Casi como la primera vez

“Creí que no volvería a hacerlo más”, le decía entre lágrimas Diane Keaton a Jack Nicholson tras el primer encuentro sexual de la pareja en Cuando menos te lo esperas. Y a menudo, esta es la sensación que invade a las personas que han pasado por una separación de pareja: creen que quizá nunca más vuelvan a conocer sexualmente a otras personas. Sin embargo, haya sido la experiencia anterior buena o mala, todos quieren repetir, encontrar a una persona que haga renacer en ellos la pasión. Aunque, a veces, esta opción también puede dar miedo.
La simple formulación del enunciado nueva pareja presupone que hubo una anterior, es decir, que finalizó una relación, y eso siempre supone un cambio, una crisis. Una separación de pareja es una de las situaciones más estresantes por las que puede pasar un ser humano a lo largo de su vida, independientemente de si es una separación traumática o de mutuo acuerdo, positiva para uno o no.
A pesar de lo que a veces se cree ante el incremento de las cifras de divorcio en España, nadie se separa porque sí, en un acto de irreflexión o porque se levantó con mal pie. La ruptura del vínculo suele ser el resultado de un duro proceso que puede durar años, repleto de dudas y decisiones, sentimientos de miedo, de culpa, de soledad, de pérdida, de impotencia. Incluso aunque sea un alivio para algunas personas romper una relación que les ha supuesto dolor o las ha decepcionado, el sentimiento de fracaso y el proceso de duelo existen y deben superarse.
Otra primera vez
Los chinos escriben la palabra crisis con un grafismo que significa también oportunidad. Y es cierto, porque las personas, tras una separación, tienen la oportunidad de crecer en muchos aspectos, incluido el sexual. La sexualidad es un aprendizaje que no acaba nunca, y, por ello, vivir de nuevo experiencias con cuerpos diferentes para encontrar placer puede convertirse en una aventura personal enriquecedora. La sexualidad no es algo estándar, se adapta a cada uno y sus circunstancias, no se acaba en la pareja, sino en uno mismo. Y cada vez que tenemos una relación sexual por primera vez con una persona distinta a la que estábamos acostumbrados es como si se reviviese esa primera vez.
El otro nos resulta un desconocido sexualmente: sus gustos, sus deseos, su cuerpo, lo que prefiere, lo que le disgusta... Todo es nuevo. También para él: nuestro cuerpo y nuestros deseos son un misterio por resolver. Explorar, conocer, experimentar, atrevernos a plantear situaciones o prácticas que nos atraen o que antes no hubiésemos solicitado por temor o vergüenza puede ser una experiencia muy positiva. Una nueva pareja nos da la oportunidad de seguir aprendiendo sexualmente.







