De padres a hijos

"Nos convierten en mejores"
“Si lo llego a saber, tendría media docena de niños. La vida, sin ellos, no tendría sal.” María Jesús Fernández tiene 47 años. Joaquín, 52. Viven en Oviedo y tienen dos hijos: Pablo, de 15, y Ana, de 5. Pablo, adolescente responsable: “Mi meta es que sea independiente, e intento convencerle de la necesidad de los hábitos de estudio”. Ana, una niña espabilada “y más mimada”, era muy pequeña cuando a María Jesús le detectaron un cáncer. “No necesité buscar un motivo para luchar: tenía todos los del mundo.” Estar enferma le sirvió para tomar una nueva actitud ante la vida, sus hijos, todo. “No entiendo que haya quien hable de sus hijos como un problema, con lo que nos enriquecen.” María Jesús, ex gerente de una empresa, hace tres años que no trabaja. Disfruta más que nunca estando en casa, “y lo llevo de cine; ya no me maquillo, que lo odiaba, y cuando me encuentran por la calle me dicen que he cambiado, que ahora tengo cara de felicidad”. Lo es: “Creo que ser padres nos convierte, irremediablemente, en mejores personas. Intentamos mejorar el mundo porque queremos dejarles un mundo bueno”.
MUCHOS BESOS Por fin había nacido mi hija, después de desearla muchos años. Cuando ella sólo tenía 18 meses y mi otro hijo 11 años me detectaron un cáncer. Desde el diagnóstico hasta la larga operación de 12 horas transcurrieron tres semanas. En este tiempo, volví a dormirla en brazos como cuando era pequeñita, pequeñita. La cubría de besos, de cantos y de lágrimas mientras la acunaba. Hoy tiene 5 años, es preciosa y sigo cubriéndola de besos todos los días. Tiene que ser muy difícil descansar en paz cuando se quedan aquí nuestros hijos sin criar. Cubrámosles de besos y abrazos todos los días. ¡Por favor! Son lo que más queremos en el mundo y les podemos/nos pueden perder. M.ª Jesús Fernández (Oviedo)








