De padres a hijos

"Gracias a los cuatro abuelos"
Lucía Rodríguez, 38 años: “Doy gracias a los cuatro abuelos y por partida doble: porque nos trajeron al mundo y porque nos han permitido ser padres”. Otilia Mourazo, 65, su madre: “Siempre les dije a mis cuatro hijas: os ayudaré, pero vosotras, a trabajar. No lo dejéis. Al final, dedican mejor tiempo a sus hijos que lo que hice yo… y saben estar con ellos, aunque tengan la casa sin hacer, y me gusta”. Lucía y Otilia son de A Coruña y saben lo que quieren: aprender. Lucía lo hace de sus hijos, María, de 5 años, y José, de 2, “que me han convertido en sensible y llorona”. Otilia, de sus hijas, los hijos de sus hijas y de la vida, que le ha hecho cambiar su modo de ver las cosas
APRENDES CON ELLOS Hace cinco años que fui madre por primera vez y han pasado casi dos desde que nació el pequeño. Desde entonces he tratado de enseñar muchas cosas, pero he aprendido todavía más. Me pongo colorada de pensar lo duramente que juzgué lo que yo creía los errores de otros al criar a sus hijos, empezando por mis propios padres, con lo cual he aprendido a no juzgar a la ligera. Aprendí lo difícil que es encontrar la palabra justa para definir mis sentimientos y estados de ánimo. Yo, que siempre había sabido plasmar mis odios y pasiones con milimétrica precisión, era incapaz de expresar cómo me sentía cuando estoy con ellos, de pensar en palabras que pudieran transmitir mi sufrimiento si algo les ocurre. Aprendí que puedes vivir durmiendo tres horas alternas en una noche. Pero, para qué nos vamos a engañar, lo mejor de todo es que estoy aprendiendo a cantar sin voz, tirarme de un tobogán, patinar, elegir vestidos para las muñecas, regatear en el mercado, pelearme por el mejor pescado, hacer voces al leer un cuento, calcular la edad de los niños del parque y el número de zapato que utilizan, hablar idiomas de los que no hay diccionarios, curarlo todo con tiritas, pintar con los dedos, sacar la lengua, hacer sombras... y a soñar sin pegar ojo.
Os dejo, que María se acaba de despertar y comienza la lección, a ver qué toca hoy.... Lucía Rodríguez Mourazos (A Coruña)
SEGUNDA MATERNIDAD Con el paso de los años, la independencia de las hijas y la inercia de sobrevivir, se me olvidó qué era la ilusión. Nacieron los nietos y me tocó arrimar el hombro, como única medida de conciliación efectiva. La casa se volvió a llenar de pañales, juguetes y ruido. A mi edad me vi de nuevo cargada de responsabilidades y trabajo, con el horario más estricto al que jamás había sido sometida; y nunca había tenido unas jefas tan duras. Necesité un rápido reciclaje de métodos y formas. Mis meriendas eran las sobras de las suyas, y hasta sustituí la aspirina por el Dalsy. Un buen día escuché mi risa, fuerte y sincera, como hacía años. Me despertó de un largo letargo y me descubrí madre ilusionada, tirada en el suelo con Paula mirándome de reojo y Jorge golpeándome con un cojín mientras Javi cabalgaba a mi espalda. Nunca había hecho lo mismo con mis cuatro hijas. Si se me concediera un solo deseo, pediría volver atrás y cambiar el forjar un patrimonio y tener una casa impecable por lo que ahora sé que existe. Otilia Mourazos (A Coruña)








