28/10/2007
Lactancia materna por convicción
Texto de Mònica Artigas
Ilustraciones de Rosario Velasco
Cada vez hay más mujeres que reclaman lo natural y desean huir de la excesiva medicalización en el parto y la lactancia. El pecho está en alza frente a la lactancia de fórmula, de la que tantas virtudes se cantaron en los años 70. Pediatras, Organización Mundial de la Salud y convencidos hacen campaña en favor de esta opción, y dar de mamar se convierte en un medio para valorar lo propio.

Esta sala de un centro público de barrio, hoy, sin duda, se ha quedado pequeña. Hay veinte madres con sus respectivos cochecitos y sus respectivos y amados bebés que cantan, ríen, gatean, gimen, maman, lloran y chocan entre ellos. Entre “gue-gue” y “ta-ta-ta” se escuchan preguntas y respuestas. “¿Cuánto se supone que comen en cada tetada?” “Depende, cada niño es diferente” “Mi pareja dice que si alargo la lactancia, se me quedarán los huesos transparentes.” “Al contrario, te protegerá contra la osteoporosis.” “Me parece que ya no tengo leche, ¿lo dejo ya?” “Es imposible que no tengas leche si te pones el niño al pecho. La glándula mamaria segrega leche en proporción a lo que el bebé succiona.” Las que preguntan, las mamás. Las que responden son Pilar y Octavia, dos monitoras de las 56 que tiene en nuestro país la Liga de la Leche, que es una de las entidades que promueven eso: dar de mamar.
El pecho va en alza. Se vuelve a lo natural con gusto: lo propio es tendencia. Incluso algunas de las familias que defienden este tipo de alimentación también son partidarias de los cada vez más solicitados partos naturales, de una educación de máximo contacto físico con el bebé que apoye opciones como el colecho y, en general, de una forma de vivir la maternidad que promueva lo íntimo y las aleje en lo posible de un entorno excesivamente medicalizado o mediado por la ciencia. La teta es el mejor ejemplo. Se calcula que en España, el 80% de las madres opta por dar el pecho al menos los primeros días después del parto. Según una encuesta realizada por la Generalitat de Catalunya, un 48,3% de ellas decide alargarla hasta que el bebé tiene cuatro meses, y un 11,5% lo hace más allá del año. Un vistazo a la última tetada pública, celebrada el 7 de octubre, durante la reciente Semana Mundial de la Lactancia Materna, y se certifica el éxito: unas dos mil mujeres dieron el pecho simultáneamente en diferentes parques de ciudades españolas. Por reivindicación, solidaridad y diversión. Pero, sobre todo, por información.
Ésta llega por numerosos flancos. Grupos de apoyo, pediatras, padres y madres. Abuelos, abuelas, amigos, amigas. El mensaje es claro: la leche del pecho de la madre es la mejor que existe para un bebé. Mucho mejor que cualquier fórmula artificial. El niño que toma pecho recibe proteínas, hidratos de carbono y azúcares exclusivamente humanos, con lo cual la digestión es, de entrada, mucho mejor. Pero además, existen proteínas que sólo si provienen de la madre llegarán a alimentar realmente al bebé, y hay muchos azúcares que la leche materna contiene –más de 130– que las marcas comerciales no incluyen. Con todo esto, el que más favores recibe es el sistema inmunitario. Si introducimos en el cuerpo de un recién nacido alimento que no es de nuestra especie, se rompe un equilibrio de reconocimiento inmune. Como consecuencia, se ha comprobado que existe más riesgo de alergias, procesos infecciosos, diabetes y enfermedades celiacas en niños que no han mamado que en niños que lo han hecho. Otra gran ventaja: la leche se adapta a las necesidades del bebé. Al principio es más acuosa, mientras que al final concentra más grasas y proteínas. Tampoco es igual la leche que la madre produce por la mañana que por la noche. Todas estas diferencias están diseñadas para que de forma natural se eduque el apetito humano. Los pequeños que maman es posible que de buenas a primeras no engorden tan rápido como los que toman el biberón, pero, a la larga, tendrán menos riesgo de sufrir obesidad infantil. La madre también se lleva una buena parte de este estupendo plantel. Amamantar mejora la asimilación de hierro y calcio, favorece que la matriz vuelva a la posición normal después del parto, facilita la pérdida de peso y tiene un efecto protector contra el cáncer de útero y de mama. A todas estas ventajas se suma el valor psíquico que se le supone al acto de dar el pecho y que no es otro que reforzar el vínculo de la madre con el bebé.
La OMS aconseja la leche materna como alimento único durante los seis primeros meses de vida y como complemento a una alimentación diversa hasta los dos años. La Asociación Española de Pediatría (AEP) suscribe estos consejos y promete difundirlos en las consultas de todo el país. La campaña toma forma en revistas especializadas, carteles de concienciación, en el pediatra, mediante reuniones informativas en centros públicos, e incluso los botes de leche artificial tienen una leyenda de obligada introducción que reza “la leche materna es el mejor alimento para el lactante durante los primeros meses de vida”. Hoy no hay mamá primeriza que no se entere: dar el pecho es infinitamente mejor que no hacerlo.
Las madres son pues las principales receptoras de estos mensajes y lo hacen con actitudes diversas. La mayoría aplaude este alud de información. Como Sandra, madre de María, de dos años y medio, y que acaba de dar a luz a Clara, de dos semanas. Les da el pecho a las dos. María camina y se coge a un pecho con absoluta naturalidad. La otra, la bebé, chupetea mecida sobre el otro. “Por nada me lo perdería y lo voy a conservar tanto como sea posible. No entiendo a las que no aprovechan esto tan bonito que te da la vida y que ni es sacrificio ni es esclavitud ni es nada. Es un derecho que tiene él de tener lo mejor. Para mí, lo raro, lo antinatural, sería negarle esto”, explica.
Mientras, hay otras madres que son también diana de la campaña informativa, pero a su pesar. “Cuando decidí dar el biberón a mi hija porque tenía unas grietas terribles, tuve una sensación de culpabilidad que no podía parar de llorar”, cuenta Marta, de 35 años, madre de Laia, de 15 meses.
Luisa, de 34 años, madre de Marco, no vivió esta opción con arrepentimiento. “Dudé porque es cierto que la leche materna les proporciona más defensas, pero no me veía dando el pecho y, además, pensaba que era bonito compartir la alimentación con mi marido. Él le dio a Marco su primer bibe. Yo no quería sentirme la única responsable del niño, quería desde el principio ir al 50 por ciento.”
Judith, de 30 años, madre de Julia, de cinco meses, asegura que dio el pecho el primer mes “¡y ni un día más!”. Enumera sus razones para negarse a ello: le daba vergüenza sacar el pecho en público; no deseaba esclavizarse levantándose cada tres horas; cree que el biberón es mucho más cómodo y que se lo puede dar cualquiera: abuelas, tías y, por supuesto, el propio padre disfrutan haciéndolo. “Yo crecí con bibe, mido 1,70 y no he pasado ninguna enfermedad grave. Estoy sanísima. En el límite, diré que me pone bastante nerviosa la obsesión de algunas por dar de mamar. Y lo más importante: fue el mismo pediatra el que me dijo que el niño dormiría mejor si empezaba a combinar la alimentación natural con el biberón.”
El pecho va en alza. Se vuelve a lo natural con gusto: lo propio es tendencia. Incluso algunas de las familias que defienden este tipo de alimentación también son partidarias de los cada vez más solicitados partos naturales, de una educación de máximo contacto físico con el bebé que apoye opciones como el colecho y, en general, de una forma de vivir la maternidad que promueva lo íntimo y las aleje en lo posible de un entorno excesivamente medicalizado o mediado por la ciencia. La teta es el mejor ejemplo. Se calcula que en España, el 80% de las madres opta por dar el pecho al menos los primeros días después del parto. Según una encuesta realizada por la Generalitat de Catalunya, un 48,3% de ellas decide alargarla hasta que el bebé tiene cuatro meses, y un 11,5% lo hace más allá del año. Un vistazo a la última tetada pública, celebrada el 7 de octubre, durante la reciente Semana Mundial de la Lactancia Materna, y se certifica el éxito: unas dos mil mujeres dieron el pecho simultáneamente en diferentes parques de ciudades españolas. Por reivindicación, solidaridad y diversión. Pero, sobre todo, por información.
Ésta llega por numerosos flancos. Grupos de apoyo, pediatras, padres y madres. Abuelos, abuelas, amigos, amigas. El mensaje es claro: la leche del pecho de la madre es la mejor que existe para un bebé. Mucho mejor que cualquier fórmula artificial. El niño que toma pecho recibe proteínas, hidratos de carbono y azúcares exclusivamente humanos, con lo cual la digestión es, de entrada, mucho mejor. Pero además, existen proteínas que sólo si provienen de la madre llegarán a alimentar realmente al bebé, y hay muchos azúcares que la leche materna contiene –más de 130– que las marcas comerciales no incluyen. Con todo esto, el que más favores recibe es el sistema inmunitario. Si introducimos en el cuerpo de un recién nacido alimento que no es de nuestra especie, se rompe un equilibrio de reconocimiento inmune. Como consecuencia, se ha comprobado que existe más riesgo de alergias, procesos infecciosos, diabetes y enfermedades celiacas en niños que no han mamado que en niños que lo han hecho. Otra gran ventaja: la leche se adapta a las necesidades del bebé. Al principio es más acuosa, mientras que al final concentra más grasas y proteínas. Tampoco es igual la leche que la madre produce por la mañana que por la noche. Todas estas diferencias están diseñadas para que de forma natural se eduque el apetito humano. Los pequeños que maman es posible que de buenas a primeras no engorden tan rápido como los que toman el biberón, pero, a la larga, tendrán menos riesgo de sufrir obesidad infantil. La madre también se lleva una buena parte de este estupendo plantel. Amamantar mejora la asimilación de hierro y calcio, favorece que la matriz vuelva a la posición normal después del parto, facilita la pérdida de peso y tiene un efecto protector contra el cáncer de útero y de mama. A todas estas ventajas se suma el valor psíquico que se le supone al acto de dar el pecho y que no es otro que reforzar el vínculo de la madre con el bebé.
La OMS aconseja la leche materna como alimento único durante los seis primeros meses de vida y como complemento a una alimentación diversa hasta los dos años. La Asociación Española de Pediatría (AEP) suscribe estos consejos y promete difundirlos en las consultas de todo el país. La campaña toma forma en revistas especializadas, carteles de concienciación, en el pediatra, mediante reuniones informativas en centros públicos, e incluso los botes de leche artificial tienen una leyenda de obligada introducción que reza “la leche materna es el mejor alimento para el lactante durante los primeros meses de vida”. Hoy no hay mamá primeriza que no se entere: dar el pecho es infinitamente mejor que no hacerlo.
Las madres son pues las principales receptoras de estos mensajes y lo hacen con actitudes diversas. La mayoría aplaude este alud de información. Como Sandra, madre de María, de dos años y medio, y que acaba de dar a luz a Clara, de dos semanas. Les da el pecho a las dos. María camina y se coge a un pecho con absoluta naturalidad. La otra, la bebé, chupetea mecida sobre el otro. “Por nada me lo perdería y lo voy a conservar tanto como sea posible. No entiendo a las que no aprovechan esto tan bonito que te da la vida y que ni es sacrificio ni es esclavitud ni es nada. Es un derecho que tiene él de tener lo mejor. Para mí, lo raro, lo antinatural, sería negarle esto”, explica.
Mientras, hay otras madres que son también diana de la campaña informativa, pero a su pesar. “Cuando decidí dar el biberón a mi hija porque tenía unas grietas terribles, tuve una sensación de culpabilidad que no podía parar de llorar”, cuenta Marta, de 35 años, madre de Laia, de 15 meses.
Luisa, de 34 años, madre de Marco, no vivió esta opción con arrepentimiento. “Dudé porque es cierto que la leche materna les proporciona más defensas, pero no me veía dando el pecho y, además, pensaba que era bonito compartir la alimentación con mi marido. Él le dio a Marco su primer bibe. Yo no quería sentirme la única responsable del niño, quería desde el principio ir al 50 por ciento.”
Judith, de 30 años, madre de Julia, de cinco meses, asegura que dio el pecho el primer mes “¡y ni un día más!”. Enumera sus razones para negarse a ello: le daba vergüenza sacar el pecho en público; no deseaba esclavizarse levantándose cada tres horas; cree que el biberón es mucho más cómodo y que se lo puede dar cualquiera: abuelas, tías y, por supuesto, el propio padre disfrutan haciéndolo. “Yo crecí con bibe, mido 1,70 y no he pasado ninguna enfermedad grave. Estoy sanísima. En el límite, diré que me pone bastante nerviosa la obsesión de algunas por dar de mamar. Y lo más importante: fue el mismo pediatra el que me dijo que el niño dormiría mejor si empezaba a combinar la alimentación natural con el biberón.”
de: Nutona | 22/09/2008
Hola. Una consulta per veure si li ha passat a algú més. No sé si és normal, però aquests dies he notat que em passava alguna cosa als pits. Fa més d'un any que vaig deixar de donar-li el pit al meu fill, i ara de cop m'ha tornat a puja la llet. Em molesta bastant perquè no li dono el pit i els tinc a punt d'explotar. És normal? Què puc fer?
de: Meritxell Camarasa Martí | 13/12/2007
El fet de donar el pit és quelcom gratificant per la mare i el fill i ell ho agrairà tota la seva vida, per les defenses que li aporta.
de: Cristina | 29/10/2007
Soc mare d'un nen de 26 mesos que encara mama, menja de tot i dorm perfectament. Vàrem fer Lactàncoa Materna fins els 6 mesos aproximadament i penso donar-li el pit fins que ell decideixi deixar-no. No crec que sigui un estorb sinó tot el contrari, com diu la Núria: gratis, a qualsevol lloc la tens a punt i el més gratificant, tenir aquest contacte tan íntim amb el teu fill. Per cert, ara estic embarassada de 25 setmanes, i això no ha estat cap molèstia en la lactància, sinò tot el contrari.
de: MLP | 29/10/2007
De los comentarios de las que se decantan por el bibe, me sobra la alusión que hacen a las que deciden dar el pecho. Si quieren respeto a su decisión que se apliquen el cuento, no creo que las que decidimos dar el pecho merezcamos menos respeto que ellas.
de: Núria Piferrer | 28/10/2007
Jo vaig donar el pit a la meva filla fins que ella sola es va destetar als disset mesos. Ha estat una experiència fantàstica. Em vaig informar molt, llegint llibres i assistint a alguna reunió de la lliga de la llet, fins i tot abans de parir. Mai havia vist donar el pit al meu voltant i tenia alguns dubtes. La pujada de la llet no em va fer gens de mal, no vaig tenir ni una esquerda, la meva filla mai va passar gana, i tot això amb la comoditat de poder alimentar-la a qualsevol lloc amb una llet PERFECTA per a ella, en un envàs esterilitzat, continuament a la temperatura adequada i DE FRANC. Després de tot, som mamífers!!!







