Ejercicio físico para poner en forma el cerebro
Neuronas a la vista
Muchos de los grandes descubrimientos científicos se producen con la llegada de nuevas tecnologías que permiten ver y medir lo que anteriormente era imposible ni siquiera observar. Ramón y Cajal fue un genio que forjó una nueva era en la neurología gracias a una idea revolucionaria, el rigor y la profunda perseverancia en sus investigaciones, y a utilizar una nueva tecnología de tinción que le permitió ver las neuronas como nadie antes las había visto. Así pudo demostrar que no formaban un entramado continuo sino que eran células individuales conectadas unas a otras mediante espacios sinápticos.
Algo parecido está pasando actualmente en el campo de la neurología. Las nuevas técnicas para estudiar el cerebro están permitiendo romper dogmas y crear un nuevo paradigma científico: el cerebro es un órgano muchísimo más plástico de lo que se pensaba, y las neuronas se regeneran incluso en edades avanzadas. La visión clásica del cerebro era la de un órgano que una vez completado su desarrollo tenía poca versatilidad. Había zonas especializadas en diferentes funciones y neuronas que hacían un cierto trabajo, pero tecnologías como la resonancia magnética de imágenes (RMI) o la tomografía por emisión de positrones (PET), que permiten observar la actividad del cerebro humano mientras realiza diversas tareas, están permitiendo ver que las líneas divisorias entre dichas zonas son tremendamente difusas. Si te quedas ciego, la región del cerebro encargada de la visión no se quedará inactiva, al cabo de un tiempo se reprogramará, posiblemente para reforzar otro sentido. Los neurocientíficos están observando tal capacidad de reprogramación cerebral, que no descartan aprovechar esta plasticidad para inducir al cerebro a que se repare él mismo.
Otro gran dogma de la neurología lo rompió Fred Gage, del Instituto Salk, en San Diego, al descubrir que el cerebro humano poseía células madre capaces de generar nuevas neuronas en áreas como el hipocampo y los ventrículos, las cuales migran a otras áreas cerebrales para diferenciarse en neuronas específicas de una función. En posteriores estudios, el equipo de Fred Gage demostró que ratones en una jaula espaciosa, con artilugios para jugar, al cabo de 45 días tenían un 15% más de neuronas que ratones aislados. Pero la sorpresa llegó cuando un investigador colocó una rueda en la jaula. El ratón utilizaba voluntariamente la rueda durante largos periodos de tiempo, y al analizar su hipocampo, se observó que tenía un 50% más de nuevas neuronas. Posteriores experimentos mejor controlados confirmaron estos resultados, y todo parecía indicar que lo mismo debería suceder en un cerebro humano. Pero la forma como los científicos estudian el cerebro de ratones digamos que es un poco drástica para ser utilizada en humanos, y no ha podido ser hasta este 2007 cuando el estudio de Scott Small y Ana Pereira (del que Fred Gage es coautor) ha confirmado que el ejercicio incrementa el nacimiento y la supervivencia de neuronas en el hipocampo. Claro que falta aclarar el papel exacto que tienen estas nuevas células, pero el gran avance es la comprensión a escala celular y molecular que permite entender cómo funciona el cerebro, cómo enferma y cómo repararlo.







