24/08/2008

La victoria de vivir en pareja

Textos y fotos de Martín Correa-Urquiza
La diferencia se queda fuera, aseguran estas cuatro parejas de personas diferentes. En casa, son normales, iguales, y sufren de manera similar por su diferencia en el exterior. Ciegos, esquizofrénicos, síndrome de Down, las etiquetas de discapacidad no les impiden vivir juntos, disfrutar de su núcleo familiar, tener su propio proyecto de futuro.

Dani y Eva bromean en el dormitorio de su casa. Ambos pasaron gran parte de su infancia en residencias; ahora se plantean tener un hijo

Dani y Eva “Tenemos el mismo derecho que cualquier persona a vivir en pareja”

No se pelean por el mando a distancia. Lo controla Eva. Dani, en cambio, se dedica a apoyar la barbilla sobre el hombro de ella y desde ese balcón mira la tele. Después de tres años de noviazgo decidieron irse a vivir a un piso bonito y reformado en el barrio de La Mina. Se abren paso por los quehaceres del día a día: hacer la cama, cocinar, barrer y conversar son acciones, dicen, ante las cuales más vale aprender ciertos secretos de paciencias y perseverancias.
“Nos conocimos en Galicia –relata Eva–, en un viaje de la Fundación Tutelar Aspanias. Él empezó a cantar un día una melodía de Marc Anthony, y me enamoré. Me derretí.” “Es que yo era un poco tímido –agrega Dani–, pero sabía que cantando podía atraerla. Fue como una picardía. Cuando volvimos, ella a Barcelona y yo a Girona, nos separamos y fue como una historia de amor de película, me pasé una noche entera sin dormir, llorando por no poder estar con ella. Entregado completamente.”
Ambos pasaron gran parte de su infancia en residencias; Eva, junto a otras cincuenta personas; Dani, en habitaciones de ocho, así que conocerse fue una manera de empezar a diseñar un camino más íntimo, más autónomo. “Tenemos el mismo derecho que cualquier persona a vivir en pareja –dice él–. Ahora lo más lindo es la oportunidad de estar juntos todo el tiempo para reírnos hasta que nos duela la barriga.” “Lo mejor de todo –agrega Eva– es que él es muy cariñoso y no le gusta el fútbol; quedan pocos así.” Y ante este comentario Dani se entusiasma, le da abrazos, le hace cosquillas, la besa.
“El principio fue bastante duro en la convivencia –dice él–. Yo soy muy nervioso y me ponía a discutir por tonterías. Tenía una mezcla de miedos y nervios que me hacían sentir mal.” “El paso de verlo una vez por semana a todos los días fue difícil también –cuenta Eva–, fue un proceso de negociación, de acuerdos y encuentros.” Como cualquier pareja. “Yo siempre digo que, después de todo lo que hemos pasado –afirma Dani–, otros se hubieran dejado. Eso sí, tener una discapacidad no influye en nuestra vida de todos los días. Cuando uno está bajo de moral, hablamos y buscamos soluciones para sostenernos. Lo que me pasa a mí es que cuando tengo una preocupación, aunque sea pequeña, la hago grande. Ella intenta hacerme ver las cosas desde otro lado, pero yo me quedo como obsesionado y no puedo calmarme.”
Dice Dani que lo que más le cuesta de ella es “que se saca la ropa al revés y es un poco desordenada”, pero admite también que hay algo de responsabilidad suya en todo esto, “porque yo me he criado en un centro en donde me recalcaban lo de la limpieza y el orden y ahora reproduzco eso de manera medio obsesiva. Somos distintos y a veces tenemos dificultades, pero intentamos seguir adelante y tomarnos las cosas con humor”.
Quieren casarse, pero tienen que esperar a ver qué dicen sus tutores “porque no nos podemos arriesgar a tener el niño y que después a los dos días nos lo quiten por discapacidad”, dice ella. “Primero hay que ver bien cómo podemos llevar todo. Necesitamos dejar de discutir, calmarnos, no estar tan nerviosos, porque si no, si el niño crece en ese ambiente, puede salir torcido.”
Dani quiere regalarle el anillo más caro del planeta y hacerle realidad el sueño de ese niño. Son sueños de futuro. Por ahora aprovechan para disfrutar el tiempo juntos y agradecer la oportunidad al tal Marc Anthony.
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de: Maria Salgado Cota | 29/08/2008
Me encantan los reportajes de este tipo, hace que piense en las comodidades que muchos tenemos y de las cuales no somos conscientes. Casi todos lo que hacermos es quejarnos de todo y por todo, un rato en los zapatos de otro nos haría darnos cuenta que agradecemos poco lo que tenemos.

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5 de julio
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