Salud / Belleza 
28/09/2008

Piel nueva

Texto de Àngels Marín

En cuatro pasos
1. Empezar la exfoliación con un cosmético o un método tradicional (lufa, guante de crin...) por los pies, con movimientos circulares, y seguir ascendiendo por tobillos y piernas. Pasar a las manos, brazos y hombros y bajar por la espalda. Subir por el torso hasta el corazón.
2. Después de exfoliar el cuerpo, tomar una ducha un punto fría para activar aún más la circulación.
3. Secarse con la toalla sin frotar, con ligeras presiones
4. Por último, hidratar todo el cuerpo con un cosmético adecuado al tipo de piel, las necesidades o los gustos personales.

El paso de una estación a otra suele ser un momento de cambio y adaptación para el organismo, que requiere cuidados especiales para hacer el tránsito sin arrastrar problemas producidos por la temporada anterior y estando en plena forma para aceptar las nuevas condiciones climáticas. Para conseguirlo, uno de los rituales de belleza imprescindibles es la exfoliación, especialmente al pasar del verano al invierno, ya que la piel suele estar dañada, seca y con áreas descamadas después de las exposiciones solares. La exfoliación es justamente la eliminación de las capas más superficiales de la piel, con lo que se consigue que aparezca una piel nueva y brillante, y vale la pena hacerlo  en todo el cuerpo.
La exfoliación limpia en profundidad la piel eliminando la suciedad incrustada en los poros, descama y elimina las células muertas, contribuye a estimular la circulación venosa y de la linfa, con lo que favorece la eliminación de toxinas y proporciona un masaje estimulante.
En casa puede realizarse de forma mecánica, con objetos (lima, lufa, piedra pómez...) o cosméticos (con gránulos más o menos grandes) que rascan y eliminan las capas de piel superficial; o de forma química, básicamente utilizando cosméticos con ácidos como los AHA (alfahidroxiácidos) que queman estas capas externas. Para el cuerpo suelen utilizarse exfoliantes mecánicos, mientras que en el rostro se usan ambas fórmulas, dependiendo del tipo de piel y las necesidades. Las secas, por ejemplo, aceptan mejor las exfoliaciones químicas, mientras que en las pieles grasas y acneicas los medios mecánicos arrastran la suciedad de los poros con eficacia. De todas formas, hay que escoger bien el cosmético, ya que algunos gránulos son excesivamente grandes y pueden incrustarse en los poros, obturándolos.
Tanto el guante de crin como la lufa (esponja vegetal) son productos naturales de fibras finas, resistentes y suaves, que pueden ser utilizados en seco, antes de la ducha, o durante el baño. La piedra pómez y las limas son adecuadas sólo para los pies. En esta zona y en manos, codos y rodillas, también son eficaces cosméticos exfoliantes de gránulos grandes como los que llevan sales o azúcares y que, además, suelen tener ingredientes hidratantes y nutritivos, como aceites y mantecas. En cambio, para el resto del cuerpo, este tipo de exfoliante puede ser demasiado agresivo, y son más convenientes los exfoliantes de gránulos pequeños o que combinen acción mecánica y química y que suelen aplicarse como si fueran jabones de ducha.
El mejor momento para realizar una exfoliación es por la mañana, ya que es muy tonificante. Después, hay que aplicar siempre un cosmético hidratante o nutritivo.
Hay que tener mucho cuidado con las exfoliaciones y no realizarlas en exceso. No hay que olvidar que se eliminan capas de piel y, aunque la nueva aparezca rosada y brillante y, por tanto, rejuvenecida, no deja de ser una acción agresiva.
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30 de noviembre
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