02/03/2008
Por qué fallan las dietas
Texto de Magda Carlas
Ilustraciones de Mariona Cabassa
Llegan las dietas, que, como las golondrinas, las cigüeñas y las flores, repiten cada año en cuanto se templa el aire. Para no errar, vale la pena ser sensato y aplicar algunas normas de sentido común. Como darse un plazo largo para evitar los rebotes, o ser conscientes de que no hay dietas universales ni mágicas ni definitivas, y que para rebajar el peso hay que cambiar hábitos, aunque sin sufrir demasiado
Quién no debe hacer dieta
Aunque ganas no falten, en los siguientes casos es mejor pasar de la dieta.
Embarazadas: la embarazada no puede hacer dieta adelgazante, como mucho puede intentar aumentar moderadamente su peso. Una dieta en pleno embarazo puede producir graves problemas y deficiencias en el futuro bebé y en la madre.
Periodo de lactancia: la pérdida de peso puede conllevar una leche materna de peor calidad e incluso la retirada de la leche. En realidad, el hecho de dar el pecho ya de por sí es adelgazante, pues requiere una energía muy superior a la del propio embarazo.
Menores de seis años: una dieta de adelgazamiento podría producir graves alteraciones en el crecimiento.
Personas con trastorno mental no estabilizado: el hecho de seguir una dieta puede en algunos casos desestabilizar o agravar algunas enfermedades mentales. La depresión o las crisis de angustia serían algunos de los ejemplos.
Personas con anorexia nerviosa: de entrada, no pueden seguir una dieta convencional y mucho menos imponerse restricciones. Uno de los puntos de partida de la anorexia nerviosa es justamente el seguimiento de una dieta.
Personas con Imc menor a 20: en ningún caso una persona con este índice de masa corporal (IMC) ya tan bajo debe iniciar una dieta de adelgazamiento, puesto que sus reservas grasas están por debajo de lo deseable
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