07/10/2007

El resentimiento

Cómo romper el amargo círculo del resentimiento

Texto de José Antonio Marina
Ilustraciones de Flavio Moraes

Es un odio triste que invade el organismo afectivo de una persona más allá de su causa. 
El resentimiento nace de un agravio o una ofensa y acaba creando una mala imagen de uno mismo.

Ése es un resentido." Con esta frase descalificamos a una persona. Interpretamos su comportamiento entero, su actitud ante la vida, como el fruto despreciable de un sentimiento profundo, insistente, amargo, que le atormenta: el resentimiento. Gregorio Marañón escribió una biografía del emperador Tiberio explicando todos sus desmanes como la historia de un resentimiento. ¿En qué consiste esta emoción tan criticada? ¿Cuál es su causa? El lenguaje, que analiza los sentimientos con una precisión superior a la psicología, distingue entre odio, rencor y resentimiento. Todos implican una aversión hacia alguien –o hacia algo– y un deseo de destruirlo o aniquilarlo. Mientras que el amor, como decía Ortega, "se ocupa en afirmar su objeto", "odiar es sentir irritación por su propia existencia". El rencor y el resentimiento sólo se dirigen contra personas e incluyen la memoria de un agravio o injuria. Son sentimientos memoriosos, reiterativos, que mantienen vivo el recuerdo de un hecho pasado, sin dejarlo caer en el olvido. Quienes lo experimentan están anclados en un pasado que no pueden olvidar y que, de alguna manera, determina su vida.

Pero algo más los distingue del odio. Son sentimientos que encierran una dosis de impotencia, por no haber podido vengar la ofensa, por no poder perdonarla, por no poder olvidarla. El resentimiento es todavía más complejo que el rencor. Añade, dice María Moliner, una relación con la amargura y con la envidia. Es un odio triste, que invade todo el organismo afectivo de una persona, más allá de su causa. El amargado es incapaz disfrutar de nada, se encuentra profundamente ofendido, pero también, decepcionado de sí mismo. Max Scheler, en su estupendo estudio sobre el resentimiento dice: "Es una intoxicación sentimental".

¿Cómo se origina? Creo que hay dos tipos de resentimiento que con frecuencia se confunden. El primero deriva de una ofensa o humillación que el sujeto ha sufrido y contra la que no ha podido o no se ha atrevido a hacer nada. Lleva por ello incluido un sentimiento de impotencia o indefensión que puede ser más doloroso que la ofensa. El culpable aparece protegido de alguna manera, inalcanzable, y al final es ese sentimiento el que se vuelve más insidioso. La víctima se ve condenada a no poder siquiera perdonarle, a contemplar que la ofensa no se acaba porque la impunidad del culpable prolonga la ofensa.

Es interesante comprobar cómo puede ntervenir en este complejo asunto el sistema judicial, uno de cuyas funciones es sustituir al deseo de venganza que toda víctima siente. Cuando no la cumple, produce ese sentimiento de irritación continua ante el desamparo, que es cuna del resentimiento.

Víctima culpable
En otras ocasiones, la misma víctima se considera culpable por no haberse defendido o atacado. Un continuo reproche –“no me atreví”– añade una vuelta más a este complejo sentimiento. El ofensor se convierte así en culpable de la ofensa y, además, de ese segundo sentimiento de humillación del que, sin embargo, es inocente. A partir de ese momento, todos sus gestos, comportamientos, palabras pueden vivirse como nuevas injurias. El resentimiento se alimenta a sí mismo con esas observaciones. En esto se parece a la envidia, que malinterpreta todas las expresiones del envidiado, ignorante muchas veces de lo que desencadena. Escribe Marañón que es muy típico de estos hombres no sólo la incapacidad de agradecer, sino la facilidad con que transforman el favor que les hacen los demás en combustibles de su resentimiento. Hay una frase de Robespierre, trágico resentido, que no se puede leer sin escalofrío, tal es la claridad que proyecta en la psicología de la Revolución: “Sentí, desde muy temprano, la penosa esclavitud del agradecimiento”.
A lo largo de esta serie, comprobaremos que hay sentimientos confesables e inconfesables. Esta distinción no hace referencia a un juicio moral, sino a algún aspecto del yo que se quiere ocultar. A nadie le importa confesar que odia a otra persona, o que siente furia o asco. Pero no creo que hayan visto que alguien reconozca que es un envidioso o un resentido. Estos sentimientos incluyen una mala imagen de uno mismo, un sentimiento de inseguridad o falta, que hacen al sujeto aún más vulnerable.
Hasta aquí he hablado de un resentimiento desencadenado por un hecho concreto, por un daño que no se ha podido superar. Pero hay otro tipo de sentimiento más general, estructural podríamos decir. Una persona puede sentirse maltratada por su situación. Su malestar no tiene un culpable concreto. Una enfermedad, un defecto físico, por ejemplo, pueden provocar un resentimiento hacia todos las personas sanas o bellas. Estas no son culpables, por supuesto, pero al compararse con ellas, las víctimas experimentan la misma sensación de impotencia que en el caso anterior.

Resentimiento de clase
Hay también un resentimiento político, muy fácil de manejar. Aparece en los enfrentamientos de clase, o en todos aquellos en los que un grupo se siente humillado o sometido por otro. Tal vez sea este sentimiento el que vuelve tan crueles las guerras étnicas, el que da origen a los genocidios. El resentimiento acumulado acaba por deshumanizar al contrincante, abriendo así la puerta al exterminio. Como dijo un etarra asesino: “Yo no he matado a una persona, he matado a un empresario”.
Como el resentimiento resulta favorecido por una diferencia de situación o de poder, algunos autores piensan que los excesos del igualitarismo tienen su origen en el resentimiento. Hay, en efecto, una idea alta de igualdad y una idea baja de igualdad. Aquella nos empareja a todos por arriba, ésta por abajo. Funciona como el lecho de Procusto, el posadero que para tratar a todos los huéspedes igual, les cortaba las piernas a la medida de las camas.
Hay historiadores que oponen, basándose en estas ideas, la democracia inglesa a la democracia que procede de la revolución francesa. Esta, a la que llegan a llamar la revolución del esentimiento, afirmó que no había nobles. La inglesa, por el contrario, defendía que todos los ciudadanos lo eran. Me parece que es una visión injusta por su simplicidad, y la menciono sólo a título de ejemplo.
Desde el punto de vista moral, sólo pueden juzgarse los comportamientos, porque es lo único de lo que somos responsables. Sin embargo, podemos decir que algunos sentimientos son bueno o malos, por los deseos que despiertan, por los ánimos que dan o restan, por su poder de facilitar o envenenar la vida. El resentimiento es un sentimiento dañino para quien lo sufre porque le esclaviza atándole a un hecho pasado o a una situación dolorosa. Limita, además, su capacidad de obrar. Vampiriza su atención y sus fuerzas, provoca la depresión o la violencia. Los actos de violencia de esos maridos que matan a sus mujeres y luego se suicidan pueden estar provocados por resentimientos acumulados e incluso cultivados. Por eso eliminar el resentimiento es una necesidad para una vida libre, nueva. El resentido se encuentra metido en un pantano, del que no puede salir.

Olvido, perdón y duelo
¿Hay antídoto contra el resentimiento? Prescindiré de la venganza, porque el remedio puede ser peor que la enfermedad, y mencionaré sólo las soluciones recomendables. La primera es el olvido, pero como todo el mundo sabe, podemos recordar a voluntad, pero no olvidar a voluntad. La segunda, es el perdón. Quien perdona, no olvida, pero toma la iniciativa. No sé si en esta serie hablaré del perdón, que es un sentimiento, una actitud, y un acto de enorme complejidad. Hay perdones psicológicos y hay perdones religiosos, dependiendo de si se fundan en motivos psicológicos o religiosos.
Hay una tercera solución sobre la que me gustaría que alguien profundizara porque no la he visto estudiada como merece. Hay sentimientos que por su capacidad de hacer sufrir y por su tendencia a no desaparecer hacen imprescindible un trabajo afectivo para conseguir hacerlos compatibles con la vida. El duelo es el mejor estudiado. Quien sufre la muerte de un ser querido se instala en un dolor del que con frecuencia no quiere salir. No es un fenómeno nuevo. La Biblia menciona el llanto de Raquel, que “lloraba por sus hijos, y no quería ser consolada porque ellos ya no existían”, y Séneca escribió su obra Consolación a Marcia para ayudar a una madre a soportar su duelo. Desde Freud se suele hablar de “elaborar el duelo”, es decir de intentar “resituar el recuerdo”.
Algo así debería poder hacerse con el resentimiento. El resentido debe interpretar de otra forma la ofensa, fortaleciendo su propia dignidad, cambiando alguna de sus creencias, teniendo bien presente que ceder a ese sentimiento es aumentar el poder del ofensor. Es mejor el desprecio que el rencor. Pero, como todas las intoxicaciones, ésta también precisa de un largo esfuerzo para liberarse de ella. Enseñar a conseguirlo debería ser una parte importante de la educación emocional.

Oculto en el corazón

El castellano antiguo no distinguió con claridad entre rencor y resentimiento. El Panléxico, un caótico diccionario escrito por Juan de Peñalver a mediados del XIX, que se explaya al hablar de sentimientos, dice: "El rencor, que en lenguaje vulgar y poco expresivo se suele llamar inquina o tirria, es el resentimiento oculto en el corazón del rencoroso hasta que se presente ocasión adecuada para poder vengarse completamente del que aborrece. Resentimiento es el amargo y profundo recuerdo de una injuria particular de la que desea uno satisfacerse, pero el rencor pasa mucho más allá, pues pretende causar todo el mal posible hasta la destrucción del contrario". Posteriormente, el resentimiento se ha ido separando del rencor. Rencor es un vocablo con una deliciosa etimología, que pone al descubierto la dinámica afectiva. Cuando alguien sufre una ofensa, se enfurece. La ira despierta el deseo de devolver el golpe, de vengarse. Si consigue hacerlo, se desahoga y desaparece. Pero si no puede consumar la venganza, ni olvidar ni perdonar, esa furia se queda guardada, envejece y se enrancia. Pues bien, de la palabra rancio procede rencor, que es la

¿Cuestión moral?

ira envejecida. Estas aventuras del lenguaje me parecen maravillosas.

El resentimiento ha sido estudiado por dos grandes filósofos: Nietzsche y Scheler. El primero en su obra

La genealogía de la moral y el segundo en su libro El resentimiento en la moral. Ambos consideran que una parte importante de la moral es fruto del resentimiento. Nietzsche explicaba el cristianismo, su defensa de la humildad, de la mansedumbre, como una demostración del resentimiento judío ante los fuertes. Scheler insistió en algo parecido. Creo que no tienen razón. Es verdad que la reivindicación de los derechos mantenida con gran tesón y valentía por los humillados, los perseguidos, los discriminados, ha sido una de las grandes fuerzas que impulsan el progreso moral, pero no hay por qué pensar que esa búsqueda del reconocimiento, de la igualdad, o de la dignidad estaba impulsada por el resentimiento y no por una búsqueda de la justicia. Marañón afinó más en este asunto al recordar que muchos resentidos se protegen con un inusual rigorismo moral. "Muchos puritanos sólo son resentidos –escribe–, hombres incapaces de amar y de comprender: tanto los que se han hecho famosos en la historia, como Robespierre, monstruo de odiosa rectitud, como el perverso e íntegro Calvino y como Tiberio; como los innominados, los que pasan en silencio a nuestro lado, cada día. El sentimiento de su incapacidad –injustificada creen ellos– para triunfar plenamente en la vida les hace renunciar a todas las posibles grandezas y aparecer desinteresados y humildes."

Digno de la literatura

Ricardo III

, de Shakespeare, puede considerarse la tragedia del resentimiento. En el comienzo de la obra, Ricardo, amargado por su deformidad, contempla a todo el mundo festejar la victoria y se siente imposibilitado para hacerlo: "Yo, que no he sido formado para estos traviesos deportes, ni para cortejar a un amoroso espejo; yo, groseramente constituido y sin la majestuosa gentileza para pavonearme ante una ninfa de libertina desenvoltura; yo, privado de esta bella proporción, desprovisto de todo encanto por la pérfida naturaleza; deforme, sin acabar, enviado antes de tiempo a este latente mundo... ¡Vaya, yo, en estos tiempos afeminados de paz muelle no hallo delicia en que pasar el tiempo a no ser espiar mi sombra al sol, y hago glosas sobre mi propia deformidad! Y así, ya que no puedo mostrarme como un amante, para entretenerme estos bellos días de galantería, he determinado mostrarme como un villano y odiar los frívolos placeres de estos tiempos. He urdido complots, inducciones peligrosas, valido de absurdas profecías, libelos y sueños, para crear un odio mortal entre mi hermano Clarence y el monarca".
de: Asuncion Camacho | 19/05/2008
La "emoción" llamada resentimiento tiene muchas más lecturas. Por ejemplo, el resentimiento como ira envejecida debida a un agravio o el que en realidad carece de motivos reales. Existen personas resentidas por naturaleza y personas que realmente han sido agraviadas y no ha podido defenderse y dar salida a su enfado o ira. Como todas las emociones humanas, es dificil de analizar en sólo un artículo. Lo cierto es que es muy dañino para el que lo sufre y, como todos los malos sentimientos, peor para el que es objeto del resentimiento de otro cuando no ha sido motivado por ningún agravio real.
de: Marina | 13/04/2008
El estado del mar y la racha de los vientos no dependen de nosotros, pero sí el manejo del barco, dijo Marina. Inalienable es la libertad de curarnos las heridas. Nuestro sistema inmunológico emocional se forja con los anticuerpos que hayamos producido. Dejar que el dolor supure y se expanda es una actitud de desidia de la que sólo nosotros somos responsables. Regodearnos en un masoquismo pasivo implica reavivar el foco de infección, re-sentir la herida, alimentar a ese escorpión llamado resentimiento. Elaborar el duelo, proyectar la energía centrífugamente (no desangrarnos en el re-sentimiento) y perdonar. Resumiendo... me va a perdonar porque ya no le importo, dijo un poeta que canta.
de: Julia Pazos Gómez | 07/11/2007
El resentimiento es muy malo para la persona que lo padece y a veces para los que están cerca(crea mucho sufrimiento, lo he visto). LE VA "ENVENENANDO" HASTA DESTRUIRLE EMOCIONALMENTE Y A VECES MÁS. Hasta que no queda nada bueno en esa persona y acaba siendo tan vil como el que le despertó dicho sentimiento. A lo largo de nuestras vidas todos hemos sufrido o sufriremos ,en mayor o menor medida a causa de alguien, pero si consigues sacar algo positivo de ese sufrimiento habrás crecido como persona. No es fácil.Aunque para mí sí lo es (no sé por qué, quizá sea idiota).
de: María Amparo Batalla Chulia | 05/11/2007
El perdón es de "dioses", el humano no puede perdonar. Lo que quiero decir es que sólo creciendo en estatura moral se está en condiciones de superar el resentimiento y el rencor. Se trata de conocer nuestras propias motivaciones y las motivaciones de las personas que nos han herido. Así una vez más, el conocimento nos hace libres. Cuando el resentimiento marchó de mi corazón, sentí que una serpiente se transformaba en Aguila y me liberaba para siempre. A los cincuenta años.
de: Salomón | 15/10/2007
He vivido en carne propia el resentimiento que me guardó mi pareja por 18 años, ya que durante ese tiempo cometí varios agravios en su contra y me lo fue guardando hasta que finalmente decidió terminar con nuestra relación. Traté en vano de enmendar errores cometidos que dieron lugar a los agravios y no logré su perdón, por el contrario me gané su desamor y lógicamente su resentimiento, cargado de odio, rencor y frustración hacia mi persona.
de: Evaristo Meléndez | 12/10/2007
Ahora que un mundo globalizado bombardea nuestra cotidianeidad de "órdenes", sí queremos "pertenecer" a la modernidad: comprar, gastar, tener identidades diversas, etc; los escritos de Marina nos propician un camino de retorno a nuestro interior. De él aprendí que del pasado, lo justo e imprescindible, del futuro, un breve esquema y del presente todo. Sólo somos dueños de nuestro presente, dueños absolutos, por otra parte. Si somos conscientes de ello, todo resentimiento se disolverá como un azucarillo y el momento presente se mostrará con toda su luminosidad, nos llenará de su energía. Gracias, don Antonio, por compartir tus pensamientos con todos nosotros.
de: Ana Isabel | 10/10/2007
Guardo un gran resentimiento en mi interior. Empecé a sospechar que mi marido tenía un lío con una compañera de trabajo. Como una posesa regiré toda la casa en busca de pruebas de que mi marido me engañaba. Llegué a leer sus mensajes de teléfono. En uno de ellos se citaba con ella para hacer el amor en su casa. Aunque él me repite mil veces que el mensaje de teléfono era una broma, yo cada mes, tengo una crisis emocional pensando en si me ha engañado o si sólo fue un cúmulo de circunstancias. Sólo decir que me envenena la sangre cada vez que pienso en todo ello y que si perdonar es la solución, lo tengo crudo porque no sé como hacerlo.
de: FELICIANO RODAS | 07/10/2007
Como todos los textos de Marina,y muy especialmente cuando escribe sobre sentimientos y emociones, radiografia los lenguajes emocionales con gran pedagogía. No es fácil acercarse a estos temas, y el lo hace que parezca fácil. Sobre el de esta semana, junto a la descripción y análisis, las propuestas para superar no son nada fácil, el resentido se alimenta de sus recuerdos recurrentes y sesgados que sirven sólo para apuntalar su convicción y la dirección de su sentimiento.
de: andrea rios | 07/10/2007
Existen resentimientos que no atacan directamente a la persona q lo provocó, si no a la que se vincula con ella. El mejor ejemplo: la ex pareja de tu novio, te hizo la vida tan despreciable que al final sientes odio por que tu pareja estuvo con ella, porque lo compartiste con un ser humano tan despreciable... y te preguntas, ¿cómo sucedió esto?, ¿por qué no puedo evitar sentir odio? y vive contigo, apenas tienes la oportunidad sientes la necesidad de hacer algún comentario tóxico que puede herir al ser amado.
30 de noviembre
30 de noviembre

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