27/07/2008

Falsos amores

Texto de Isabel S. Larraburu
Ilustraciones de Rosario Velasco
Te necesito, no puedo vivir sin ti, sin ti no soy nada son algo más que frases de boleros y diálogos de telenovela. Reflejan una confusión frecuente entre el amor y otras formas de relacionarse entre las parejas que a veces llevan a la dominación y la violencia o, al menos, al empequeñecimiento personal.


Se cree que es amor proteger a la pareja, cuidar de sus intereses o supervisar sus deseos, pero puede ser dominación. El amor jamás restringe la libertad del otro

¿Mi amor es apego?

Para saber si estamos amando de forma apegada habría que hacerse las siguientes preguntas:
• ¿Existe alguna situación o persona de la cual me siento dependiente o estrechamente ligado?
• ¿Necesito algo de esa persona o situación?
• ¿Qué haría o sentiría si esta persona quisiera dejarme o si esta situación particular se terminara?
• ¿Sería capaz de aceptar dejar ir a esa persona o que la situación finalizara? En el caso de la persona, ¿sería capaz de seguir sintiendo amor por la persona que me ha dejado?
Las consecuencias más frecuentes de ese falso amor son:
• Creencia en que el compañero puede lograr que seamos felices.
• Pérdida de la propia identidad en el contexto del compañero. Éste nos suministra identidad.
• Deseo de adueñarse del otro.
• Necesidad de control.
• Celos.
• Sentir urgencia y ansiedad si las cosas no son como queremos que sean.
• Reactividad y defensa ante cualquier expresión del otro que despierte temor.
• Utilización de la venganza, abuso y manipulación al sentir malestar o angustia.
• Ansia de halagos, confirmación del propio valor, sexo, y seguridad.
• Certeza de que el otro “nos hace felices o desgraciados”.


Cómo darle la vuelta

1. Observarnos a nosotros mismos para darnos cuenta de las ataduras que nos unen a la pareja. La clave para darnos cuenta de eso es la presencia de dolor. Por ejemplo, podemos observar cómo reaccionamos, si tenemos expectativas demasiado altas, si ya no tratamos a nuestra pareja como a un amigo respetado. Podemos percibir nuestras motivaciones para decir lo que decimos y advertir si es el miedo el que nos impulsa.
2. Aprender a soltar la ligazón. A veces esto puede producir soledad y tristeza dentro de la relación. Implica sentir el dolor de modo individual, sin adjudicar la culpa al otro ni hacerlo responsable de nuestra pena. Volverse hacia el interior para calmarnos e identificar nuestro sentir (ser conscientes). No exigirle al otro que remedie nuestro malestar. Lo mismo se aplica para el otro, habría que dejarle que sienta su rabia y su dolor sin intentar salvarlo por no sentirnos mal.
3. No reaccionar. Esto se lleva a cabo ignorando las voces de nuestra mente que nos taladran alimentando el miedo y lo que percibimos como amenazas. Responsabilizarnos de nuestras decisiones en lugar de sentirnos víctimas. Sentirnos dueños de nuestra propia felicidad. Sentirnos menos importantes al focalizar con humildad en nuestro interior en lugar de hacer al compañero objeto de atención y crítica constantes.
4. Saber estar presentes ante nosotros mismos, atentos a nuestra rabia, miedo, dolor, expectativas y exigencias. Así podemos llegar a sentirnos libres, vitales y espontáneos en nuestra relación apreciando al compañero sin imágenes, ilusiones ni expectativas. Las relaciones entonces no serán fuente de sufrimiento.

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de: Milo | 02/08/2008
Si queremos plantearnos el tema con seriedad deberíamos emprender una transformación del proceso educativo, desde la infancia, aprender determinados valores y formas de relacionarnos saludables y positivas. Pero en nuestras escuelas no estamos pendientes de otras cosas que nuestras niñas y niños no aprendan otra cosa que matemáticas, física, informática, inglés... que sean unos buenos profesionales competitivos, unos cerebritos, un simple almacén de conocimientos... olvidándonos de lo fundamental: su dimensión humana, de los valores, de la ética, las relaciones, la cooperación, la solidaridad... Nunca tendremos un edificio estable sin unos sólidos cimientos.
de: Rosa Sáez | 31/07/2008
El problema, como bien dice el artículo, está en distinguir cuando es amor o es apego. Yo me atrevería a decir que la mayoría de las veces es lo último: esa necesidad de aparejarse con alguien, quien sea, a costa de uno mismo con tal de no estar solo. No sé si es apego, pero sí demasiado miedo. La soledad bien entendida, con actividades, curiosidad e interés por el entorno y proyección hacia los demás no es tan mala, al contrario, es una fuente de satisfacciones.
de: Lupe | 29/07/2008
Artículo "Amor y apego".
de: Javier Del Fresno | 27/07/2008
Me parece tremendamente acertado y real , como no es lo mismo el apego al amor. Enhorabuena!
30 de noviembre
30 de noviembre
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