de planificación de pantallas de plasma de Pioneer.
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de: CATALINA OSPINA | 27/06/2008
JAPON ES LO MEJOR Y TENDRIA QUE HACERLO IR ALLA. ES UN LUGAR ESTUPENDO.
de: Ricardo Chaux | 03/05/2008
Les recomiendo información sobre mercados de alta tecnología pantallas gigantes en sus paredes para un ambicioso proyecto en Colombia.
de: José Angel Menéndez Fernández | 07/10/2007
Media hora en Akihabara basta para darse cuenta de cuál es el futuro de Japón. Un futuro de neones y videoconsolas, cimentado en la pérdida de tradiciones y adolescentes sin cerebro. Un alto precio a pagar por mantenerse a la cabeza de las economías mundiales. Olvídense de Tokyo, viajen a Kyoto y sueñen con épocas de samurais pasadas en el Kiomizu's Temple. Duerman sus espaldas en un banco del Sorakuen's Garden de Kobe y escuchen el chapoteo de sus carpas. Acérquense al Hammamatsu Castle y huelan el olor de sus jardines...obtengan sensaciones que la tecnología nunca podrá darles, y que sus mentes nunca olvidarán. Ese es el Japón a recordar, y el Japón a adorar.
30 de noviembre
30 de noviembre

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