La armonía es posible
Suegras y nueras

Y, en medio de todo, está el hijo. A menudo, incapaz de poner paz porque, como descubrió la psicóloga Terri Apter, cuando hay conflicto el hombre suele ponerse del lado de la madre. “Jamás he contado con mi marido como aliado cuando he discutido con mi suegra: cuando se trata de su madre él, simplemente, no razona”, señala Lucía. Julia tiene muy claro que si rompe con su suegra, rompe con su esposo. ¿Es entonces más fuerte el vínculo con la madre que con la pareja? “Yo creo que ambos son fuertes –asegura la psicóloga británica–, pero los hombres son menos hábiles a la hora de mantener dos relaciones distintas, en especial si son tan importantes como la de hijo y la de marido.”
Es difícil mantener un equilibrio. En opinión de María, un ama de casa que tiene tres nueras, ese equilibrio está destinado a fracasar. “Porque lo que en el fondo está en disputa en este triángulo no es el poder, sino el afecto”, dice. “Y aunque el afecto a la madre y a la pareja no tienen nada que ver, ambas mujeres lo confunden y, además, quieren monopolizarlo.”
Vista de forma objetiva, esta relación entre madre e hija política no tendría que ser tan complicada. Al fin y al cabo, el punto de partida no es malo: las nueras han escogido al hombre que su suegra ha criado, así que no lo habrá hecho tan mal. Y él ha escogido a esa mujer. “Sí, hay razones por las que estas dos mujeres deberían ser amigas”, apunta Apter.
Pero la ansiedad parece un escollo insalvable, tanto por parte de la suegra, que sufre por la pérdida del hijo y por lo que le sucederá a su rol de mujer más importante en la familia, como por la nuera, que espera ser la mujer más importante para su marido y respetada y querida, pero, a la vez, que la dejen en paz y hacer a su manera.
Para Terri Apter, el rol del hombre en conflicto es crucial para llegar al entendimiento entre las dos mujeres: “Porque es él quien puede interceptar los problemas si reafirma a sus madres (y padres) que son todavía una parte muy importante de su vida, pero, a la vez, les demuestra que ahora su conexión principal es su mujer”, concluye. El marido debe saber que inhibirse no da buenos resultados y que la relación suegra-nuera también es cosa suya.
Relación a tres bandas
En su libro, What Do You Want from Me (Ed. WWNorton), la psicóloga Terri Apter da unas claves para evitar problemas. Hay que tener una estrategia, porque la de ignorar los comentarios no funciona.
Para la suegra
l No juzgar de inmediato a la nuera. Se necesita tiempo para conocer a una persona.
l No esperar ser la única que pone las normas en la familia. Ella también tendrá las suyas.
l No demostrar favoritismos. No hay nada malo en querer más al hijo que a la nuera, pero minimizar los logros de esta generará conflictos.
l Aceptar que la nuera puede tener ideas distintas sobre cómo educar a los hijos.
l Tratar de ser cariñosa: muchas nueras se quejan de la falta de afecto.
Para la nuera
l Tratar de expresar que se valora lo que la suegra aporta a la familia.
l Demostrar interés por ella: es un mensaje de bienvenida, de no sentirse amenazada.
l Es más fácil poner límites si se han establecido conexiones previas, pero, si hay que marcar el territorio, hacerlo de forma positiva (como: “Este domingo no va bien que vengáis, pero ¿por qué no el próximo?”).
l Facilitar el acceso a los nietos, pues libra de mucha ansiedad a los suegros.
l La clave (tanto para la nuera como para la suegra) es convertir la competición en colaboración.
Para el hijo/pareja
l Evitar la estrategia de no involucrarse: se puede tener varias lealtades sin que ello implique lealtades divididas.
l Elogiar a la mujer y mostrarse cariñoso con ella en presencia de los padres.
l No admitir críticas hacia la mujer de forma firme y educada. La pareja tiene menos posibilidades de disgustarse con la suegra si sabe que él la apoya.
l A la vez, tranquilizar a la madre, demostrándole que tener pareja no implica romper con su familia.
l Facilitar el acceso a los nietos, así los padres no verán a la nuera como la única que decide.







