14/06/2007
Doce ideas para salvarse de las dietas
Texto de Magda Carlas
Ilustraciones de Mariona Cabassa
Llegan tiempos de menos ropa y mayor preocupación por la cintura. Algunos hábitos, fáciles de seguir, reducen ese par de kilos sobrantes sin someterse a dietas.

Doce ideas para salvarse de las dietas La dieta y el ejercicio físico son la base principal, guste o no, de toda terapia de adelgazamiento hecha en serio. Esa receta sigue siendo imprescindible tanto para los casos de sobrepeso como para los de obesidad. Pero hay otros muchos casos en los que el exceso de peso es pequeño, unos kilitos de más, cuya solución no pasa obligatoriamente por la dieta. En cualquier caso, las personas que sufran sobrepesos leves (un índice de masa corporal "IMC" equivalente a 25 o 27) o aquellas que, teniendo un peso médicamente normal, quieran simplemente afinar un poco su silueta (un porcentaje considerable en estas épocas del año) pueden conseguir su objetivo simplemente cambiando algunos hábitos cotidianos.
Son pequeños gestos que a lo largo del día y de la semana harán que el peso descienda suavemente. Por supuesto, el efecto será distinto en cada persona, pero hay dos cosas seguras: no tienen efectos secundarios y están en perfecta consonancia con una dieta equilibrada. Y hay que tener en cuenta que los resultados de esa "no dieta" serán mucho más efectivos entre los de menor edad y mayor actividad física. Estas modiÞ caciones de las rutinas se pueden concretar en doce consignas aplicables todo el año.
1. Comer despacio
La digestión empieza en la boca, y una masticación cuidadosa hará que todo el proceso digestivo sea más placentero y que además el estómago vaya llenándose de una forma más paulatina. La sensación de saciedad, que se deÞ ne por la impresión subjetiva de que el apetito ha desaparecido y de que ya no necesitamos ingerir más alimentos, depende de múltiples factores ytiene una regulación complicada. Una alteraci ón de esta capacidad es una de las principales causas de la obesidad. La sensación de saciedad depende de factores endocrinos, neurológicos y mecánicos. En su regulaci ón interviene el hipotálamo, neurotransmisores como la serotonina o la leptina, la misma insulina, mecanorreceptores del estómago... Es un sistema múltiple que en realidad todavía no está del todo estudiado, pero que tiene un papel básico en el peso y la ingesta. Uno de los factores que inß uyen en la sensación de saciedad es la distensión del estómago, y si se come a toda velocidad, cuando llegue la inevitable replección ?la sensación de ?estómago lleno? que se tiene cuando hemos ingerido una cantidad notable de alimentos? es muy posible que el est ómago ya esté excesivamente lleno. La replecci ón gástrica es una de las etapas que conducen a la saciedad. Aunque cada uno tiene su propio listón, los alimentos ricos en Þ bra y con un volumen considerable favorecen esa sensación. Por otro lado, masticar concienzudamente también ayuda a saciarse antes, puesto que produce más salivación y un cierto cansancio. Por tanto hay que procurar comer sin voracidad, tranquilamente.
Son pequeños gestos que a lo largo del día y de la semana harán que el peso descienda suavemente. Por supuesto, el efecto será distinto en cada persona, pero hay dos cosas seguras: no tienen efectos secundarios y están en perfecta consonancia con una dieta equilibrada. Y hay que tener en cuenta que los resultados de esa "no dieta" serán mucho más efectivos entre los de menor edad y mayor actividad física. Estas modiÞ caciones de las rutinas se pueden concretar en doce consignas aplicables todo el año.
1. Comer despacio
La digestión empieza en la boca, y una masticación cuidadosa hará que todo el proceso digestivo sea más placentero y que además el estómago vaya llenándose de una forma más paulatina. La sensación de saciedad, que se deÞ ne por la impresión subjetiva de que el apetito ha desaparecido y de que ya no necesitamos ingerir más alimentos, depende de múltiples factores ytiene una regulación complicada. Una alteraci ón de esta capacidad es una de las principales causas de la obesidad. La sensación de saciedad depende de factores endocrinos, neurológicos y mecánicos. En su regulaci ón interviene el hipotálamo, neurotransmisores como la serotonina o la leptina, la misma insulina, mecanorreceptores del estómago... Es un sistema múltiple que en realidad todavía no está del todo estudiado, pero que tiene un papel básico en el peso y la ingesta. Uno de los factores que inß uyen en la sensación de saciedad es la distensión del estómago, y si se come a toda velocidad, cuando llegue la inevitable replección ?la sensación de ?estómago lleno? que se tiene cuando hemos ingerido una cantidad notable de alimentos? es muy posible que el est ómago ya esté excesivamente lleno. La replecci ón gástrica es una de las etapas que conducen a la saciedad. Aunque cada uno tiene su propio listón, los alimentos ricos en Þ bra y con un volumen considerable favorecen esa sensación. Por otro lado, masticar concienzudamente también ayuda a saciarse antes, puesto que produce más salivación y un cierto cansancio. Por tanto hay que procurar comer sin voracidad, tranquilamente.
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