En busca de una segunda oportunidad en internet

¿Qué puede hacer una mujer de 50 años, al borde de la menopausia, con ojeras, celulitis en los muslos, michelines en la cintura y arrugas en el alma cuando después de 25 años de convivencia con un hombre, durante los cuales ha habido claroscuros de todo tipo, se encuentra sola?
Puede hacer muchas cosas, entre otras suicidarse, ir al médico del seguro y atiborrarse de pastillas para no sentir el dolor de la pérdida, atracar una herboristería y superar el duelo de una manera, digamos, natural; hacer una terapia psicológica durante quince años para llegar al fondo de sí misma; acudir a Corporación Dermoestética para hacerse unos retoques en el cuerpo, aunque cuando te den los precios quizá se te quiten las ganas.
Cualquiera de las opciones que elijas te aliviará –la primera de ellas, de manera irreversible y permanente–, aunque el dolor que te produce el encontrarte de pronto descompuesta y sin novio, eso no te lo va a evitar ni dios, por más rosarios que reces ni más misas a las que asistas, caso de que seas creyente o estés en vías de serlo.
Existe una sexta opción, más barata que todas las anteriores, cómoda, limpia, sencilla y, por lo que te han comentado, incluso eficaz.
–¿Dónde, dónde? Que me apunto.
Pues en una página de contactos por internet, so antigua, que eres una antigua.
Bajitos, calvos y gordos
Todos en mi círculo familiar y de amistad me aconsejaban que tuviera prudencia, y me advertían de que en internet había gente muy rara. Pero es lo que yo digo, ¿quién va a tener ganas de descuartizar a una mujer menopáusica y con dos cartucheras repletas de celulitis? En esta vida hay que arriesgarse un poco.
Esto es lo que yo hice. Me dediqué a ver qué páginas existían y cuál me interesaba más. Hay muchas, pero mi experiencia se ha reducido a dos: Parship durante seis meses, y Match.com durante un año. Las cuotas están alrededor de los 30 euros mensuales, y a partir de que crees tu perfil y te des de alta puedes intercambiar mensajes con aquellos caballeros de tu interés. Crear un perfil es como venderse en la lonja del pescado, así que hay que dedicarle un tiempo para conseguir destacar por encima de tus competidoras. En cuadro aparte podéis ver el perfil que me creé y que me ha dado no pocos dividendos.
Parship me envió un informe muy interesante, gratuito, en el que me decía que la estructura de mi personalidad era en el 62% racional, 36% emocional y 2% intuitivo.
Lo sé, lo sé. Soy un marmolillo. Tengo la patente de los marmolillos. Por eso decidí activar mi 2% de intuición y arriesgarme a dar el primer paso. Eso de estar esperando que los caballeros sean siempre los primeros es de la época de nuestras abuelas, y la que más y la que menos ya hace tiempo que cría malvas.
Una vez que tu perfil esté activo empezarás a recibir invitaciones: en Parship se llaman rompehielos, y en Match.com, guiños. Tanto en un caso como en el otro es una manera simpática y sencilla de entablar un primer contacto. Si te apetece contestar a la persona que te envía el rompehielos o el guiño, lo haces. Si no, respondes que no te interesa y ya está. Yo, como soy una persona chapada a la antigua, siempre he contestado amablemente, pero hay muchas personas que no lo hacen y que desaparecen de pronto, como las caravanas que se forman en las autopistas. Hay que estar un poquito curtida para no hundirse con los caballeros que, después de declararte su amor y su devoción, cogen las de Villadiego sin decir adiós. A mí me ha pasado con bastantes de los hombres con los que he intercambiado mensajes, algunos de los cuales he decidido pensar que fueron abducidos por los extraterrestres o que murieron de repente, actitud más piadosa que considerarles directamente unos impresentables.
También es importante tener iniciativa para enviar guiños o rompehielos a aquellos caballeros que despierten tu interés. Ya pasó la época en que el buen paño se vendía en el arca.
Mi experiencia en las páginas de contactos me ha llevado a elaborar dos hipótesis que tengo en fase de investigación empírica.
Una: la mayoría de los hombres que se anuncian en las páginas de contactos tiene problemas capilares.
Y dos: la mayoría de los hombres son bajitos. Aún no he podido establecer si existe una tercera sub-hipótesis que relacione las dos anteriores, a saber: si la mayoría de los hombres que se anuncian en internet, además de bajitos, son calvos. O dicho de otra manera: a más altura y más pelo, menos necesidad de buscar pareja por internet. Cosa que está en perfecta sintonía con los tiempos modernos: la altura y el pelo se cotizan al alza, lo cual repercute en una menor presencia de hombres solos con estas características en el mercado sentimental.
Considerando lo anterior, yo no lo tenía nada bien, porque a mí siempre me han gustado los hombres altos, con pelo, guapos y bien dotados… ya me entienden. Raro, ¿verdad? Pero visto el panorama, pensé que había llegado la hora de revisar mis criterios estéticos: total, siempre se ha dicho que los hombres perdían el pelo para compensar su exceso de virilidad, que la altura produce vértigo y que, es verdad, hay que rendirse a la evidencia: el tamaño no importa.
Casados, no
El primer mandamiento que me impuse en esta búsqueda es que no deseaba entrar en contacto con hombres casados. Ni siquiera en aquellos casos en que aseguraban que su matrimonio “no funcionaba”. Yo no soy psicóloga y no tengo ningún interés en arreglarles la vida, pero mucho menos en que me la desarreglen a mí, que ya estoy bien servida. Hombres casados que buscan ampliar sus horizontes los hay a cientos. Algunos lo dicen, y otros no, aunque tarde o temprano acabas sabiéndolo.
Por ejemplo, mirad este correo que recibí:
“Hola, estoy casado, necesito aire fresco para avanzar en mi vida. Un beso”.
Yo le respondí: “Si necesitas aire nuevo, ten el valor de separarte y ya verás qué bocanada de aire fresco te entra. Un huracán”.
Él me respondió que no necesitaba separarse, porque estaba “felizmente casado”. Y añadía: “Claro, eres de las que piensan que lo que los hombres buscan es poner cuernos a la mujer y engañar a esas desconsoladas solteronas o divorciadas que lo único que pretenden es encontrar un novio formal con el que poder casarse, es eso ¿no?”.
A lo que le respondí: “Pues si tan felizmente casado estás, ¿por qué necesitas aire fresco en tu vida? Una vieja solterona amargada de la vida como yo cree que si las relaciones son difíciles a dos, imagínate a tres. Saludos”.
El caballero me respondió educadamente que estaba de acuerdo conmigo, pero que quería conocer gente y creía que internet era un buen medio para ello.
Y tiene toda la razón. En internet se puede conocer rápidamente a mucha gente. Yo en un año y medio he conocido personalmente a unos 30 hombres, e intercambiado mensajes electrónicos, o chateado, con más de cien. Con los que me he visto en persona, en la mayoría de los casos, ha sido sólo una vez. Con unos cuantos he repetido dos o tres citas. Y con muy pocos he continuado manteniendo contacto personal.







