28/06/2009

El motor de la bici

Texto de Suso Pérez
Fotos de Annie Leibovitz y Francis Tsang
Existen pocos deportes en los que el cuerpo humano se vea tan exigido como en el ciclismo. La misma práctica deportiva que puede resultar el ideal de actividad saludable es casi una tortura para el organismo conducido a aprovechar sus últimas energías. Y en la cumbre de esa experiencia está el Tour de Francia, como la carrera incomparable. Más allá del dopaje, una práctica que nadie puede creer que sólo exista en el ciclismo, este reportaje profundiza en las respuestas del cuerpo como motor de un vehículo casi perfecto.

El ciclista estadounidense Lance Armstrong, siete veces consecutivas ganador del Tour de Francia, en una imagen tomada por  Annie Leibovitz en 1999

Una bicicleta es un vehículo muy bien diseñado, y altamente perfeccionado en sus versiones más modernas. Y el cuerpo humano que la mueve es un motor de una eficiencia casi asombrosa. Creado para andar y correr, el cuerpo humano evoluciona de una manera relativamente sencilla para convertirse con la bicicleta en una máquina muy perfecta, que despliega unas cifras de velocidad y distancia enormes, en comparación con su rendimiento como bípedo, y con una capacidad de recuperación que le permitiría viajar día tras día de manera casi indefinida. Y no sólo con poco desgaste físico relativo, sino también convirtiendo, de una manera casi paradójica, ese ejercicio incansable en salud y alargando de manera apreciable su propia vida.

Aunque lo anterior parezca un canto ecologista, es una afirmación científica: el ciclismo es una actividad que favorece decisivamente el metabolismo. Grasas, colesterol, sobrepeso, ritmo cardiaco..., todos los fantasmas de la vida moderna, conjurados con el sencillo gesto de pedalear tranquilamente. “Es muy saludable –detalla el doctor Piero Galilea, médico del Centro de Alto Rendimiento (CAR) de Sant Cugat, en Barcelona–, porque no sólo ayuda a que todo el organismo se adapte al ejercicio físico sino que además no provoca lesiones. A diferencia del atletismo, no se produce ese momento en que el pie choca contra el suelo y los músculos de las piernas sufren al mismo tiempo contracción y estiramiento. Los músculos siempre se lesionan por estiramiento, nunca por contracción, y en el ciclismo no se produce estiramiento. De ahí que incluso las agujetas sean mínimas respecto a lo que serían en una carrera a pie. Una persona que haya corrido un medio maratón, que es hora y media aproximadamente, al día siguiente está baldada. Hora y media en ciclismo es apenas salir a dar una vuelta y calentar un poco. Eso hace que a la gente siempre le sorprenda lo que es capaz de hacer en bicicleta a poco que se prepare.”

“Cuando comienzas en el ciclismo, no te imaginas lo que llegarás a hacer”, confirma Juan Antonio Flecha, rememorando sus inicios en este deporte que, a sus 32 años, le ha llevado a correr seis Tours y cinco Vueltas a España y a convertirse en el gran especialista español en las clásicas míticas, como la París-Roubaix. “Recuerdo perfectamente que en las primeras carreras me decía: ‘Bueno, si esto es el ciclismo, es durísimo y no sé si aguantaré’. Corría una vuelta de cinco días y al tercero estaba que no podía más.”

Roberto Heras, tres veces ganador de la Vuelta a España de nueve veces que ha corrido y participante en seis Tours y un Giro, confirma que los jóvenes que acceden al mundo profesional se adentran en lo desconocido. “Si tienes cualidades, en juveniles lo sueles pasar bien y te diviertes. Como amateur vives ya algún momento malo, complicado, pero cuando llegas a profesional y haces vueltas de tres semanas, llevas el cuerpo al límite de todo y no te imaginas lo que puedes llegar a sufrir.” Heras describe esa sensación límite no como puro dolor físico sino más bien como una agonía. Flecha está de acuerdo en que no es tanto dolor concreto como un cansancio, una fatiga, invencible. “Claro que te duelen las piernas –explica Flecha–, y de hecho, entre nosotros, en el pelotón, siempre se oye el comentario de ‘¿qué pasa, que a este no le duelen las piernas?’, como una queja medio en broma cuando alguien sale atacando y los demás ya estamos reventados de las etapas anteriores, pero ya digo, no es dolor, porque de hecho, cuando calientas, los músculos se habitúan y ya no te duelen. Pero estás muy fatigado y ni siquiera respiras como los primeros días. Llegar a ese extremo lo más tarde posible y tener la capacidad psicológica de soportarlo y aceptarlo como normal es lo que hace que la gente rinda más en las grandes vueltas.”

El esfuerzo físico que se produce en el ciclismo es suavemente progresivo, como explica el doctor Galilea, pero, llegado al terreno de la alta competición, adentra el cuerpo en unas exigencias inimaginables, como apuntan Flecha y Heras. Y el organismo se adapta. El corazón de un ciclista alcanza un desarrollo excepcional, especialmente el ventrículo izquierdo, que es la cavidad que impulsa la sangre hacia el resto del cuerpo. Todos los deportes de resistencia aumentan el tamaño del corazón, y el ciclismo más que ninguno debido a la cantidad de horas de entrenamiento y competición que acompañan a esta práctica.

Un Tour de Francia, la carrera reina de este deporte, significa del orden de 800.000 latidos, con unos 90.000 de ellos por encima de 170 pulsaciones por minuto. A lo largo de las tres semanas que dura la carrera, el promedio estará en unos 135 latidos por minuto. Lo más impresionante de estos corazones hiperdesarrollados es que cuando no se ven obligados a trabajar duro se toman la vida con auténtica calma. Durante el sueño, por ejemplo, se relajan hasta latir a poco más de 30 pulsaciones por minuto. Y lo mejor es que, una vez entrenado hasta esos niveles, el corazón mantendrá ya esa capacidad de bombeo el resto de su vida

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de: javier garcia martinez | 14/12/2009
Hola me parece muy buenos los articulos que haceis sobre algo en concreto como puede ser el ciclismo, salud etc, paginas como estas tienen que existir, seguir asi PD: cultura y saber a tope :)
de: Guillermo S. V. | 30/06/2009
Espectacular artículo. Enhorabuena a los autores.

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