09/03/2008

Educación sentimental VII

El asco como instrumento para educar

Texto e José Antonio Marina
Ilustraciones de Flavio Morais
Sentimiento presente en todas las culturas, el asco ha dejado de ser mera fisiología para teñirse de contenidos morales, sociales, religiosos. Su fuerza para inhibir conductas lo convierte en instrumento de educación moral
ATRACCIÓN
Hay una derivación del sentimiento de asco que me parece trágica. Algunas personas sienten profunda atracción por lo repugnante. No me estoy refiriendo a desviaciones como la coprofagia o a los que buscan excitación en lo que les produce asco, en un proceso muy parecido a los que la buscan en el dolor. Me refiero a algo más profundo: a la búsqueda voluntaria de la abyección. A una especie de hundimiento voluntario en un mundo repulsivo, al envilecimiento. Es una posibilidad humana, pero terrible, esta claudicación de la propia dignidad. En su origen puede haber un deseo de autodestrucción, una protesta contra la sociedad o un afán de expiación. Baudelaire, el autor de Las flores del mal, es un ejemplo claro. Buscaba la liberación de sus fantasmas en la depravación, que era una especie de autocastigo.
El lector habrá comprobado cómo un sentimiento puramente fisiológico –el asco– ha ido ampliando su radio de acción, incluyendo elementos morales, sociales, religiosos. Así estamos hechos. El mundo de los sentimientos es una selva fértil, dada a polinizaciones cruzadas, en la que brotan arquitecturas plurales y barrocas, flores maravillosas y flores carnívoras. Por eso es tan apasionante explorarlo.

Un caso literario

La náusea es la manifestación más expresiva de la repugnancia, pero también es el título de una de las grandes obras de Jean Paul Sartre, premio Nobel de Literatura. En ella da una versión despreciativa y trágica de la condición humana. Sartre pensaba –o al menos eso decía– que la náusea era un sentimiento metafísico, en el que se nos desvelaba la verdadera índole de la realidad. La relacionaba con “lo viscoso”, un concepto que también se aplica a las conductas humanas. La viscosidad es un estado incierto de la materia, que no es sólida ni líquida. Aprisiona sin ofrecer resistencia, como la miel, o como la pez, que nunca acaba de separarse, que liga. “Un apretón de manos es viscoso; es viscosa una sonrisa; un pensamiento, un sentimiento pueden ser viscosos. No podríamos explicar el asco que inspiran sino por contaminación de esa cualidad física con ciertas cualidades morales.”

Un caso curioso

El escrúpulo es el asco producido por el temor a tocar algo sucio o a realizar un acto moralmente dudoso. El escrupuloso mira y remira algo antes de tomarlo. También aquí somos testigos del paso del ámbito físico al moral. Escrúpulo significa “aprensión de tomar algún alimento o usar alguna cosa por temor a que esté sucio por haber sido usado por otra persona”. La palabra tiene una curiosa historia, que en su origen nada tiene que ver con los sentimientos. Según los diccionarios antiguos, “escrúpulo es cierto peso pequeño, del cual usan los boticarios, especialmente en las confecciones de cosas venenosas”. Es un poco más de un miligramo. Un trabajo escrupuloso es el que atiende a todos los detalles, y una persona escrupulosa es la que resulta atormentada por cosas minúsculas. Los tratados de psicología moral estudiaban antes los escrúpulos morales como una patología de la conciencia que veía pecados en cualquier acto y conducía a la angustia y a la desesperación.
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de: Soraya Reynoso | 28/11/2010
La mejor nota que he leído en mucho tiempo.

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