24/06/2007

El móvil también necesita vacaciones

Texto de Carmen Giró
Ilustraciones de Flavio Morais

Juan prepara el e-mail que enviará a todos sus clientes: "De tal día a tal día estar é de vacaciones. Para cualquier problema pueden localizarme aquí:". 
Y de la palabra "aquí" surge un fecha que lleva a un punto en medio de la arena de una idílica playa del Caribe. Manuel mira a Juan con envidia, porque él estará en una playa parecida a ésa, pero lo más probable es que le llamen cada cierto tiempo, día sí, día también, para consultarle algún tema "urgente" o no tan urgente.

¿Es Manuel realmente superimprescindible en la empresa? ¿Es que Manuel se deja avasallar" ¿O es que están inmersos en la vorágine de la jornada laboral de 24 horas?
El estrés suele venir con nosotros tambi én de vacaciones. Lo que mejor define en positivo el teléfono móvil y las nuevas tecnologías de la comunicación "el estar siempre conectados y localizables" se puede convertir en carga negativa. Manuel no es la primera ni la última persona en la playa con el móvil e incluso el portátil a cuestas, en reuniones y conversaciones que sus vecinos de toalla no tienen ganas de soportar.

Ante estos casos, lo mejor es planificar el estrés, aunque la frase suene paradójica. El psicólogo clínico Antonio de Dios, director de formación de Iridia, un centro especializado en las diversas áreas de la psicología clínica y de crisis, y experto en formación y de profesionales del mundo de la empresa y del ámbito sanitario, explica el mecanismo de este sufrimiento: "El estrés es la respuesta del cuerpo ante un peligro.

La parte del cerebro que maneja el estrés es el sistema límbico, que llamamos el cerebro emocional, y funciona en términos de seguridad- peligro. El córtex cerebral es el que da la respuesta racional e inteligente, porque funciona en términos de todas las posibilidades de la realidad. Cuando el sistema límbico traduce una situación como un peligro, el cerebro reacciona creando estrés".

Cuando Manuel está en la playa y recibe una llamada de la oficina, su cerebro lo traduce como un peligro, un problema que él debe resolver. Por lo tanto, estrés. La solución fácil sería no llevarse el mó- vil a la playa, pero entonces, explica el psic ólogo, hay que tener muy claras las prioridades. "Si me voy a la playa sin el móvil pero estoy pensando todo el rato "seguro que me estarán llamando", es peor." El problema es más de fondo: "Hay personas que configuran su identidad por su seguridad de resolver problemas. Son personas que se estimulan con el estrés, y aunque estuvieran en una situación en la que no pasara nada, se provocarían algo que su cerebro tradujera como un peligro".
 
Por eso, a los que siempre reciben llamadas más o menos importantes en plenas vacaciones, Antonio de Dios les aconseja una técnica fácil y efectiva: "En la medida de lo posible, tienen que intentar no llevarse el móvil. Pero si no pueden evitarlo, una manera de minimizar el impacto del estrés es planificar lo máximo posible todas las llamadas que se van a recibir y, por ejemplo, dedicar una hora al día a gestionar las posibles incidencias".

En ese caso, hay que tener muy claro que se va a dedicar esa hora al teléfono móvil, pero que el resto del día hay que disfrutar de las vacaciones. "Si limitas las llamadas a una hora al día, ya es algo planiÞ cado que el cerebro no interpreta como peligro, cosa que sí haría si las llamadas estuvieran interrumpiendo el discurrir del día."

Para este psicólogo que ha realizado centenares de cursos a directivos de empresas, la conectividad 24 horas puede ser algo bueno "si es útil", pero al mismo tiempo horrible, "porque se somete al individuo a una exigencia permanente. Si me pueden localizar siempre, estoy siempre en peligro. Y no hay que olvidar que la respuesta del estrés se configuró en el cerebro hace millones de años para escapar de los depredadores. Y los depredadores nos perseguían unos minutos, no las 24 horas del día".

¿Reducto de libertad?
Personas "y no sólo directivos, sino también currantes de a pie" que se pasan el fin de semana revisando el móvil por si les han llegado mensajes nuevos del trabajo, trabajadores que a la que han de esperar treinta segundos en el andén del metro ya están mirando si alguien les ha enviado un "SMS" Todo son postales del mismo fenó- meno, que los expertos estudian los últimos años: los nuevos usos y formas de relaci ón social que nos ha traído el móvil.

María Palacín Lois, profesora de Psicolog ía Social de la Universitat de Barcelona, es rotunda al respecto: "Aunque el móvil se nos ha vendido como un reducto de libertad, lo cierto es que ha provocado lo contrario en muchos casos. Hay que reconquistar nuestro espacio de libertad, pero hacerlo asusta mucho a todo el mundo". Esta especialista aboga por una cierta rebeldía para defenderse de la sombra del móvil. "El individuo tiene que saltar por encima del prejuicio social y ocuparse de sí mismo, para volver al día siguiente, o despu és de las vacaciones, en buenas condiciones. Y eso se puede hacer de diferentes maneras. Puedes dejar el móvil en casa cuando te vas de paseo o a la playa. Puedes decir que a partir de una determinada hora no lo vas a contestar. Es un esfuerzo que hay que querer hacer y que cuesta porque vas contracorriente, pero hay que mantener la privacidad del individuo y la de la familia."

Tal como está el panorama, en un país en el que hay más de un teléfono móvil por persona, suena a luchar contra los elementos. "Hay una presión colectiva" asegura María Palacín. "Si no contestas un mensaje rápidamente, se enfadan contigo. Si no lo llevas encima, o incluso si llevas un aparato antiguo, te miran mal. El que no tiene mó- vil porque quiere salvaguardar su privacidad es como un bicho raro. Por eso hay que recrear, entre todos, una nueva norma social en el uso del móvil, que nos permita decidir que en un espacio de privacidad, o de ocio o lúdico, no contestemos al teléfono. Y para eso hay que reconstruir la relaci ón con el ámbito laboral. Porque, si no desconectamos, el agotamiento psíquico acabará pasándonos factura."

Uno de los temas que más preocupan a los sociólogos y los psicólogos que trabajan estos temas es la poca aceptación de las demoras y de la soledad que propicia la rapidez y la interconexión constante. "Muchas personas, y especialmente los jóvenes" explica Palacín, "utilizan el móvil en cuanto están solos un momento, en un autobús, incluso caminando. Lo que se digan no es tan importante, lo importante es que así evitan sentirse solos. De esta manera no aprenden a estar consigo mismos, no dejan espacio a la reflexión y a conocerse a sí mismos, y eso es alarmante." La palabra reflexión también surge al hablar con el sector de los economistas. La sociedad permanentemente conectada es la que hace posible la economía 24 horas.

 El profesor Simon Dolan es el director científico del Instituto de Estudios Laborales de Esade, desde el que llevan a cabo investigaciones centradas en el estrés y la vida laboral. Ahora están desarrollando una herramienta on line que servirá para que los profesionales de cualquier sector y nivel puedan comprobar su riesgo de ser víctimas del tecnoestrés. "La palabra que más se oirá en los próximos años será ésa, porque la tecnología puede ser maravillosa y puede provocar una gran dependencia. La gente asume que está siempre conectada, y eso le exige un tiempo de reacción más corto cada vez. Así, perdemos recursos que antes sí teníamos, como el tiempo de reflexión. El ritmo de tomar decisiones es demasiado acelerado."

Dolan argumenta: "Aparte de algunos momentos de emergencia, o por supuesto de profesiones, como un médico que está de guardia o un bombero, la gran mayoría de los trabajadores en oficinas no tiene ninguna necesidad de tener una reacción inmediata a las situaciones que surgen. El 80 por ciento de las situaciones de crisis en un trabajo son imaginarias y se resuelven mejor con planificación que con prisas". Están cambiando las reglas del juego, asegura Simon Dolan: "a tecnología ya no da una ventaja competitiva a la empresa, sino cómo manejas la tecnología. En cambio, lo imperante son modelos empresariales con poco respecto por el trabajador. Por ejemplo, la empresa que regala teléfonos móviles a sus empleados, diciéndoles que pueden usarlos para sus llamadas privadas , pero que se convierten en instrumentos para tenerlos localizados".

¿Cómo hacer frente a esta economía de 24 horas desde el ámbito individual? El experto de Esade insiste en que tiene que haber un cambio de mentalidad importante, Los veraneantes de antaño, cuando veranear era un periodo de pausa para unos pocos privilegiados y viajar era una extravagancia, se sentaban en una terraza a escribir postales. Viajar era un tiempo de reflexión sobre otras maneras de vivir, sobre otros paisajes y otros climas. Claro que ellos no tenían cámaras digitales que podían enviar inmediatamente la foto de la catedral de San Marcos de Venecia a casa de su prima en Toledo, ni podían enviar un SMS mientras esperaban en la parada el famoso autobús rojo de Londres.

La profusión de conexiones, que ha hecho que el acceso ilimitado a internet sea un servicio indispensable en la hotelería, ha provocado también la aparición, muy reciente, de establecimientos que se promocionan por todo lo contrario: allí no hay conexión ni cobertura. Surgen agencias de viajes especializadas, como la compañía británica The Adventure Company, que ha lanzado la promoción “Vacaciones sin móvil”. Son rutas preparadas, aseguran en su publicidad, “para garantizar paz y tranquilidad a los que están de vacaciones”. A quienes contraten uno de estos viajes les hacen entregar sus móviles al guía del grupo, que se los devolverá al fi nal. El guía lleva un móvil para usar en caso de emergencia. En su página web aseguran: “La gente está harta de que les llamen al móvil cuando están de vacaciones y frustrada de que cualquiera en la ofi cina les pueda localizar”.

Claro que las primeras ofertas son una ruta por el Hilamaya y un trekking en Australia. Pero quien no quiera irse tan lejos no tiene que frustrarse: hay más de 2.000 pueblos españoles de entre 50 y 1.000 habitantes que están enclavados en zonas de sombra. Castilla y León es la comunidad con más pueblos sin cobertura, seguida por Castilla-La Mancha, Andalucía, Aragón, Cataluña y Galicia. Viajes sin cobertura en los dos flancos, el trabajador y la empresa: "El trabajador puede establecer dos momentos en la jornada para ver los correos y romper con las 150 interrupciones diarias que tiene. También debe apagar el móvil, o no llevarlo encima, cuando está de vacaciones. Tiene que reflexionar: ¿qué ocurre realmente si respondo dentro de dos horas en vez de dentro de dos segundos? Debe desarrollar una estrategia personal para enfrentarse a una organización que lo quiere siempre para sí".

Desde el punto de vista empresarial, la solución pasa por el mismo camino: "La empresa debe ser valiente para entender que a largo plazo esta exigencia tendrá un precio económico. El estrés y el riesgo psicol ógico son problemas de salud que despu és vuelven a la empresa, lo que crea una nueva manera de entender la contabilidad desde el punto de vista empresarial."
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