27/09/2009

La otra cara de ser madre

Texto de Carmen Amoraga
Ilustraciones de Mariona Cabassa
Estar embarazada y tener un hijo es una bendición llena de malos tragos y momentos tristes. Quedan compensados con creces, pero existen, y en demasiadas ocasiones la parte dura queda oculta y mal explicada

El expulsivo dura entre un cuarto de hora y hora y media. Ginecólogos y matronas indican lo que tiene que hacer: pujar, parar, pujar. De no hacerles caso, el bebé pagará las consecuencias. Cuando el bebé nazca, aunque la madre lo tenga sobre su pecho, el trabajo de parto aún no habrá terminado: falta el alumbramiento, es decir, la expulsión de la placenta y del cordón umbilical. Este sí es el fin de todo, o eso se cree en el paritorio. Lo que no se imagina es que todo acaba de empezar.

Los primeros meses de vida del bebé pueden llegar a convertirse en un pequeño infierno. Es duro. Es cierto. Está clínicamente descrito que la mitad de las mujeres están eufóricas al dar a luz, pero que al tercer día les vence la tristeza. Es el maternity blues. El 80% experimenta cambios emocionales que van desde el llanto a la irritabilidad, pasando por la alegría o la angustia. Sólo el 13% de los casos desemboca en depresión posparto, que todas las mujeres temen, pero que, como todo, tiene cura. Gran parte del problema es físico, ya que el cuerpo vive en una guerra de hormonas y ha de pagar el esfuerzo del parto. Pero la sociedad también es responsable, ya que espera que las madres sean heroínas que cuiden de su bebé y de la casa, que asuman sin melancolía que su vida tal como era antes ya no volverá y que acepten que quizá su bebé tiene poco que ver con la imagen idílica, irreal e infantil que se habían formado. Asumir que la vida cambia cuesta. Porque la vida cambia. Para mejor, cierto. Pero hay un ser vivo que depende de los padres y que todo lo dice llorando. Aceptar que el llanto es la única forma de comunicación que tiene el bebé y aprender a distinguir cuá l es su causa, asumir que la relación de pareja puede sufrir más peleas de las habituales en el mejor de los casos, puede ser una tarea complicada.

La vida del bebé estará marcada por tres situaciones: sueño (duermen entre quince y veinte horas), alimentación (comen cada tres horas, lo que interrumpe el sueño de día y de noche) e higiene (hay que cambiar el pañal tras cada toma, curar el ombligo hasta que se caiga, baño diario). Esta rutina mantendrá a los felices padres metidos en un bucle del tiempo. A esto hay que añadir detalles como los cólicos del lactante (nadie sabe qué los causa ni qué los cura y pueden durar varios meses), el llanto (lloran una media de tres horas) o las enfermedades reales e imaginarias de los padres. Pero (y esto es lo más importante de todo) a todo esto hay que añadir, también, la parte más importante: cuando más cansados estén los padres, cuando más agobiados se sientan, cuando la fiebre sea más alta, el bebé les mirará y tal vez les sonreirá. Quizá esto sí lo hayan oído antes: las pequeñas satisfacciones del bebé compensarán cualquier sacrificio, cualquier temor. Y al final, se darán cuenta de que ser padre es mucho más sencillo de lo que parecía.
Así que, si abren los ojos y todavía tienen cerca a esa mujer feliz e inconsciente, denle la enhorabuena. Claro que sí. Está embarazada.

Más modos de nacer

Parto natural. Se trata de parir como se ha parido toda la vida, siempre que no exista riesgo para los protagonistas. En Gran Bretaña o Suecia, el 60% de los hospitales sigue este proceso, y en Holanda se subvenciona el parto en casa. La madre da a luz en cuclillas, a cuatro patas, de lado o sentada en una silla especial y también tiene libertad de movimiento para dilatar. La ley General de Sanidad y la ley Básica Reguladora de Derechos y Deberes en Materia de Información y Documentación Clínica reconoce la validez del plan de parto, que recoge la voluntad de los padres.


Parto por cesárea. Técnicamente hablando, el ginecólogo corta los tejidos que cubren el útero, lo abre, rompe el saco del líquido amniótico y saca al bebé. Se realiza en caso de sufrimiento fetal, prolapso de cordón, desprendimiento de placenta o estancamiento del parto. Otras veces son programadas por problemas previos y en algunos casos de embarazos múltiples. Según datos del Ministerio de Sanidad, en vísperas de fiestas, puentes o vacaciones, las cesáreas aumentan.

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de: Noemi Sisamon Rodriguez | 27/09/2009
Soy una de esas mujeres inconscientes, embarazada ya de 39 semanas y algún día, vamos, a punto de comenzar ese pequeño infierno¡¡¡¡¡¡ La verdad es que, visto de esa manera, asusta, pero si intercalamos entre todas esas realidades, que lo son, la sonrisa de nuestro bebé (aunque refleja, la sentiremos como voluntaria y dirigida a nosotros), algún rasgo similar a los nuestros, ese reflejo de presión en nuestro dedito, el calor de la piel de nuestro hijo sobre nuestra piel... qué quereis que os diga..... miedito sí, pero que viva ese pequeño infierno que nos espera que, como yo siempre he dicho, no lo cambio por ningún paraíso aburrido y tedioso¡¡¡¡.
de: Sharon | 27/09/2009
Hola, lo siento mucho pero hay mucha gente que NO es tan feliz al tener hijos. Así que me sabe muy mal por ellos porque hasta que mueren, tendrán que aguantar la pesadilla. Vaya vida bonita y feliz..

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