18/10/2009

La intiución tiene razón

Texto de Antonio Ortí
Ilustración de Meritxell Durán
Los últimos descubrimientos en el campo de la neurología sugieren que probablemente se menosprecia la intuición. En realidad, una corazonada puede llegar a ser más valiosa que procesar toneladas de información.
Este artículo sobre la intuición puede cambiarle la vida. Esta afirmación, tan habitual en los periódicos norteamericanos para despertar el interés de sus lectores, es posible que sea cierta en este caso. De momento, los últimos descubrimientos están obligando a revisar sus planteamientos a quienes consideran la intuición una disciplina casi espiritual, carente de valor científico.
Se trata de la emisora del corazón, de esa vocecita interior que informa de que va a producirse un hecho o que advierte de un peligro. También, de estar a punto de cerrar un negocio y tener de repente el pálpito de que irá mal o de tropezar por la calle con un conocido y en un santiamén presentir su verdadero estado físico o emocional. Algo parecido a cuando el programa de televisión se interrumpe con un avance informativo de suma importancia.

Hasta hace unos pocos años, la intuición era considerada una pseudociencia, un entretenimiento para hippies y fanáticos del tarot. Pero todo cambió en el 2005, cuando Malcolm Gladwell publicó Inteligencia intuitiva (con un millón de ejemplares vendidos sólo en Estados Unidos), donde argumentaba que se puede conocer la verdad en sólo dos segundos siguiendo exclusivamente las indicaciones de las vísceras (en el latín medieval tuición significa defender, e in, dentro, con lo que “intuición” sería el acto de defender lo que viene de dentro).

El libro de Gladwell recoge, entre otros muchos, el caso de un historiador de arte, Bernard Berenson, quien se declara capaz de detectar la autenticidad de una obra de arte guiándose únicamente por su intuición; o el de un psicólogo de la Universidad de Washington llamado John Gottman, quien intuye con precisión quirúrgica el éxito o el fracaso de las parejas que lo visitan en busca de terapia.

Más interesantes y menos comerciales que esta inteligencia intuitiva de supermercado que propone Gladwell resultan los descubrimientos del neurólogo portugués Antonio Damasio, galardonado con el premio Príncipe de Asturias por sus investigaciones. Mediante sofisticadas técnicas de imagen cerebral, el neurólogo ha penetrado en lo más recóndito del entramado neuronal y ha descubierto que buena parte de los planteamientos del psicoanálisis “está en consonancia con la visión más avanzada de la neurociencia ­contemporánea”.

Hasta la revista científica Science ha publicado que el sexto sentido existe y lo ubica en una zona específica del cerebro (la corteza cingulada). Gerd Gigerenzer, psicólogo del Instituto Max Planck para el Desarrollo Humano de Berlín y autor de Decisiones instintivas, ha llegado a una conclusión que se antoja muy poco teutona: la intuición resulta mucho más eficaz a la hora de resolver problemas complejos que la lógica y el pensamiento racional.

Gigerenzer defiende que la mente es como una gigantesca caja de herramientas que contiene reglas generales creadas y transmitidas genética, cultural e individualmente. Si se trata de solucionar cuestiones prácticas donde se manejan datos conocidos, entonces la lógica se basta por sí sola. Pero si la cuestión es ser feliz y realizarse, entonces hay que prestar atención a la inteligencia inconsciente o intuición, pues es la única que garantiza que no se cometa el que según él sería el peor de los pecados: engañarse uno mismo.

Tal vez por este motivo la intuición ha llegado con fuerza al mundo del desarrollo personal a través del coaching. Muchos de los entrenadores incluyen en su formación y su servicios talleres sobre la materia, al considerar que desarrollar la intuición es fundamental para conseguir los objetivos que uno tiene en mente. Es el caso de Siraj Bechich, fundador de CoachSI, que imparte un taller sobre la intuición donde anima a desarrollar “su sabiduría interior” a sus clientes –desde abogados a médicos o maestros y, en general, personas que comparten un interés genuino por “conocerse a sí mismas y explotar su potencial”, dice–.

“Vivimos en un mundo de análisis, y la intuición aporta soluciones de síntesis, lo que provoca que cueste abrirse a esa vía”, afirma. Según Bechich, la razón y la intuición no tienen por qué excluirse, más bien al contrario. “Se trata de sumar para ganar conocimiento”, indica. “Lo que ocurre –prosigue– es que la mente racional ha dejado de lado esta facultad inherente al ser humano que viene a ser una especialización del instinto.”
Sus consejos para desarrollar la intuición están en línea con los de los principales gurús: vivir el presente, proponerse pequeños desafíos (como intentar adivinar quién llama por teléfono o preguntarse si el interlocutor está diciendo la verdad en ese momento), prestar atención a los demás y escucharse uno mismo.

Pero la pregunta del millón sigue siendo qué hay que hacer cuando la intuición y la razón no coinciden. Fernando Trias de Bes, profesor de marketing de la escuela de negocios Esade y autor de La buena suerte y El hombre que cambió su casa por un tulipán, entre otros libros traducidos a más de treinta idiomas, opina que “cuando la razón y la intuición no coinciden y hay que decantarse por una, lo normal es hacerlo por la intuición”. “El problema viene cuando la intuición nos dice que es mejor ser lógicos”, matiza.

Un dilema al que, a buen seguro, se van a enfrentar muchos lectores a partir de ahora si de verdad pretenden cambiar de vida.

El mito de lo femenino

Mucho se habla de la intuición femenina y poco de la masculina. Cabría sospechar que ello se debe a que las mujeres tienen mejores intuiciones, aunque la psicología moderna no lo avala así. En realidad, la asociación entre intuición y mujeres es un prejuicio social que viene a decir: las mujeres tienen intuición y los hombres razón, y la intuición es inferior a la razón como las mujeres lo son a los hombres. A la luz de las últimas investigaciones, probablemente las mujeres sobrestiman su

Es decir, acertar con las corazonadas, como cabía intuir, no es cuestión de sexo, sino de saber conectar con el mundo a través de uno mismo.

sexto sentido. Según un estudio realizado por el psicólogo Richard Wiseman entre 15.000 voluntarios, un 77% de las mujeres cree que puede juzgar correctamente a las personas al primer vistazo, frente al 58% de los varones. Los hechos, sin embargo, dicen que mientras que los hombres aciertan en un 72% de los casos, y las mujeres, en un 71%. Recurriendo al mismo método, las mujeres obtendrían peores resultados cuando se trata de descubrir una sonrisa falsa en alguien del otro sexo (mientras los hombres dan en el clavo en el 76% de los casos, ellas no llegan al 67%).
de: Immaculada | 18/01/2010
Espero que t'agradi aquest article de Mazagine digital.
de: Alicia González Plaza | 03/12/2009
QUÉ CURIOSO, CUANDO EMPIEZA A VALORARSE LA INTUICIÓN, DE REPENTE YA NO ES COSA DE MUJERES, EN FIN. POR CIERTO, TAMBIÉN SE PODRÍA MENCIONAR A LA MUJER DE ANTONIO DAMASIO QUE TAMBIÉN ES PREMIO PRINCIPE DE ASTURIAS, ¿NO?
de: Alexandra Esterhazy de Galanta | 13/11/2009
La intuición no es metafísica, sólo es información que no nos llega directamente sino a través de un conjunto de nociones sutiles.
de: Rosa Padrón Argentó | 22/10/2009
Muy interesante. No sabría explicarlo científricamente, pero muchas mujeres (incluyémdome a mi), cuando ven alguna persona y exclaman "no me gusta", y no te pueden decir por qué, suelen acertar. ¿Intuición, sexto sentido?
de: Juan Manuel García Suárez | 21/10/2009
La intuición es a la síntesis lo que la razón al análisis. Lo que impulsa a la mente a avanzar y no estancarse, esa especie de "empuje" del pensamiento, es sin duda la intuición, el instinto de supervivencia que nos permite encontrar una solución a un problema determinado en un tiempo razonable, sin perdernos en un análisis desproporcionadamente minucioso (el conocido "parálisis por análisis") que busca ante todo "asegurarnos la jugada" y determinar un resultado libre de errores con toda probabilidad. Concluyendo, la lucha o el compromiso se libra entre el miedo a equivocarse (algo que la razón no tolera) y el deseo de decidir correctamente (afín al instinto y a la intuición).
de: Criki | 21/10/2009
¡Interesante!

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