De padres a hijos

"Me lo cuenta todo, soy su cómplice"
Adriana, hoy 7 años, llegó al útero por casualidad. “Desde ese primer momento cambió mi vida, mis hábitos, todo. Las últimas juergas que me corrí fue estando embarazada sin saberlo.” Begoña Leonardo, de Zamora, 42 años. La maternidad, un resorte. “Se me han revuelto las hormonas, el intelecto, todo.” Se reconoce una madraza. Y además, a contracorriente. “Mi madre siempre trabajó fuera de casa. Todo lo que hacen hoy la mayoría de las madres, que apenas pasan tiempo con ellos, lo viví yo, y no quiero que sea así.” Desde casa y como escritora freelance. Tiene dos blogs: pasajero67blogspot.com y aquinohaycerraduras.blogspot.com. A mediodía, Adriana llega a comer. “Me lo cuenta todo, soy su cómplice, y me encanta.” Las horas vividas con ella, en casa, en el parque, en la biblioteca, le devuelven muchas cosas, infinitas, “como ver que aprende valores que son el fruto de las conversaciones que hemos tenido”. Y entre las mil recompensas, sus mejores anécdotas. “Me dice que tenemos que comprar ‘elevadura’ para hacer un pastel. ¿Cómo le cuento yo que no se llama así algo que sirve para elevar?”
UNAS ARMAS INVISIBLES Parece que no hay un lugar para ellas en nuestra sociedad. Tienen gran importancia en mi vida cotidiana; en mi opinión, son fundamentales en todos los ámbitos: en el trabajo, la vida social, familiar, y sobre todo ante cualquier acontecimiento no agradable, difícil de abordar. La educación es un territorio difícil de abordar –eso no lo descubro yo–, pero tan gratificante...
De la mano de mi hija, poco a poco voy recorriendo el camino para intentar convertirme en la madre que ella merece. Mi hija es la persona más sabia que conozco, la que más me ha hecho crecer, a la que más respeto. Gracias a ella he tenido la oportunidad de encontrarme con lo mejor de mí misma. Nada ni nadie ha hecho que me sienta más feliz. Es mi obligación, por lo tanto, acompañarla, ser su guía, su cómplice... Despejar el sendero cuando haga falta y mostrarle los atajos que la experiencia me ha hecho descubrir.
Estaréis pensando cuáles son esas armas invisibles. Ni más ni menos que la imaginación y el sentido del humor. Hay más, pero estas son mis favoritas; el amor, la sinceridad... A veces, sólo palabras, desgastadas por el abuso, utilizadas como excusa. Pero las de primera línea son estas y deben estar en la mejor forma posible, con ellas he librado e incluso ganado las más cruentas batallas.
Ahora, os propongo algo: relajaos, tomad aire, cerrad los ojos e imaginad la más salvaje, alocada e hilarante aventura. Dejad que os invada esa mágica sensación, ese placer inmenso, haced partícipes a vuestros hijos de lo que estáis sintiendo, y a volar... Begoña Leonardo (Zamora)








