Salud / Sexo 
04/05/2008

Cuando la vida estable no mata la pasión

Texto de Sonsiles Fuentes
Ilustraciones de Meritxell Duran
La pasión parece activarse en la medida que falta seguridad. La estabilidad, la confianza, roba erotismo a las relaciones de pareja. Por eso, recuperar las ganas y volver a entenderse requiere  empeño y un poco de riesgo

Bastan unas cuantas conversaciones con personas que han pasado por una separación tras una larga y aburrida trayectoria matrimonial para descubrir un hecho recurrente: un alto porcentaje de ellos mantiene relaciones sexuales durante la ruptura, y estas vuelven a ser tan apasionadas o más como en el inicio del romance. ¿Qué han recuperado? Posiblemente, la incertidumbre. La vulnerabilidad, eso que tanto miedo suele dar y de lo que se huye buscando refugio en la estabilidad de la pareja, es el espacio en el que habita el erotismo.
¿Es inevitable la pérdida del erotismo para que el vínculo tenga fiabilidad? La antropóloga Helen Fisher, que ha centrado sus investigaciones en el proceso amoroso, asegura que el cóctel de hormonas que se desata en la primera fase del enamoramiento, la más lujuriosa, apenas dura unos años. En cambio la oxitocina, la que nos conduce al apego, es la más permanente. ¿Y no es posible añadir unas gotas de complicidad, juego y picardía cuando, además de la cama, se comparte el techo?

Un poco de riesgo
“El erotismo doméstico está cubierto por un velo de corrección”, escribe la terapeuta Esther Perel en su obra Inteligencia erótica (Temas de Hoy), que se ha convertido en un best seller en Estados Unidos. Y añade: “El rechazo sexual por parte de la persona que amamos es especialmente doloroso. Por lo tanto, nos sentimos menos inclinados a arriesgarnos eróticamente con la persona de la cual dependemos tanto,  y cuya opinión es tan importante para nosotros. Preferimos censurarnos a nosotros mismos y mantener un guión erótico estrictamente negociado, aceptable y hasta aburrido, antes que arriesgarnos a salir lastimados”.
Esta profesora de la Universidad de Columbia no se corta en proponerle a una mujer que siente que ha dejado de resultar sexualmente atractiva para su marido que flirtee con otros hombres. “Nunca he sido infiel a mi marido, pero si coqueteo con mis compañeros de trabajo, descubro que todavía estoy en el mercado, y eso hace que me sienta segura de que conservo el magnetismo que atrajo a mi pareja”, comenta una enfermera de 42 años.
De hecho, hay parejas que utilizan los celos, en una versión alejada de la patología, como ingredientes para aliñar sus relaciones sexuales, que se tornan fogosas cada vez que se exponen a perder al otro. Lo que para algunos supone una humillación y daña su autoestima, a otros les erotiza desde el momento en que la relación deja de ser segura y se vuelve tan imprevisible como lo era al principio.
También hay personas que necesitan provocar los celos de la pareja porque sólo así se sienten valoradas y queridas, cuando comprueban que luchan por mantenerlas a su lado.

Familiaridad
Sin necesidad de tirar los tejos al compañero de trabajo o a la vecina, se puede agregar un nuevo ingrediente a la relación demostrando que uno no es tan previsible como el otro imaginaba.
Es un error frecuente en la pareja que después de unos años se dé por sentado que ya lo saben todo el uno del otro, que son capaces de descifrarse. Esta familiaridad ofrece confianza y seguridad, pero funciona como jarros de agua fría sobre la pasión. Con la pareja puede suceder lo que al niño al que le encanta un plato y, después de que su madre lo prepare casi a diario, deja de apetecerle. De ahí que tengamos que aliñarlo con nuevos ingredientes y que busquemos nuevas formas de degustarlo.
La satisfacción sexual en el ámbito doméstico requiere lo que se deja de lado: esfuerzo y perfeccionamiento, igual que hace el aficionado a la jardinería para disfrutar de ella, el que disfruta con el oficio con el que se gana la vida, o en la práctica de un deporte. Por el contrario, cuando se cree que, al emparejarse, el sexo se tiene asegurado, el individuo lo descuida, abandona la seducción y llega la apatía y la mediocridad en la cama.
Da igual que se pruebe con el sexo tántrico o que se apunten a un cursillo de striptease, todo vale para escapar de la rutina y aplicarse en las artes amatorias. Siempre, condición indispensable, que no se obligue al otro ni se le coaccione para hacer lo que no desea.
Salvo en aquellos casos en que la persona sufre un acoso moral dentro del matrimonio y termina por anularse, en el refugio hogareño uno se muestra tal como es, con libertad para expresarse sin miedo a ser juzgado. Es una confianza necesaria para el equilibrio personal y el de la relación. Pero no hay que perder de vista que existe un territorio inexplorado y que, incluso con quien se cree conocer al dedillo, surge alguna sorpresa.
Los asuntos del hogar, los problemas con los niños, los conflictos en el trabajo o con los parientes, las complicaciones económicas, todo ello ha de quedar aparte cuando se trata de crear un espacio y tiempo para el sexo, ya sea rápido o lento. Que nos descuidemos y sigan queriéndonos no significa que nos encuentren seductores, sobre todo, cuando ni nosotros estamos a gusto con nuestra imagen.
En el pasado, la incertidumbre de si lograremos o no seducir al otro era un excelente acicate del deseo. Tras unos años de convivencia, muchos se limitan a preguntar al consorte, o a depositar una mano sobre la nalga para averiguar si le dan permiso. Cuando toda la ceremonia queda reducida a estos gestos, puede ser tan frustrante para el que es buscado como para el que recibe la negativa.
Una mayor frecuencia no es petición exclusiva de los varones, y dedicar más tiempo e imaginación a cada momento erótico tampoco es demanda sólo de las mujeres.
Planificar un encuentro erótico con la misma pareja suscita lo que se llama una fantasía anticipatoria. Con ella, la mente, el principal órgano sexual, se pone en marcha para elaborar un afrodisiaco mucho más potente que cualquier fármaco. Genera una tensión sexual que se acumula hasta estallar al regresar a la alcoba.
Entonces, ¿por qué no hay más programación? En el imaginario colectivo se comparte el mito de que el buen sexo es espontáneo y el falso recuerdo de que las primeras experiencias con la persona amada eran fruto del deseo urgente, sin planificación. Sin embargo, casi todos los novios fijaban lugar, día, hora y urdían los preparativos. Se acicalaban mientras dejaban volar la imaginación con el juego, disfrutando de la espera, ideando conversaciones, gestos con los que hechizar, proyectando cómo aprovechar al máximo el poco tiempo del que disponían.
Al compartir techo, dan por sentado que contarán con el día al completo, y pronto descubren que esos momentos quedan reducidos a lo que el trabajo y las obligaciones cotidianas permiten.

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de: Wendy | 12/05/2008
Después de más de 3 años de relación con mi pareja estoy sintiendo falta de deseo sexual. !Y eso me asusta! Su artículo me ha servido para encontrar las fallas que tenemos y que ocasionan la falta de apetito, es sin duda LA MONOTONÍA Y LA RUTINA. No tenemos hijos, así que esta semana pondré en práctica sus consejos. Al ir leyendo se me han ocurrido un par de cosillas... FELICITACIONES POR SU ARTÍCULO y Revista. Saludos desde México.
18 de mayo
18 de mayo
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