Ramona García-Macià
"Confiesa tus miedos a los compañeros de trabajo, será más fácil"
de la prevención de riesgos laborales en Cataluña alerta sobre el crecimiento de enfermedades por la falta de autonomía en el trabajo, por exceso de presión, por no acotar la vida laboral
y la personal. Defiende el equilibrio que da la rutina.

La patología laboral es mucho más extensa de lo que el ciudadano de a pie cree. Los afectados por sus dolencias se han multiplicado en las dos últimas décadas, y han aparecido algunas enfermedades nuevas. Pero con la vuelta al trabajo, es en temporada de otoño cuando se desatan o agudizan especialmente algunos síntomas clásicos, viejos conocidos como el síndrome posvacacional o el estrés. La doctora Ramona García-Macià es médica especialista en medicina del trabajo. Psicoterapeuta, máster en Ergonomía y Psicosociología Aplicada, técnica en seguridad industrial y auditora de prevención. Ocupa el cargo de responsable del Servicio de Prevención de Riesgos Laborales del Departament de Salut de la Generalitat de Catalunya, es psicoterapeuta de Halth & Heal… y lidera la comisión de investigación de riesgos psicosociales de la Societat Catalana de Seguretat i Medicina del Treball, de la que ha sido presidenta.
Oiga, su currículum también estresa.
Cuando yo empecé la carrera lo único que se investigaba era el riesgo industrial, productos tóxicos en fábricas, patologías de los químicos y efectos de la nocturnidad laboral. ¡En veinte años la especialidad ha dado un vuelco! Con las nuevas tecnologías se ha abierto todo un mundo nuevo de enfermedades laborales.
¿Qué es el síndrome posvacacional (SPV)?
Es un trastorno de adaptación. Lo observamos en personas que vuelven al trabajo, pero también en otras que viven una situación biológica de “ruptura”. Algo que les quiebra. Un cambio de trabajo o una pérdida. Síntomas: estás cansado, buscas el mínimo esfuerzo y sientes molestias en tus órganos más débiles. Cada persona tiene su órgano diana, a menudo el estómago o la cabeza. Dolor muscular, trastorno digestivo, vértigo. El cuerpo somatiza la angustia. Ninguno de estos síntomas es gravísimo, pero acaba generando más consumo de fármacos y más visitas al médico. Este síndrome se parece mucho al jet lag. Al romper con las normas de todo el año te descolocas. Porque la rutina equilibra.
No me diga.
Sí, sí. Nos quejamos de ella, pero es así: la rutina nos proporciona el ritmo hormonal y bioquímico adecuado. Seguir normas horarias en dosis adecuadas nos tranquiliza. Uno va a trabajar y sabe que a las diez ocurren unas cosas, hacia las doce otras… más o menos uno puede intuir por donde irá la jornada. Cuando uno puede prever tiene la sensación de poder y paz. Pero la improvisación inquieta.
Vuelves al trabajo y dejas de dormir.
Quien tiene síndrome posvacacional (SPV) acostumbra a tener sueño de día e insomnio de noche. Cuanto más frustrado estás en el trabajo, más intentas huir, cambiar de hábitos, pero más te desequilibras. Para funcionar bien en el trabajo hay que dedicar un tiempo equitativo a cuatro secuencias: tiempo de actividad, de ejercicio, de contacto social y de concentración.
¿Existe un retrato robot de quienes sufren el síndrome posvacacional?
La edad se centra alrededor de los 30 y los 45 años. Hombre o mujer, da igual. Una edad en la que ya llevas más de cinco años y menos de 25 trabajando y ya has cotizado en varias empresas.
¿Qué hacer?
No te incorpores de golpe al trabajo. Recibirás un aluvión de información que te hundirá. Mentalmente, debes prepararte unos días antes y jamás decir aquello de “no voy a pensar en el trabajo hasta que suene el despertador el primer día” porque al levantarte sólo te dirás “tengo por delante once meses de trayectoria frustrante”.
¿Cuándo empieza a ser preocupante el SPV?
Si continúa muy presente después de tres días. Eso significa que hay un problema más grave, un cuadro de ansiedad o una depresión. Si todo funciona bien, en 24 horas, con coletazos durante una semana, este síndrome debería resolverse. De todos modos, en la consulta lo que más encontramos son pacientes con problemas de relación interpersonal con compañeros o con clientes e imposibles conciliaciones laborales y familiares.
Hoy entras a la oficina y dices buenos días y a lo mejor ni te contestan.
Nosotros a eso le llamamos despersonalización, un fenómeno en alarmante aumento. Ocurre porque muchas empresas aún están diseñadas con el patrón industrial. Colocan a una persona ante un ordenador y creen que ya han asegurado la mejor producción. Falso. Se olvidan de que al final de la maquinaria siempre hay alguien que tiene que tratar con clientes. Y eso exige un alto nivel humano.
¿Cómo reacciona el trabajador ante esta situación?
El que sólo tiene la máquina delante cree que lo suyo no tiene interés. Se desmotiva. Empieza a notar que le aliena y elabora un discurso: “Bueno, yo trabajo porque con lo que gane podré hacer lo que realmente me gusta”. ¡Error! El trabajo no debería ser un instrumento sino un objetivo en sí mismo. Porque un producto siempre es mejor si quien lo trabaja lo ama en directo.
¿Y eso qué tiene que ver con el síndrome posvacacional?
Un profesional sin alma no es un buen profesional. Un empresario debería intentar que el trabajador tuviera ganas de volver en septiembre.
¿Cómo puede conseguirlo?
Dando autonomía al trabajador. Que piense que hoy el producto que se vende lleva envuelta a la propia persona que lo trabaja. Antes, si fabricabas bolígrafos, no podías dejar tu huella personal. Podías discutir con el de al lado o cantar: el bolígrafo salía igual. Hoy, en cambio, la mayoría de los trabajos refleja la marca de quien los labra. Si reincorporarte al trabajo no significa crecimiento personal, no lo tolerarás.
¿Qué es el ritmo circadiano?
Un modelo fisiológico de funcionamiento de mente y cuerpo que se repite cada 24 horas. En ese espacio de tiempo los médicos podemos medir ritmos biológicos como el sueño. Al volver de vacaciones tenemos alterados la glucosa o el cortisol.
¿Quién se siente más estresado: el que manda o el que obedece?
Se estresa más el que no controla.
Hay que saber dónde está uno.
Si tienes mucha responsabilidad y quieres ser feliz, debes aprender a controlar tus recursos. Yo puedo trabajar en algo sencillo, archivar, por ejemplo, sin tomar decisiones, pero la presión de un montón de gente exigiéndome puede estresarme. También puedo ser un alto cargo, independiente, a quien el vacío ante una decisión da vértigo. Ya ve, depende del control, no del organigrama. Pero, en general, te quiebras antes si eres un alto cargo sin autonomía.
Entonces, la mejor situación para la salud laboral es tener “responsabilidad con autonomía”.
La mejor y la más productiva. Lo que agobia es el ritmo de trabajo, el número de informes o reuniones. Los médicos se estresan por el número de pacientes que tienen, no por los casos que plantee cada uno.







