Vidas después del cáncer

Albert Espinosa firma ejemplares de su último libro,
El color amarilloALBERT ESPINOSA-"Estuve diez años en hospitales, pero fui feliz"
Albert Espinosa vivió en hospitales su paso de la infancia a la adolescencia y después a la vida adulta. A los 14 años le detectaron un osteosarcoma, un cáncer de huesos en la tibia. Después de un primer tratamiento y una prótesis apareció un segundo tumor y tuvieron que amputarle la pierna. Entonces tenía 16 años. Tres más tarde, tuvo una recidiva, y le quitaron parte del pulmón izquierdo. A los 22, y ante la sospecha de otra reaparición, le quitaron una cuarta parte del hígado.
Ahora, con 33 años, el guionista de la película Planta 4 acaba de publicar El mundo amarillo (Grijalbo), en el que narra lo que le enseñó el cáncer y cómo lo aplica en su vida diaria. “No quería hacer un libro de autoayuda, sino al revés: cómo sobrevivo a la vida a través del cáncer. Creo que esta enfermedad es muy sabia: te quita unas cosas, pero te da otras. En mi caso, la balanza está equilibrada, el legado que me ha dejado el cáncer ha marcado mi vida.”
Este legado queda plasmado en este libro cargado de humor y de una visión positiva de la vida. “Una de las principales cosas que me ha enseñado el cáncer ha sido perder el miedo a la muerte y conocerte más a ti mismo. En el hospital hacíamos pactos de vida: si alguien moría, nos repartíamos su vida. Yo tengo 3,7 vidas y la mía.” En El mundo amarillo cuenta cómo se autorredactaba un historial vital –sólo con cosas positivas– o hacía cada mes media hora de “hibernación”, tan quieto como si te hicieran una radiografía, para meditar y escucharse a uno mismo. “Superé el cáncer con la ayuda de todos, familia, amigos, pero también de desconocidos que en un momento dado te marcan.”
Albert Espinosa es ingeniero industrial, pero, apasionado del cine, siempre ha trabajado como director, guionista y actor. Tu vida en 65’, Va a ser que nadie es perfecto y la que le catapultó a la popularidad, Planta 4, sobre la vida de niños con cáncer, inspirada en su experiencia. “Con esa película quise romper muchos tópicos. Siempre que sale alguien con cáncer en el cine está vomitando, con dolores, a punto de morir. El tópico y la imagen distorsionada hacen más daño que bien. Hay momentos de dolor y tristeza, pero también hay momentos de felicidad y de alegría.”
Cuenta que estuvo diez años en hospitales, “pero fui feliz. Hay una especie de sobrevaloración del superviviente. No me gusta la palabra, es como si el que muere fuera un perdedor. Nadie pierde la batalla, todo el mundo gana, porque con cada caso el cáncer se debilita. Lo importante es luchar y vivir ese tiempo no como un enfermo sino como una persona que está pasando una enfermedad.”
La secuela más visible que le ha quedado es la pierna ortopédica que lleva. “Fue impactante perder la pierna, pero yo le hice una fiesta de despedida. A cambio, he disfrutado de mis segundos primeros pasos, de volver a andar... Hay escaleras complicadas de subir, hay rozaduras y llagas, pero llevo una vida normal y hago una hora de natación cada día.”
La pierna no fue, sin embargo, el cambio más importante. En El mundo amarillo explica cómo, el día que fue dado de alta, su oncólogo trazó una larga línea horizontal en su historial médico, debajo de la frase “El paciente está curado”. “Esa línea horizontal me marcó, porque empezaba un capítulo nuevo. En mi caso viví con el cáncer el final de la infancia, toda la adolescencia y el inicio de la edad adulta, y cuando me curé era al mismo tiempo un niño y un hombre. Estuve un año intentando entender quién era, buceando en mi pasado, haciendo locuras. Finalmente logré un pacto de dos personas en una, y rescaté muchas cosas del chaval de 14 años. Incluso fui a visitar a mis antiguos compañeros de habitación en sus casas, para ver quiénes eran ellos y quién era yo.”
De hecho, la vivencia de todo ese año es lo que le ha inspirado su nueva película, Planta 5, que empezarán a rodar próximamente. “Es una continuación (de Planta 4), con los mismos actores, pero mayores, para contar ese viaje interior de después de estar curado, ese pacto entre la persona que eras antes y quién eres ahora.”










