Consejos de sabio para combatir la tristeza
La psicología, aliada con las técnicas orientales, propone un modo de enfrentar la vida basado en aceptar con serenidad lo que no puede cambiarse, tener el valor para modificar lo que debería cambiarse y la sabiduría para distinguir entre ambos.

El escenario al que hemos venido a parar se despliega implacable, vertiginoso y cambiante. Sin asomo de piedad, va dejando atrás a todos aquellos que no alcanzan a coger el paso. Las vicisitudes personales en seguidilla (cambios de empleo, de pareja, prejubilaciones, subidas del tipo de interés) exigen de las personas rapidez de reflejos, flexibilidad, independencia, adaptación, aceptación de lo efímero, capacidad para vivir en la incertidumbre, tolerancia a las frustraciones y muchas otras pericias. Nuestro diario vivir se ha convertido en unas penosísimas oposiciones para conquistar el bienestar y la paz, no digamos la alegría.
Los que van al paso se hacen cada vez más fuertes y resistentes; los rezagados siguen en la ruta, pero tristes y deprimidos. La tristeza está ganando terreno a marchas forzadas como emoción predominante. Su versión patológica, la depresión, se vislumbra como la enfermedad del siglo. El consumismo y el bienestar económico, aunque intentan vendernos la moto, no nos hacen más felices, según todos los estudios. Al revés, el atajo hacia el bienestar que nos conduce al consumo compulsivo no hace más que profundizar la insatisfacción. Hay quién llama al consumismo antídoto contra la felicidad. Las drogas y el alcohol, otro subterfugio para adormecer la tristeza, cada vez toman más cuerpo como fenómeno creciente y masivo.
A pesar de la gran eficacia de los antidepresivos –que actúan elevando los niveles de la serotonina natural, una sustancia química del cerebro, que, a su vez, tiende a mejorar el estado de ánimo–, éstos no son más que una parte que contribuye al bienestar de una persona. El fármaco muchas veces es el agente que empuja a funcionar, a poner en marcha un coche sin batería. La parte más importante es el lograr resurgir de una crisis aprovechando la oportunidad para crecer como persona.
Alegría en el presente
La transformación de la tristeza en alegría no se logra mediante recursos externos a nosotros. El bienestar que proviene de fuera puede ser desplazado de un momento a otro por el hastío, la decepción, el temor a perder, la impaciencia, el ansia y otras emociones que consideramos negativas. La alegría que proviene de nuestro interior es aquella que nos estabiliza frente a los sobresaltos que proporciona la vida.
La psicología occidental está incorporando técnicas orientales de larga tradición. Concretamente, la terapia cognitiva, de probada eficacia para la depresión y la ansiedad, está evolucionando hacia la utilización de la meditación de conciencia plena o mindfulness. Este enfoque ha surgido de la unión del trabajo de Jon Kabat-Zinn en la Clínica para la Reducción del Estrés del Centro Médico de la Universidad de Massachusetts con las investigaciones de John Teasdale y colegas de la unidad de psicología aplicada del Consejo de Investigación Médica en Cambridge.
Mindfulness podría traducirse como conciencia plena, estar atento al momento presente. La idea proviene de una antigua forma de meditación de la tradición budista (vipassana). Su objetivo final, dicen, es erradicar completamente las distracciones de la mente, para obtener los beneficios de la tranquilidad, la paz mental y la habilidad de aceptar las cosas como vienen. Con su práctica diaria se puede llegar a ver las cosas como realmente son y no como parecen ser. Por ejemplo, darnos cuenta de que lo que parece permanente, en realidad, no lo es. La práctica de esta meditación hace que uno se dé cuenta del surgir y el cesar de los fenómenos mentales y físicos. Con esto se obtiene una comprensión más clara de lo que está ocurriendo en la mente y el cuerpo, al mismo tiempo que se consigue aceptar las cosas como se presentan, con menos agitación.







