28/06/2009
El motor de la bici
Texto de Suso Pérez
Fotos de Annie Leibovitz y Francis Tsang
Existen pocos deportes en los que el cuerpo humano se vea tan exigido como en el ciclismo. La misma práctica deportiva que puede resultar el ideal de actividad saludable es casi una tortura para el organismo conducido a aprovechar sus últimas energías. Y en la cumbre de esa experiencia está el Tour de Francia, como la carrera incomparable. Más allá del dopaje, una práctica que nadie puede creer que sólo exista en el ciclismo, este reportaje profundiza en las respuestas del cuerpo como motor de un vehículo casi perfecto.

Bahamontes, primer ciclista español en ganar un Tour (1959) y rey de la montaña en seis ediciones
La carrera de los gladiadores
En el pelotón se explica a los novatos que el carnet de ciclista sólo se obtiene en París, al final del Tour. La consideración de héroes legendarios, de “forzados de la ruta” (según la expresión del periodista francés Albert Londres), está íntimamente ligada al Tour de Francia y al enorme esfuerzo, sacrificio y sufrimiento que van ligados a este deporte, por más que la lacra del dopaje pretenda ocultarlo.
Cuando en 1910 se franquean por vez primera los Pirineos y, en la cima del Aubisque, Octave Lapize (ganador ese año) lanza a los organizadores un histórico “son ustedes unos asesinos”, la leyenda crece.
Y se multiplica cuando en 1913 Eugène Christophe (primer ciclista que portó el maillot amarillo) parte la horquilla en el descenso del Tourmalet, por culpa de un coche, y sigue a pie, durante 14 km, hasta la herrería de Sainte-Marie-de-Campan, donde él mismo la repara ante la estricta vigilancia de dos oficiales del Tour. Tardó cuatro horas, pero siguió adelante. Y cuando uno de los vigilantes quiso salir a buscar un bocadillo, Christophe enfureció: “¡Si tiene hambre, coma carbón. Estoy prisionero, y ustedes son mis guardianes hasta el final!”. En el ciclismo, la verdadera máquina es el cuerpo humano, llevado a sus límites. Antaño, sin el menor de los controles, como contaron los hermanos Pélissier (Henri ganó el Tour en 1923) al propio Londres: “Funcionamos a la dinamita”. Hoy en día, con todos los controles imaginables, multiplicando por diez el esfuerzo de otros deportes, para evitar que algunos descerebrados jueguen con su vida, de la misma manera que se regulan las potencias de coches y motos para que no haya que lamentar accidentes mortales en cada carrera.
El ciclismo es una historia de leyenda y de esfuerzo. En los años veinte como en los cincuenta, cuando Bahamontes aún se enfrentaba a carreteras polvorientas. Y en los setenta, cuando Luis Ocaña se partía la crisma en un descenso queriendo evitar la reacción de Eddy Merckx. Porque hoy, con bicicletas que pesan tres veces menos que las de los pioneros, sigue siendo imprescindible un detalle: dar pedales. El Tour llega a Barcelona el 9 de julio. No se lo pierdan, son los gladiadores del siglo XXI.
Texto de
Xavier G. LuqueEn el pelotón se explica a los novatos que el carnet de ciclista sólo se obtiene en París, al final del Tour. La consideración de héroes legendarios, de “forzados de la ruta” (según la expresión del periodista francés Albert Londres), está íntimamente ligada al Tour de Francia y al enorme esfuerzo, sacrificio y sufrimiento que van ligados a este deporte, por más que la lacra del dopaje pretenda ocultarlo.
Cuando en 1910 se franquean por vez primera los Pirineos y, en la cima del Aubisque, Octave Lapize (ganador ese año) lanza a los organizadores un histórico “son ustedes unos asesinos”, la leyenda crece.
Y se multiplica cuando en 1913 Eugène Christophe (primer ciclista que portó el maillot amarillo) parte la horquilla en el descenso del Tourmalet, por culpa de un coche, y sigue a pie, durante 14 km, hasta la herrería de Sainte-Marie-de-Campan, donde él mismo la repara ante la estricta vigilancia de dos oficiales del Tour. Tardó cuatro horas, pero siguió adelante. Y cuando uno de los vigilantes quiso salir a buscar un bocadillo, Christophe enfureció: “¡Si tiene hambre, coma carbón. Estoy prisionero, y ustedes son mis guardianes hasta el final!”. En el ciclismo, la verdadera máquina es el cuerpo humano, llevado a sus límites. Antaño, sin el menor de los controles, como contaron los hermanos Pélissier (Henri ganó el Tour en 1923) al propio Londres: “Funcionamos a la dinamita”. Hoy en día, con todos los controles imaginables, multiplicando por diez el esfuerzo de otros deportes, para evitar que algunos descerebrados jueguen con su vida, de la misma manera que se regulan las potencias de coches y motos para que no haya que lamentar accidentes mortales en cada carrera.
El ciclismo es una historia de leyenda y de esfuerzo. En los años veinte como en los cincuenta, cuando Bahamontes aún se enfrentaba a carreteras polvorientas. Y en los setenta, cuando Luis Ocaña se partía la crisma en un descenso queriendo evitar la reacción de Eddy Merckx. Porque hoy, con bicicletas que pesan tres veces menos que las de los pioneros, sigue siendo imprescindible un detalle: dar pedales. El Tour llega a Barcelona el 9 de julio. No se lo pierdan, son los gladiadores del siglo XXI.
de: javier garcia martinez | 14/12/2009
Hola me parece muy buenos los articulos que haceis sobre algo en concreto como puede ser el ciclismo, salud etc, paginas como estas tienen que existir, seguir asi
PD: cultura y saber a tope :)
de: Guillermo S. V. | 30/06/2009
Espectacular artículo. Enhorabuena a los autores.







