¿Quién cuida de nuestros hijos?

Canguros
Encontrar un canguro de confianza no es fácil. Normalmente es una persona joven, externa a la familia y casi siempre desconocida. Es recomendable pedir a otros padres los contactos de canguros conocidos o preguntar en la guardería si recomiendan a alguien. Además de estudiantes, cada vez más hay una opción de canguros que pueden aportar confianza a los padres: señoras de mediana edad que después de criar a sus hijos se reincorporan al mercado laboral haciendo tareas de cuidadoras de niños. El hecho de que hayan sido madres puede dar confianza ante posibles imprevistos. De todas maneras, las entrevistas con posibles canguros despejarán las dudas que se tengan.
La entrevista tendría que tener lugar en casa, en presencia del niño o niños que haya que cuidar. Hay que valorar la primera impresión, la puntualidad, un aspecto cuidado y un trato educado, y preguntarle cómo se organizaría el día con el niño y qué haría en según qué circunstancias.
Es importante que en la entrevista queden bien definidos los horarios y las responsabilidades del canguro, acordando los días festivos y la remuneración económica. La/el canguro tiene que cuidar al niño. No es una asistenta. Si le hacemos planchar o limpiar los lavabos mientras cuida al niño, puede ser sinónimo de accidentes.
Si los niños están presentes en la entrevista, servirá de prueba para ver cómo la candidata trata al niño y cómo el pequeño acepta a esa persona.
Hacerle un cronograma, como a los abuelos, puede facilitar el trabajo. Y también hablar con ella cada día al llegar, para ver cómo ha ido y para que el niño vea que hay un trato de familiaridad. Si hay problemas, se deben resolver hablando con claridad y educación, sin que el niño esté delante.
La opción de una madre de mediana edad que cuida a dos o tres niños de la misma edad en su casa es una solución intermedia entre el canguro y la guardería que funciona muy bien en otros países como Estados Unidos o Inglaterra y que aquí no se acaba de implantar, según explica el doctor García-Tornel, que añade que en términos de salud es una propuesta muy buena.
El jardín de infancia
Escoger el jardín de infancia o la guardería ideal no es fácil, y muchas veces el que deseamos para el niño no tiene plazas disponibles. Hay varios factores para evaluar lo que buscamos, como que esté cercana a casa o al trabajo, cosa que permite una mejor organización.
Entre otros muchos factores que estudiar, hay que intentar visitar la guardería en horario escolar y mirar cómo funciona. Informarse sobre el número de niños y de profesores, las actividades que se harán normalmente, si tienen cocina propia o la comida es de catering, y ver las instalaciones. Alguna mancha en las batas y un poco de desorden en la zona de juegos son signo de estímulos y diversión.
El edificio debe estar lejos de zonas con exceso de contaminación, tener aulas bien orientadas, buena iluminación natural y posibilidad de renovar el aire. Y, por supuesto, cumplir las medidas de seguridad contra accidentes. Vale la pena preguntar el coste detallado y completo y calcular el tiempo necesario para llegar a la guardería con el cochecito, observando si el camino es fácil y con aceras anchas.
Desde el punto de vista de las defensas, la mejor edad para comenzar la guardería es a partir de los dos años, cuando los niños tienen menos infecciones y más recursos para valerse por ellos mismos. De hecho, el principal problema del jardín de infancia es que el contacto con otros niños favorece el aumento de infecciones. El doctor García-Tornel explica: “Hay creencias muy extendidas y totalmente erróneas, como que si el niño ‘lo coge todo’ en los primeros meses de vida social luego ya está inmunizado. No es verdad, no se cogen packs de virus. De uno a tres o cuatro años, el niño tendrá numerosas infecciones porque está madurando su sistema bronquial y su sistema inmunológico. Que se constipe mucho el primer año no es garantía de nada para después. Y cuanto más pequeño tenga una infección, más complicaciones puede haber”.
Infecciones respiratorias y digestivas son las estrellas en la primera infancia. Hay que respetar la convalecencia de los niños para facilitar su recuperación y evitar meterles un chute de Dalsy y llevarlo al colegio a escondidas. “Con resfriados normales de las vías altas, como faringitis o amigdalitis, 24 horas después de que haya parado la fiebre el niño puede volver a la guardería, porque los síntomas como la tos o la mucosidad le durarán mucho tiempo más. Por algo se les llama ‘mocosos’. Pero deben presentar un buen estado general, estar contentos y activos”, explica el doctor Gaspá.








