11/01/2009

Recetas para saborear la lectura

Texto de Carmen Giró
Ilustraciones de Mariona Cabassa
Tiempo, espacio, oportunidad, paciencia. Todo eso requiere la lectura. Y todo eso se encuentra, por ejemplo, en la cama, justo antes de dormir, en el autobús o el metro, acurrucados en un sillón un día de lluvia… Una docena de escritores, psicólogos, padres y educadores explican sus recetas para facilitar el ejercicio y el placer de leer, en papel o en pantalla. Para que los jóvenes no se pierdan nada.

Jordi Achón
Pedagogo, profesor de ESO y escritor
Para estimular la lectura en mis alumnos en las clases de ciencia, no olvido que detrás de cada descubrimiento o invención siempre hay una historia –una narrativa– para explicar. Por ejemplo, la tradición nos dice que Arquímedes salió corriendo en pelota picada por Siracusa gritando el famoso eureka. De manera que hasta el profe más aburrido puede introducir una estructura narrativa entre las áridas expresiones científicas que estimule la imaginación del alumno. Los libros de texto de ciencias son muy aburridos porque los autores creen que ciencia y literatura no tienen nada que ver, como si ambas no fueran ejercicios de una misma mente imaginativa.  
En clase, leemos fragmentos de clásicos relacionados con conceptos científicos, por ejemplo Julio Verne. Mejor llevar el libro y que pase entre los alumnos, que lo toquen y que lo huelan, si hace falta.
Recomiendo a mis alumnos que miren una biblioteca como un restaurante donde hay miles de sabores para probar. Les digo: “Abre un libro, prueba las primeras páginas, si no te gusta el gusto que tiene, ciérralo y abre otro. No te los acabarás”.

Imma Marín
Directora de Marinva, consultoría de juegos y educación
Vivir entre libros... Los libros de cocina, diarios, revistas y libros por el comedor, el dormitorio... Tener una pequeña biblioteca en el lavabo tiene un no sé qué de especial...
De las películas y los videojuegos a la lectura. Más de uno se leyó El señor de los anillos después de ver la película, o ha comenzado a leer Agatha Christie después de jugar al videojuego.
Los jóvenes están inmersos en las nuevas tecnologías. A menudo decimos que no leen libros, pero ¿y páginas de internet? A muchos les resulta atractivo escribir su blog y leer el de los otros, y eso también estimula la lectura.
Muchas aficiones que no nos gustan mucho a los padres nos brindan oportunidades que no deberíamos menospreciar: cómics, revistas de videojuegos, revistas de grupos de música, periódicos deportivos. Benedetti tiene un libro en que sólo describe un partido de fútbol. A mí me aburrió profundamente y en cambio a un amigo de mis hijos, que no leía ni las bolsas del supermercado, ¡le encantó!
También funciona estar atentos a los gustos literarios de sus ídolos musicales. Hay quien se ha aficionado a la poesía escuchando a sus padres cantar a Miguel Hernández por Serrat, o ha conocido Alan Poe a través de la canción Anabel Lee, de Radio Futura.
¿Qué tal dejar un montón de libros en medio del comedor y decirles: “¡Esto, ni tocarlo!”.
Quizás en una semana estarán todos leídos!

Pepa Tomàs
Madre, maestra y cuentacuentos
La recuperación que se está haciendo de la narración oral a través de bibliotecas, centros cívicos y escuelas ha sido muy importante, porque el primer contacto con la lectura es la narración oral. Cada vez que un narrador o un cuentacuentos explica una historia la está convirtiendo en una historia nueva, y así el interés de los niños es cada vez nuevo, aunque sea el mismo cuento.
Niños y niñas a quienes se les explican y leen muchos cuentos, que se sienten protagonistas de muchos cuentos, tienen mucho ganado en vivencias, en maduración y en imaginación. Y aunque eso no asegura que se convierta en un gran lector o lectora, al menos tiene un buen trozo del camino hecho, las bases puestas, y en algún momento darán su fruto.
Que los niños vean en casa que sus padres leen, que escriben o leen notas que alguien ha dejado, que escriben cartas a amigos, en cualquier soporte. Si vamos a la biblioteca a escuchar cuentos después nos podemos quedar un rato para escoger un libro…
Las historias y los cuentos no tienen edad. La única condición es quererlas escuchar y quererlas disfrutar. De un mismo cuento, cada uno, según sus años, sus experiencias anteriores, sus vivencias, sacará uno u otro provecho, enseñanza, placer y magia.

Màrius Serra
Escritor y creador de Verbalia.com
Una idea clave es darse cuenta de la relación directa que hay entre leer y ligar. Cuando ligamos nos acercamos mucho a una persona. Cuando leemos nos acercamos a unos personajes y a veces nos identificamos con ellos totalmente. Con la ventaja de que puedes leer tres libros al mismo tiempo y no se ofenden, mientras que resulta más complicado mantener tres relaciones sentimentales al mismo tiempo.
Una idea a la hora de recomendar un libro es fabricar una banda sonora ideal para leerlo. Hoy, en plena era digital, resulta relativamente sencillo escoger diversas piezas musicales y ponerlas en un reproductor para que acompañen en la lectura.
Los libros se tienen que tocar. Hacerlos circular es una buena idea. Yo tengo una caja llena con los libros que no me leeré o que no me quiero quedar. Todo el que entra en mi casa puede rebuscar en la caja y se puede llevar alguno. Uno de los que más se lleva es mi cartero, Isidre, que es lector y también distribuidor por todo el barrio.
La idea de la prohibición ayuda. Nos atrae aquello que nos prohíben y nos repugna lo que es obligatorio. Una táctica buena es coger tres y recomendar dos, porque este otro... “no te gustaría”. Es una prohibición sutil, pero funciona. La gente quiere ver por qué no le va a gustar, y se lo lee.
Viajar en transporte público favorece el hábito lector. Y viajar en tren ayuda mucho, sobre todo si se es víctima habitual de los retrasos, con los que el Ministerio de Fomento ha fomentado la lectura. Hay que encontrar los momentos para vencer la dinámica mental del “yo ya querría pero no tengo tiempo”.
Escoger libros cortos o ediciones de bolsillo para llevar siempre alguno encima, por si un imprevisto o una gestión nos obliga a esperar. Transformar los libros en objetos de por si acaso.
Hablar de los libros que nos han gustado con los amigos. Y buscar en los blogs de internet qué dicen otros lectores, para ver si coinciden con nuestra percepción.
Antes de un viaje, o después, más allá de guías o información práctica, leer alguna obra que pase en la ciudad que visitamos.

Elvira Lindo
Escritora. Autora de Manolito Gafotas
Cuando nosotros éramos pequeños los estímulos a los que estábamos sometidos los niños eran menores. Más que entretener al niño, el niño se entretenía solo. Eso generaba un carácter más tranquilo, menos ávido de cambios y de actividades permanentes. Estoy convencida de que muchos de los que nos hicimos lectores fue porque había momentos en casa en los que los niños debíamos estar en silencio, sin molestar. Las horas de la siesta en verano, tan plúmbeas para los niños, a veces se resolvían leyendo.
La lectura necesita de grandes dosis de paciencia y concentración, algo que hoy en día se propicia menos. Los propios padres pensamos que el ocio con los hijos siempre tiene que estar repleto de actividades. Los padres deberían educar a sus hijos para ser pacientes, esperar, saber que el placer no siempre es fácil y no se consigue de inmediato.
Creo que al niño hay que enseñarle el camino a la biblioteca y a la librería. La biblioteca es la mejor receta para hacer un lector. A los niños les encanta tener un carnet, se sienten importantes y aprenden la disciplina del silencio en los lugares públicos. Por otra parte, ir padres e hijos juntos a la librería, comprar un libro, leerlo, es algo muy gozoso. Son dos caminos: el saber cuidar un libro prestado, el tener el placer de poseer uno propio.
Una cosa son los libros que han de leerse en el colegio y otra los que se leen en los tiempos de ocio. El profesor tiene que saber ayudar a leer lo difícil, transmitir el entusiasmo por la lectura, leer en voz alta, hacer que lean en voz alta. Por su parte, los padres pueden usar el libro como una vía para generar complicidades, para leer juntos, para que el niño coja el sueño, para reír y para emocionarse. A mí me encanta leerles a los niños, lo hacía con los míos y lo he hecho en los colegios y siempre era lo que más les gustaba.
Y algo que nunca, nunca falla, que genera lectores y que los niños recordarán siempre: contar cuentos por la noche, cuentos de los que nos contaron a nosotros, cuentos que se cuentan con la luz apagada. Es una prueba de amor e impulsa, como ninguna otra cosa, la imaginación y las ganas de conocer las vidas de otros.

Internet como aliado
La tecnología y la cultura audiovisual no tienen que ser necesariamente enemigos de la lectura. Internet ha propiciado la aparición de foros y clubs de lectura que han contactado a lectores y escritores a un nivel impensable antes. También ha auspiciado la creación colectiva
de novelas cortas que escriben los internautas a párrafos, en una versión actual de los antiguos folletines. Los microrrelatos, en internet o en concursos radiofónicos causan furor, especialmente entre el público adulto. Y recientemente ha abierto en Madrid la librería Tres Rosas Amarillas, especializada en relatos breves.

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de: Silvia | 24/05/2009
Yo tengo 13 años, voy a segundo de ESO y, la verdad, me encanta leer. Lo que pasa es que los libros que dan para leer muchas veces son un plomazo o demasiados para algunas personas que no leen. Algunos de los libros k que recomiendan en mi opinión son demasiado infantiles, y creo que durante todo el tiempo que llevo en el colegio no nos han recomendado para leer ni un solo clásico de la literatura.

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