16/01/2011
La cirugía estética busca ser natural
Texto de Marta Ricart
Fotos de Pedro Madueño
Cuando algunos creían que la cirugía estética había tocado techo, se abre un nuevo horizonte con la medicina regenerativa. De momento, como paso previo, se empiezan a extender los rellenos de grasa de la misma paciente para aumentos mamarios, otro avance en la búsqueda de intervenciones más naturales

Operación de aumento mamario con grasa de la misma paciente en la clínica Planas de Barcelona; el cirujano inyecta grasa en un pecho
Afinar la silueta es el deseo que lleva a muchas personas a someterse a cirugía estética. Por ello, sorprende que precisamente la grasa se haya convertido en una especie de descubrimiento. En las operaciones de aumento mamario, el empleo como relleno de grasa de la paciente en lugar de prótesis artificiales se ve como una técnica con mucho futuro. Es un signo de hacia dónde va la cirugía estética y antiedad, que, igual que el resto de la medicina, pone sus expectativas en la regeneración celular y la genética.
El uso de la grasa del paciente se antoja la cuadratura del círculo: se extrae de donde sobra (las caderas, el interior de los muslos, el abdomen...) y se coloca donde se quiere (en los pechos, en los glúteos, en la cara...) para modelar el contorno. Lo cierto es que la idea data de hace cien años. Y ya hace varias décadas que en cirugía plástica reconstructora se utiliza grasa del mismo paciente para rellenar y corregir depresiones de las superficies, por ejemplo, tras una fractura, la extracción de un tumor o para corregir deformidades y liposucciones mal hechas. En los últimos 15 años, ha aumentado el uso de esta técnica, se ha perfeccionado y se ha extendido en la cirugía estética, donde las infiltraciones de grasa se usan para rellenar el mentón, los pómulos, las ojeras…
Pero ha sido en los últimos dos o tres años cuando la utilización de esta técnica en operaciones estéticas ha cobrado interés y proyección (se constata en los programas de los congresos de la especialidad en todo el mundo) por su aplicación en las operaciones de aumento de mama, que en España es la segunda intervención de cirugía estética más demandada, precisamente por detrás de la liposucción –18.500 y 20.000 operaciones del total de 105.000 hechas en un año, pese a la crisis, según datos recientes de la Sociedad Española de Cirugía Plástica, Reparadora y Estética–.
El uso de grasa para aumentos mamarios ha estado en cuarentena después de que, con la expansión de la liposucción en los pasados años 80, la sociedad norteamericana de cirujanos plásticos expresara sus dudas sobre que los rellenos de grasa pudieran causar confusión en los diagnósticos de tumores de mama, dado que a menudo la grasa forma microcalcificaciones. Esos temores se fueron disipando por la mejora de las técnicas de diagnóstico por la imagen, por la elaboración de protocolos que aconsejan hacer mamografías antes y después de los rellenos (para tener referentes en los controles de prevención de cáncer de mama) y, sobre todo, ante los buenos resultados obtenidos con los rellenos de grasa en las reconstrucciones de mama tras extirpaciones de tumores (mastectomías) –en España, empezó a hacerlas en el 2008 el hospital Clínic de Barcelona–.
El uso de la grasa del paciente se antoja la cuadratura del círculo: se extrae de donde sobra (las caderas, el interior de los muslos, el abdomen...) y se coloca donde se quiere (en los pechos, en los glúteos, en la cara...) para modelar el contorno. Lo cierto es que la idea data de hace cien años. Y ya hace varias décadas que en cirugía plástica reconstructora se utiliza grasa del mismo paciente para rellenar y corregir depresiones de las superficies, por ejemplo, tras una fractura, la extracción de un tumor o para corregir deformidades y liposucciones mal hechas. En los últimos 15 años, ha aumentado el uso de esta técnica, se ha perfeccionado y se ha extendido en la cirugía estética, donde las infiltraciones de grasa se usan para rellenar el mentón, los pómulos, las ojeras…
Pero ha sido en los últimos dos o tres años cuando la utilización de esta técnica en operaciones estéticas ha cobrado interés y proyección (se constata en los programas de los congresos de la especialidad en todo el mundo) por su aplicación en las operaciones de aumento de mama, que en España es la segunda intervención de cirugía estética más demandada, precisamente por detrás de la liposucción –18.500 y 20.000 operaciones del total de 105.000 hechas en un año, pese a la crisis, según datos recientes de la Sociedad Española de Cirugía Plástica, Reparadora y Estética–.
El uso de grasa para aumentos mamarios ha estado en cuarentena después de que, con la expansión de la liposucción en los pasados años 80, la sociedad norteamericana de cirujanos plásticos expresara sus dudas sobre que los rellenos de grasa pudieran causar confusión en los diagnósticos de tumores de mama, dado que a menudo la grasa forma microcalcificaciones. Esos temores se fueron disipando por la mejora de las técnicas de diagnóstico por la imagen, por la elaboración de protocolos que aconsejan hacer mamografías antes y después de los rellenos (para tener referentes en los controles de prevención de cáncer de mama) y, sobre todo, ante los buenos resultados obtenidos con los rellenos de grasa en las reconstrucciones de mama tras extirpaciones de tumores (mastectomías) –en España, empezó a hacerlas en el 2008 el hospital Clínic de Barcelona–.

Operación de nariz (rinoplastia): antes de la intervención y después.
En los últimos dos años, algunos cirujanos plásticos españoles (igual que en otros países como Francia, Italia, Estados Unidos, Japón...) han empezado a usar grasa de la paciente en operaciones estéticas de aumento de pecho, igual que tras mastectomías. Y hablan bien de los resultados. “No es un simple relleno porque es materia viva, al infiltrar la grasa en el pecho, el tejido se revasculariza y funciona como tejido natural; el resultado es pues de lo más natural en sensibilidad y aspecto”, señala Jorge Planas, director médico de la clínica Planas de Barcelona, que usa grasa en operaciones de mama desde hace más de año y medio. “La clave es que la grasa implantada es materia viva de esa persona”, coincide Javier de Benito, director del Instituto De Benito –asociado en Barcelona a la clínica USP Dexeus y que prevé abrir centros similares en Marbella y Madrid–.
Margarita J. habla por experiencia propia: con 50 años, esta mujer decidió someterse a una operación estética de pecho. Le extrajeron grasa del abdomen y le remodelaron las mamas. “A mí me daba reparos ponerme prótesis y por eso lo fui retrasando. No quería cicatrices y quería algo muy natural. Y así fue”, explica. “Fue rápido, sin problemas; en el pecho, tras la operación, no tenía ni un hematoma”, agrega. Se declara muy satisfecha de la intervención.
El resultado de las infiltraciones o rellenos de grasa, coinciden los cirujanos plásticos, es un acabado natural y una reducción del riesgo de problemas normalmente asociados a las prótesis, desde infecciones hasta contractura capsular (se forma como una membrana dura alrededor de la prótesis que ofrece un aspecto acartonado) o el deterioro con el paso de los años, aparte de que la intervención es menos invasiva y la recuperación casi inmediata.
Parece que al principio, cuentan los especialistas, la técnica del relleno de grasa no era muy efectiva, y había casos en que la grasa injertada era reabsorbida por el cuerpo, con lo que se volvía a perder volumen, o se morían esas células grasas trasplantadas (se necrosaban) o hasta se movía la grasa de lugar dando lugar a ligeras deformidades. Eso hizo que tampoco se apostara decididamente por la técnica hasta que, sobre todo un cirujano estadounidense, Sidney Coleman, la perfeccionó. Ahora, los cirujanos seleccionan la grasa que se extrae de la paciente –no vale la de otra persona, pues existiría riesgo de rechazo inmunológico–, separando algunos de sus componentes (parte de la sangre y del aceite), de manera que sólo se aprovecha aproximadamente la mitad. La infiltración en los pechos se hace respetando la estructura del tejido y en pequeñas cantidades. Así se ha comprobado que en la mayoría de los casos la grasa no es reabsorbida ni se necrotiza porque el tejido se mantiene irrigado sanguíneamente.
Margarita J. habla por experiencia propia: con 50 años, esta mujer decidió someterse a una operación estética de pecho. Le extrajeron grasa del abdomen y le remodelaron las mamas. “A mí me daba reparos ponerme prótesis y por eso lo fui retrasando. No quería cicatrices y quería algo muy natural. Y así fue”, explica. “Fue rápido, sin problemas; en el pecho, tras la operación, no tenía ni un hematoma”, agrega. Se declara muy satisfecha de la intervención.
El resultado de las infiltraciones o rellenos de grasa, coinciden los cirujanos plásticos, es un acabado natural y una reducción del riesgo de problemas normalmente asociados a las prótesis, desde infecciones hasta contractura capsular (se forma como una membrana dura alrededor de la prótesis que ofrece un aspecto acartonado) o el deterioro con el paso de los años, aparte de que la intervención es menos invasiva y la recuperación casi inmediata.
Parece que al principio, cuentan los especialistas, la técnica del relleno de grasa no era muy efectiva, y había casos en que la grasa injertada era reabsorbida por el cuerpo, con lo que se volvía a perder volumen, o se morían esas células grasas trasplantadas (se necrosaban) o hasta se movía la grasa de lugar dando lugar a ligeras deformidades. Eso hizo que tampoco se apostara decididamente por la técnica hasta que, sobre todo un cirujano estadounidense, Sidney Coleman, la perfeccionó. Ahora, los cirujanos seleccionan la grasa que se extrae de la paciente –no vale la de otra persona, pues existiría riesgo de rechazo inmunológico–, separando algunos de sus componentes (parte de la sangre y del aceite), de manera que sólo se aprovecha aproximadamente la mitad. La infiltración en los pechos se hace respetando la estructura del tejido y en pequeñas cantidades. Así se ha comprobado que en la mayoría de los casos la grasa no es reabsorbida ni se necrotiza porque el tejido se mantiene irrigado sanguíneamente.

Para modelar la forma y, en este caso, reforzar la piel fina de la paciente, se usó un injerto de piel (una lámina de regeneración dérmica, en las fotos en detalle)
El aumento mamario con relleno de grasa estuvo en cuarentena porque se dijo que podía favorecer la confusión en el diagnóstico de cáncer, lo que hoy se considera superado
La cirujana Ana Torres, con consultas en las clínicas Cima y Sagrat Cor de Barcelona y que apuesta también por el empleo de grasa, señala que incluso hay pacientes ya que piden sustituir las prótesis de aumento mamario de silicona por grasa –sea por problemas, porque quieren reducir tallas excesivas que se implantaron...–.
Las prótesis mamarias, que llevan millones de mujeres en el mundo, arrastran un historial de polémicas. Algunos modelos se retiraron del mercado, y en Estados Unidos su empleo fue restringido en los años noventa por las alertas de roturas y derrames y otros supuestos riesgos, aunque varios estudios no vieron justificadas las prevenciones. Los actuales modelos de geles de silicona son considerados por los médicos muy perfeccionadas.
Pero ¿el uso de grasa podría marcar el final de las prótesis mamarias, un producto sanitario que genera un importante negocio? En la clínica Planas, en el 30% o más de operaciones mamarias ya se utiliza grasa. Jorge Planas asegura, no obstante, que las prótesis no dejarán de usarse, porque los rellenos de grasa tienen por ahora algunas limitaciones. No pueden usarse si la paciente no tiene grasa suficiente –teniendo en cuenta que se utiliza sólo parte de la que se extrae, para un aumento mamario se necesita extraer unos 800 centímetros cúbicos para rellenos de 200 centímetros cúbicos en cada pecho–, aunque Coleman preconiza que siempre se puede extraer grasa de diferentes partes de la paciente. Además, para garantizar la irrigación sanguínea de la grasa implantada, no se suelen realizar aumentos mayores de lo equivalente a una talla –en los últimos años ya ha decrecido la demanda de pechos muy grandes–.
Aunque no vayan a sustituir las prótesis en todos los casos, los rellenos de grasa se ven como una intervención que crecerá espectacularmente en los próximos años y que abre la puerta a otra cirugía estética. “Ya se ha iniciado el camino, el futuro irá por aquí”, apunta Planas. “Lo nuestro es como lo del granjero, hay una época en que se prepara la tierra, se siembra, se riega y se espera a que crezca la cosecha. Hemos empezado a hacer implantes de grasa, es la fase de regar y abonar, la cirugía del futuro está sembrada”, dice De Benito.
Las prótesis mamarias, que llevan millones de mujeres en el mundo, arrastran un historial de polémicas. Algunos modelos se retiraron del mercado, y en Estados Unidos su empleo fue restringido en los años noventa por las alertas de roturas y derrames y otros supuestos riesgos, aunque varios estudios no vieron justificadas las prevenciones. Los actuales modelos de geles de silicona son considerados por los médicos muy perfeccionadas.
Pero ¿el uso de grasa podría marcar el final de las prótesis mamarias, un producto sanitario que genera un importante negocio? En la clínica Planas, en el 30% o más de operaciones mamarias ya se utiliza grasa. Jorge Planas asegura, no obstante, que las prótesis no dejarán de usarse, porque los rellenos de grasa tienen por ahora algunas limitaciones. No pueden usarse si la paciente no tiene grasa suficiente –teniendo en cuenta que se utiliza sólo parte de la que se extrae, para un aumento mamario se necesita extraer unos 800 centímetros cúbicos para rellenos de 200 centímetros cúbicos en cada pecho–, aunque Coleman preconiza que siempre se puede extraer grasa de diferentes partes de la paciente. Además, para garantizar la irrigación sanguínea de la grasa implantada, no se suelen realizar aumentos mayores de lo equivalente a una talla –en los últimos años ya ha decrecido la demanda de pechos muy grandes–.
Aunque no vayan a sustituir las prótesis en todos los casos, los rellenos de grasa se ven como una intervención que crecerá espectacularmente en los próximos años y que abre la puerta a otra cirugía estética. “Ya se ha iniciado el camino, el futuro irá por aquí”, apunta Planas. “Lo nuestro es como lo del granjero, hay una época en que se prepara la tierra, se siembra, se riega y se espera a que crezca la cosecha. Hemos empezado a hacer implantes de grasa, es la fase de regar y abonar, la cirugía del futuro está sembrada”, dice De Benito.
de: c s | 27/01/2011
hola, yo me realicé lipofilling en gluteos,de esto hace ya casi 4 años y la grasa no se ha reabsorbido ,me ha ido muy bien ya que no he tenido ningún efecto secundario y el volumen sigue estable y sin asimetria o deformidad alguna ,asi que mi experiencia con esta técnica ha sido muy buena y la recomiendo,importante,acudir a un cirujano experto en este tipo de procedimientos.







