07/09/2008

Las edades del niño

Texto de Mónica Artigas
Fotos de Mariona Cabassa
Crecer es una tarea fácil para un niño. Ocurre, sin más. Pero educar y disfrutar de cada una de las etapas de su evolución requiere conocerlos a fondo

Este artículo ha sido realizado con el asesoramiento de Carme Thió, psicóloga, asesora pedagógica en escuelas de educación infantil y primaria y autora de  Entre pares i fills (entre padres e hijos) (Ed. Barcanova), y Josep Maria Cubells, pediatra, jefe de pediatría ambulatoria del USP Instituto Universitario Dexeus y autor junto a Sonia Ricart de ¿Por qué lloras? (Ed. Martínez Roca).
La infancia es una etapa vital tan fascinante como acelerada. Desde que un niño nace y hasta que es adolescente, el único objetivo que la naturaleza persigue es que esa vida asuma la autonomía suficiente para ser hombre o mujer. A merced de ello, los cambios se suceden rapidísimos. En el inicio de la vida, cada día es distinto. Un día un bebé abre los ojos, al siguiente sonríe, otro coge un objeto. Después, las transformaciones son más profundas y notables mes a mes. Hacia los quince meses puede decir papá y mamá, tres o cuatro meses más tarde es capaz de nombrar veinte cosas y poco después habla. Pasada esta etapa, los cambios se hacen más lentos, pero cada año es distinto, hasta que el niño o la niña ata finalmente el primer equipaje que su propia especie y el entorno le han dado para caminar solo. Y ya no es niño, ni niña.
La experiencia de crecer será única en cada caso. Cómo será ese bebé que estrena su historia dependerá, sobre todo, del momento y el lugar en los que el azar ha decidido ponerlo en el mundo, que determinarán sus necesidades. Influirá también en su personalidad un mapa genético, una herencia biológica. Pero sin lugar a dudas, serán su aprendizaje, sus experiencias y su educación lo que sobre todo formará ese primer equipaje y conformará un ser único, singular.
La evolución física y mental tomará caminos de ensayos, errores y aciertos. Para el niño, crecer es fácil, pero hacerlo en un mundo que no está hecho a su medida y en el que los padres no tienen la tarea exclusiva de educarlo no lo es tanto. Conocer las edades de la infancia y las necesidades de cada momento hará de su educación un quehacer fabuloso. Los niños nunca acaban siendo como los adultos imaginamos. Pero asumido esto, qué bueno es disfrutar en el proceso.

Grandes debates para seres pequeños

La crianza presenta dilemas en cada una de sus etapas. A veces, las opciones son diametralmente opuestas y esto genera un debate entre partidarios y detractores. Nos gustaría saber cuál es la opinión de los lectores en nuestra web magazine.lavanguardia.com sobre los temas que se abordan en este espacio o, si cabe, plantear otros debates.

Guarderías sí, guarderías no
Las guarderías existen porque los padres y las madres trabajan fuera de casa. Si no, no serían necesarias. Los pequeños, especialmente si son menores de dos años, no se benefician de ellas sino que, efectivamente, su lugar natural antes de ir a la escuela es su casa y sus padres.
Sus defensores tienen otros argumentos. De entrada, ¿sería buena madre una profesional que lo deja todo por la crianza? ¿Es preferible una canguro desganada o una profesora preparada? ¿Un abuelo que eduque a su estilo o una línea pedagógica? Las guarderías, elegidas a conciencia, son un buen lugar para adquirir hábitos y relacionarse con otros niños, y el personal es experto y sabe lo fundamental que es repartir afecto sin límites.

Supernanny: crack o éxito mediático
En una bonita casa de las afueras de Londres, una dulce parejita –ella, de 4 años; él, de 6– hacen que las paredes tiemblen. Es la guerra. Llega Supernanny, machaca al padre de las criaturas, que seguro que no está tanto en casa como debería –una constante en todos los capítulos de esta popular serie de la BBC–, e impone unas pautas de psicología conductista que acaban metiendo en vereda a los niños de forma mágica.
Sus métodos no son aplaudidos por todos. Imponer, aunque sea con buenas formas, los clásicos premio y castigo no acaban dando resultados a largo plazo ni fuera del ámbito de acción de los padres. Además, es un programa de televisión. No está asegurado que todo lo que se ve sea de verdad.

Estivill sí, Estivill no
El método de este doctor, recogido en el libro Duérmete niño, ha dado la vuelta al mundo. El principio básico es que el niño puede aprender unos patrones de sueño. Se trata de crearle un ambiente favorable y dejarlo solo, con su muñeco y su chupete, hasta que se duerma, sin cogerle en brazos y dejándole llorar si es necesario durante ciertos periodos. Según los que lo prueban, funciona, y de ahí su éxito.
Pero este método levanta críticas por muchos flancos. No es aconsejable, según muchos pediatras, dejar llorar a un bebé ni sustituir la figura del papá o la mamá por un muñeco. Se han publicado unos cuantos libros que defienden otros métodos para inducir al sueño que y atacan a Estivill. Uno de los más populares es Bésame mucho, del pediatra Carlos González.

Demasiado corazón
La historia de la psicología infantil doméstica está cargadita de mitos. Cuando tienen menos de dos años, no es raro escuchar “no lo cojas en brazos que se acostumbra”, “este niño es muy listo y os está tomando el pelo”. Si se es demasiado permisivo, alguien espeta: “Este niño será un mimado”. Como el padre o la madre han oído que la sobreprotección va fatal a los niños, acaban pensando que quizás los consejeros tienen razón.
En general, los niños pequeños, dicen otros, no saben tomar el pelo. Necesitan protección y cariño y nunca los brazos, besos y abrazos serán demasiados para darles la bienvenida al mundo y acompañarlos en sus primeros años de vida.

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de: Irene | 26/10/2009
El artículo me parece brillante y el tema apasionante.
de: Mònica Pastor | 14/10/2008
Soy una abuela de una "bebé alta demanda" y siempre me he sentido con poca información sobre este tema. Pero hace poco he descubierto la página www.bebesaltademanda.com, por lo que la recomiendo a mamás y familiares en mi misma situación, asi como tambien a Mònica Artigas y a Carme Thió. Deseo que os sea de buena ayuda. Una abrazo a todas las lectoras.
de: Zoquete | 29/09/2008
A priori, se deduce de estos resúmenes una espléndida recopilación de los típicos conflictos que surgen respecto a la educación de los niños, teniendo muy en cuenta el punto de vista del infante, lo que siente, cómo lo vive. Sería redondo si, además, se profundizara más en el comportamiento adulto. ¿Por qué educamos tan mal? ¿Por qué nos cargamos de excusas tipo durísimas jornadas laborales y de preocupaciones pecuniarias frente a las demandas de dedicación de nuestros hijos? ¿Cómo encontrar la cuadratura de este círculo vicioso?

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