La naturaleza de cuidar a los demás
Ternura

Otro tipo de ternura
“Bajando hoy por la calle Nueva de Almada, me fijé de repente en la espalda del hombre que bajaba delante de mí. Era la espalda vulgar de un hombre cualquiera, la chaqueta de un traje modesto en una espalda de transeúnte ocasional. Llevaba una cartera vieja bajo el brazo izquierdo, y ponía en el suelo, al ritmo de ir andando, un paraguas cerrado, que cogía por el puño con la mano derecha.
Sentí de repente por aquel hombre algo parecido a la ternura. Sentí en él la ternura que se siente por la común vulgaridad humana, por lo trivial cotidiano del cabeza de familia que va a trabajar, por su hogar humilde y alegre, por los placeres alegres y tristes de que forzosamente se compone su vida, por la inocencia de vivir sin analizar.”
Fernando Pessoa: Libro del desasosiego
Bendita oxitocina
La oxitocina es una hormona que me da la razón, por eso le tengo mucha simpatía. Acabo de escribir un libro sobre el deseo. Nuestros deseos tienen un fundamento biológico, sobre el que vamos construyendo aéreas y espirituales arquitecturas. En el origen del deseo maternal de cuidar a su bebé, encontramos la oxitocina. La hormona de la ternura y del apego. Si se la inyecta a un animal macho, provoca en él comportamientos de cuidado hacia las crías. El nivel de oxitocina aumenta durante el parto y durante la lactancia. Pero, sorprendentemente, también aumenta en hombres y mujeres durante las relaciones sexuales. Esto puede interpretarse como un intento biológico de unir ternura y sexo, o, lo que es igual, de complementar la sexualidad con lazos afectivos. La oxitocina colabora desde su nivel bioquímico a la expansión de la ternura que he descrito.
Ternuras lejanas
Hay lenguas que han desarrollado mucho el léxico de la ternura. Por ejemplo, los esquimales. Nivikuk significa tener ganas de besar a alguien, y se aplica a los niños y también a muchas cosas pequeñas, animadas o inanimadas; iva es el deseo de estar al lado de alguien en la cama, acurrucados, sin connotaciones sexuales; aqaq es una palabra dirigida a los niños y significa comunicar ternura a otra persona mediante la palabra o el gesto. Como demostración de una deliciosa mezcla de dureza y ternura, me gusta citar un antiguo poema japonés en el que un guerrero se despide de su esposa: “Levántate, esposa mía. Es la hora. Clava tu larga aguja en el cojín que bordas y tráeme las armas. Sujeta mis dos sables a mi cinto. No llores. ¡Si volveré, niña mía! Dame el saquito que he llenado de arroz. Anuda sólidamente las correas de mi carcaj. He regado nuestras legumbres para ocho días. No he olvidado repicar los crisantemos. ¡Ahora, tiembla y huye! Voy a adoptar la mirada espantosa con la que pienso salir al encuentro de nuestros enemigos”.













