Falsos amores

¿Mi amor es apego?
Para saber si estamos amando de forma apegada habría que hacerse las siguientes preguntas:
• ¿Existe alguna situación o persona de la cual me siento dependiente o estrechamente ligado?
• ¿Necesito algo de esa persona o situación?
• ¿Qué haría o sentiría si esta persona quisiera dejarme o si esta situación particular se terminara?
• ¿Sería capaz de aceptar dejar ir a esa persona o que la situación finalizara? En el caso de la persona, ¿sería capaz de seguir sintiendo amor por la persona que me ha dejado?
Las consecuencias más frecuentes de ese falso amor son:
• Creencia en que el compañero puede lograr que seamos felices.
• Pérdida de la propia identidad en el contexto del compañero. Éste nos suministra identidad.
• Deseo de adueñarse del otro.
• Necesidad de control.
• Celos.
• Sentir urgencia y ansiedad si las cosas no son como queremos que sean.
• Reactividad y defensa ante cualquier expresión del otro que despierte temor.
• Utilización de la venganza, abuso y manipulación al sentir malestar o angustia.
• Ansia de halagos, confirmación del propio valor, sexo, y seguridad.
• Certeza de que el otro “nos hace felices o desgraciados”.
Cómo darle la vuelta
1. Observarnos a nosotros mismos para darnos cuenta de las ataduras que nos unen a la pareja. La clave para darnos cuenta de eso es la presencia de dolor. Por ejemplo, podemos observar cómo reaccionamos, si tenemos expectativas demasiado altas, si ya no tratamos a nuestra pareja como a un amigo respetado. Podemos percibir nuestras motivaciones para decir lo que decimos y advertir si es el miedo el que nos impulsa.
2. Aprender a soltar la ligazón. A veces esto puede producir soledad y tristeza dentro de la relación. Implica sentir el dolor de modo individual, sin adjudicar la culpa al otro ni hacerlo responsable de nuestra pena. Volverse hacia el interior para calmarnos e identificar nuestro sentir (ser conscientes). No exigirle al otro que remedie nuestro malestar. Lo mismo se aplica para el otro, habría que dejarle que sienta su rabia y su dolor sin intentar salvarlo por no sentirnos mal.
3. No reaccionar. Esto se lleva a cabo ignorando las voces de nuestra mente que nos taladran alimentando el miedo y lo que percibimos como amenazas. Responsabilizarnos de nuestras decisiones en lugar de sentirnos víctimas. Sentirnos dueños de nuestra propia felicidad. Sentirnos menos importantes al focalizar con humildad en nuestro interior en lugar de hacer al compañero objeto de atención y crítica constantes.
4. Saber estar presentes ante nosotros mismos, atentos a nuestra rabia, miedo, dolor, expectativas y exigencias. Así podemos llegar a sentirnos libres, vitales y espontáneos en nuestra relación apreciando al compañero sin imágenes, ilusiones ni expectativas. Las relaciones entonces no serán fuente de sufrimiento.







