04/11/2007

La naturaleza de cuidar a los demás

Ternura

Texto de José Antonio Marina
Ilustraciones de Mariona Cabassa
El comienzo de cualquier vida, un bebé, un cachorro, es lo que desboca este sentimiento que aniña a los adultos enamorados, nos lleva a acariciar y mimar a nuestros pequeños y provoca sensaciones de derretimiento. La ternura en acción se convierte en cuidado, y eso es lo que necesita el mundo, extender la ternura, algo que nos recuerde nuestra pequeñez e indefensión

Otro tipo de ternura
“Bajando hoy por la calle Nueva de Almada, me fijé de repente en la espalda del hombre que bajaba delante de mí. Era la espalda vulgar de un hombre cualquiera, la chaqueta de un traje modesto en una espalda de transeúnte ocasional. Llevaba una cartera vieja bajo el brazo izquierdo, y ponía en el suelo, al ritmo de ir andando, un paraguas cerrado, que cogía por el puño con la mano derecha.
Sentí de repente por aquel hombre algo parecido a la ternura. Sentí en él la ternura que se siente por la común vulgaridad humana, por lo trivial cotidiano del cabeza de familia que va a trabajar, por su hogar humilde y alegre, por los placeres alegres y tristes de que forzosamente se compone su vida, por la inocencia de vivir sin analizar.”
Fernando Pessoa: Libro del desasosiego

Bendita oxitocina
La oxitocina es una hormona que me da la razón, por eso le tengo mucha simpatía. Acabo de escribir un libro sobre el deseo. Nuestros deseos tienen un fundamento biológico, sobre el que vamos construyendo aéreas y espirituales arquitecturas. En el origen del deseo maternal de cuidar a su bebé, encontramos la oxitocina. La hormona de la ternura y del apego. Si se la inyecta a un animal macho, provoca en él comportamientos de cuidado hacia las crías. El nivel de oxitocina aumenta durante el parto y durante la lactancia. Pero, sorprendentemente, también aumenta en hombres y mujeres durante las relaciones sexuales. Esto puede interpretarse como un intento biológico de unir ternura y sexo, o, lo que es igual, de complementar la sexualidad con lazos afectivos. La oxitocina colabora desde su nivel bioquímico a la expansión de la ternura que he descrito.

Ternuras  lejanas
Hay lenguas que han desarrollado mucho el léxico de la ternura. Por ejemplo, los esquimales. Nivikuk significa tener ganas de besar a alguien, y se aplica a los niños y también a muchas cosas pequeñas, animadas o inanimadas; iva es el deseo de estar al lado de alguien en la cama, acurrucados, sin connotaciones sexuales; aqaq es una palabra dirigida a los niños y significa comunicar ternura a otra persona mediante la palabra o el gesto. Como demostración de una deliciosa mezcla de dureza y ternura, me gusta citar un antiguo poema japonés en el que un guerrero se despide de su esposa: “Levántate, esposa mía. Es la hora. Clava tu larga aguja en el cojín que bordas y tráeme las armas. Sujeta mis dos sables a mi cinto. No llores. ¡Si volveré, niña mía! Dame el saquito que he llenado de arroz. Anuda sólidamente las correas de mi carcaj. He regado nuestras legumbres para ocho días. No he olvidado repicar los crisantemos. ¡Ahora, tiembla y huye! Voy a adoptar la mirada espantosa con la que pienso salir al encuentro de nuestros enemigos”.

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de: Vanessa Pérez | 05/09/2010
Qué bonito revivir ese sentimiento¡¡¡ mi perrita me causa mucha ternura, y sus ojitos. También mis primitas me causan ternura. Y a veces mi compañero de vida también =) Saludos desde México. Por cierto, me gusta la redacción y los temas .=)
de: Javi Sanchez de Ball | 05/01/2008
Me encanta este artículo sobre la ternura. Lo que me gustaría es que alguna chica fuera tierna conmigo.
de: Marco Juan Isaac Cerezo | 29/11/2007
Felicidades José Antonio, tu artículo es ejemplar. Me encanta la forma con la que transmites tu forma de pensar y ver las cosas. He soñado con escuchar esas palabras tan pomposas y elocuentes desde que fuí concebido. Se me saltan las lágrimas sólo de pensar que existe gente como tú. Ruben Darío y usted son dos maestros del lenguaje. En su día fui a Egipto porque me encanta todo lo relacionado con los faraones. Por cierto, Egipto es maravilloso, junto a Roche Alto me parece una de las joyas del mundo actual.
de: Alejandro Meroño Ruiz | 11/11/2007
Este ENTERNECEDOR artículo escrito por José Antonio Marina nos hace reflexionar sobre nuestra conducta y la de las personas que nos rodean. Qué gusto da cuando en el colegio o con otos amig@s nos encontramos a alguien que desprende ternura en abundancia. ¿Pero, y nosotros lo hacemos luego con otras personas? Debemos de intentar no endurecer nuestro corazón con la arrogancia y dar lo que nos gusta recibir. GRACIAS CHUCHI
de: Ariadna González Troncoso | 06/11/2007
Sin duda un reportaje encantador, y muy a tener en cuenta. Coincido con Mª José, aunque creo que, cuando se habla de un ser animado débil, se pueden perfectamente incluir también a los ancianos, que, después de todo, también necesitan de esa ternura y de esos cuidados.
de: Mª José Coloma Parodi | 05/11/2007
Un artículo muy aleccionador y positivo, de los que no abundan en la prensa actual. En mi opinión, falta la referencia a la ternura hacia la debilidad de la vejez.

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