30/09/2007

Ramona García-Macià

"Confiesa tus miedos a los compañeros de trabajo, será más fácil"

Texto de Núria Escur
Fotos de Carmen Secanella

Es experta en los daños que nos causa el trabajo. Esta médica responsable
de la prevención de riesgos laborales en Cataluña alerta sobre el crecimiento de enfermedades por la falta de autonomía en el trabajo, por exceso de presión, por no acotar la vida laboral
y la personal. Defiende el equilibrio que da la rutina.

La patología laboral es mucho más extensa de lo que el ciudadano de a pie cree. Los afectados por sus dolencias se han multiplicado en las dos últimas décadas, y han aparecido algunas enfermedades nuevas. Pero con la vuelta al trabajo, es en temporada de otoño cuando se desatan o agudizan especialmente algunos síntomas clásicos, viejos conocidos como el síndrome posvacacional o el estrés. La doctora Ramona García-Macià es médica especialista en medicina del trabajo. Psicoterapeuta, máster en Ergonomía y Psicosociología Aplicada, técnica en seguridad industrial y auditora de prevención. Ocupa el cargo de responsable del Servicio de Prevención de Riesgos Laborales del Departament de Salut de la Generalitat de Catalunya, es psicoterapeuta de Halth & Heal… y lidera la comisión de investigación de riesgos psicosociales de la Societat Catalana de Seguretat i Medicina del Treball, de la que ha sido presidenta.

Oiga, su currículum también estresa.
Cuando yo empecé la carrera lo único que se investigaba era el riesgo industrial, productos tóxicos en fábricas, patologías de los químicos y efectos de la nocturnidad laboral. ¡En veinte años la especialidad ha dado un vuelco! Con las nuevas tecnologías se ha abierto todo un mundo nuevo de enfermedades laborales.

¿Qué es el síndrome posvacacional (SPV)?
Es un trastorno de adaptación. Lo observamos en personas que vuelven al trabajo, pero también en otras que viven una situación biológica de “ruptura”. Algo que les quiebra. Un cambio de trabajo o una pérdida. Síntomas: estás cansado, buscas el mínimo esfuerzo y sientes molestias en tus órganos más débiles. Cada persona tiene su órgano diana, a menudo el estómago o la cabeza. Dolor muscular, trastorno digestivo, vértigo. El cuerpo somatiza la angustia. Ninguno de estos síntomas es gravísimo, pero acaba generando más consumo de fármacos y más visitas al médico. Este síndrome se parece mucho al jet lag. Al romper con las normas de todo el año te descolocas. Porque la rutina equilibra.

No me diga.
Sí, sí. Nos quejamos de ella, pero es así: la rutina nos proporciona el ritmo hormonal y bioquímico adecuado. Seguir normas horarias en dosis adecuadas nos tranquiliza. Uno va a trabajar y sabe que a las diez ocurren unas cosas, hacia las doce otras… más o menos uno puede intuir por donde irá la jornada. Cuando uno puede prever tiene la sensación de poder y paz. Pero la improvisación inquieta.

Vuelves al trabajo y dejas de dormir.
Quien tiene síndrome posvacacional (SPV) acostumbra a tener sueño de día e insomnio de noche. Cuanto más frustrado estás en el trabajo, más intentas huir, cambiar de hábitos, pero  más te ­dese­qui­li­bras. Para funcionar bien en el trabajo hay que dedicar un tiempo equitativo a cuatro secuencias: tiempo de actividad, de ejercicio, de contacto social y de concentración.

¿Existe un retrato robot de quienes sufren el síndrome posvacacional?
La edad se centra alrededor de los 30 y los 45 años. Hombre o mujer, da igual. Una edad en la que ya llevas más de cinco años y menos de 25 trabajando y ya has cotizado en varias empresas.

¿Qué hacer?
No te incorpores de golpe al trabajo. Recibirás un aluvión de información que te hundirá. Mentalmente, debes prepararte unos días antes y jamás decir aquello de “no voy a pensar en el trabajo hasta que suene el despertador el primer día” porque al levantarte sólo te dirás “tengo por delante once meses de trayectoria frustrante”.

¿Cuándo empieza a ser preocupante el SPV?
Si continúa muy presente después de tres días. Eso significa que hay un problema más grave, un cuadro de ansiedad o una depresión. Si todo funciona bien, en 24 horas, con coletazos durante una semana, este síndrome debería resolverse. De todos modos, en la consulta lo que más encontramos son pacientes con problemas de relación interpersonal con compañeros o con clientes e imposibles conciliaciones laborales y familiares.

Hoy entras a la oficina y dices buenos días y a lo mejor ni te contestan.
Nosotros a eso le llamamos despersonalización, un fenómeno en alarmante aumen­to. Ocurre porque muchas empresas aún están diseñadas con el patrón industrial. Colocan a una persona ante un ordenador y creen que ya han asegurado la mejor producción. Falso. Se olvidan de que al final de la maquinaria siempre hay alguien que tiene que tratar con clientes. Y eso exige un alto nivel humano.

¿Cómo reacciona el trabajador ante esta situación?
El que sólo tiene la máquina delante cree que lo suyo no tiene interés. Se desmotiva. Empieza a notar que le aliena y elabora un discurso: “Bueno, yo trabajo porque con lo que gane podré hacer lo que realmente me gusta”. ¡Error! El trabajo no debería ser un instrumento sino un objetivo en sí mismo. Porque un producto siempre es mejor si quien lo trabaja lo ama en directo.

¿Y eso qué tiene que ver con el síndrome posvacacional?
Un profesional sin alma no es un buen profesional. Un empresario debería intentar que el trabajador tuviera ganas de volver en septiembre.

¿Cómo puede conseguirlo?
Dando autonomía al trabajador. Que piense que hoy el producto que se vende lleva envuelta a la propia persona que lo trabaja. Antes, si fabricabas bolígrafos, no podías dejar tu huella personal. Podías discutir con el de al lado o cantar: el bolígrafo salía igual. Hoy, en cambio, la mayoría de los trabajos refleja la marca de quien los labra. Si reincorporarte al trabajo no significa crecimiento personal, no lo tolerarás.

¿Qué es el ritmo circadiano?
Un modelo fisiológico de funcionamiento de mente y cuerpo que se repite cada 24 horas. En ese espacio de tiempo los médicos podemos medir ritmos biológicos como el sueño. Al volver de vacaciones ­tenemos alterados la glucosa o el cortisol.

¿Quién se siente más estresado: el que manda o el que obedece?
Se estresa más el que no controla.

Hay que saber dónde está uno.
Si tienes mucha responsabilidad y quieres ser feliz, debes aprender a controlar tus recursos. Yo puedo trabajar en algo sencillo, archivar, por ejemplo, sin tomar decisiones, pero la presión de un montón de gente exigiéndome puede estresarme. También puedo ser un alto cargo, independiente, a quien el vacío ante una decisión da vértigo. Ya ve, depende del control, no del organigrama. Pero, en general, te quiebras antes si eres un alto cargo sin autonomía.

Entonces, la mejor situación para la salud laboral es tener “responsabilidad con ­autonomía”.
La mejor y la más productiva. Lo que agobia es el ritmo de trabajo, el número de informes o reuniones. Los médicos se estresan por el número de pacientes que tienen, no por los casos que plantee cada uno.

Reportajes 1 | 2 | 3 | siguiente
de: Silvia Ribera A | 03/12/2007
He leido una verdad como un templo. La autonomia en el trabajo como protector de los problemas. ¿Pero quien se fia de dar autonomia? Lo que me parece más dificil es confiar en los compañeros: algunos pueden echarte una mano pero algunos estan para ponerte la zancadilla. Me ha gustado leer el articulo y creo que deberian leerlo los jefes.
de: Alberto Pérez Gallet | 26/11/2007
¿Qué hay que hacer con el estrés del trabajo para que se le dé la importancia que tiene? Las mutuas no quieren saber nada del tema y las empresas tampoco. Si no hay profesionales que como usted investiguen y luchen para combatirlo, todo el mundo esconde la cabeza bajo el ala. Les animo a seguir, porque algunos ya estamos en las últimas.
de: juan rodriguez delgado | 08/10/2007
Me ha encantado ver que cosas que te ocurren y no sabes porque le pasan también a los demás. De todas formas, yo con los compañeros no pienso comentar nada de nada. Pero el artículo lo explica de forma muy convincente.
de: Ana Botey | 07/10/2007
Excelente documental!. Creo que los riesgos psicoosociales en el sector sanitario son muy graves .
de: Javier Sallent | 05/10/2007
Sin lugar a duda, el tema de los riesgos psíquicos es el más importante para los trabajadores y a la vez el más abandonado por los empresarios. Literalmente, los que mandan en las empresas le tienen un poco de miedo. Me parece un gran acierto como se trata en el artículo. Queda patente que el síndrome postvacacional no es el más grave, pero a mi personalmente me ha afectado el estrés y el mobing. Provoca mucho daño.
de: Rosa Robert Artigas | 04/10/2007
La imagen que esta trasmitiendo como experta y Responsable de un Servicio de Prevención es banal y frívola. La mayor parte de la entrevista nos está hablando de un sindrome posvacacional, magnificando unos cambios adaptativos que siempre han existido. Los riesgos psicosociales provocan alteraciones de la salud en los trabajadores, siendo importarte realizar las Evaluaciones de Riesgo Psicosocial y cuantificar este riesgo para propocionar medidas preventivas adecuadas. No se puede generalizar ya que hay que proporcionar las medidas correctoras adecuadas según el tipo de organizacion de trabajo que estamos estudiando.
de: Adolfo Linares | 03/10/2007
España está, como siempre, en la cola de lo que verdaderamente importa en el mundo laboral y, en definitiva, pese a quien pese, son las personas lo que importa y no el producto final, que es lo que todo empresario quiere y exige de sus empleados.
de: R. Andrés Gutièrrez Laya | 01/10/2007
Entrevista interesante y fácil de comprender. Hay frases auténticamente brillantes que reflejan nuestra realidad diaria, como: "el trabajo no debería ser un instrumento en si mismo. Porque un producto siempre es mejor si quien lo trabaja lo ama en directo." "Si reincorporarte al trabajo no significa crecimiento personal, no lo tolerarás." La rutina equilibra, al romper con las normas de todo el año te descolocas.
de: Julieta Guzman | 01/10/2007
Es muy importante que nos dediquemos a resolver estos problemas en las empresas y hagamos algo para los profesionales que enferman sin saberlo.
30 de noviembre
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