Salud / Sexo 
11/11/2007

El deseo femenino, demasiado complejo para la viagra

Texto de Àngels Marín
Ilustraciones de Alma Larroca
¿Puede una mujer excitarse apretando un botón? ¿La libido depende de una sola hormona? Ése es uno de los debates que surgen ante la comercialización de unos parches de testosterona para mujeres con menopausia quirúrgica conocidos ya como la viagra femenina. 
Además de la testosterona, en el deseo influyen la hipertensión, la relación con la pareja o la ansiedad

Testosterona de mujer
Pero empecemos por el principio. Más de uno se preguntará por qué testosterona para la mujer. La respuesta es sencilla: la hormona masculina por excelencia también está presente en el organismo femenino y está directamente implicada en la respuesta sexual. De hecho, en el cerebro femenino existen diez veces más receptores de testosterona que de estrógenos, la conocida como hormona femenina. Una mujer en edad fértil produce entre 100 y 400 microgramos de testosterona cada 24 horas, y una mujer premenopáusica produce más testosterona que estrógeno, aunque su nivel es el 10% del que produce un hombre. Un déficit de andrógenos en la mujer provoca, entre otras cosas, una disminución de la sensación de bienestar, cansancio inexplicado y caída del vello púbico. Y, por supuesto, disminución del deseo, de la actividad y de la satisfacción sexual. En los casos en que se extirpan el útero y los ovarios, la producción de testosterona disminuye a la mitad a los pocos días de la intervención, ya que el 50% de la producción se realiza en los ovarios y la otra mitad en las glándulas suprarrenales. En España se calcula que hay 600.000 mujeres con menopausia quirúrgica, de las cuales el 46% sufre una disminución de deseo sexual, según una encuesta europea. El 85% de estas mujeres se siente culpable ante su pareja, el 80% están preocupadas, y el 64% experimentan frustración y resignación al ver cómo se resiente la calidad de sus relaciones sexuales.
Pero, según muchos expertos, no serán estas mujeres las únicas que querrán utilizar este parche, ya que el deseo sexual inhibido es la mayor patología sexual femenina y afecta a casi un 30% de las mujeres europeas entre los 40 y los 80 años. “Si cuando apareció un cosmético en Andorra que decían que provocaba orgasmos se agotó en pocas semanas, cómo no van a dispararse las ventas de un fármaco que aseguran que aumenta la libido”, exclama Marta Arasanz, psicóloga y directora del Instituto Catalán de Sexología y Psicoterapia. Y es que las repercusiones de la falta de deseo sexual en la calidad de vida de la mujer son tan importantes como las de la disfunción eréctil en los hombres. Pero además de los bajos niveles de testosterona, existen otras causas que desencadenan la falta de deseo: factores psicológicos y de relación de pareja, el estrés, la ansiedad, la depresión, sufrir algún tipo de enfermedad crónica como la diabetes o la hipertensión arterial o incluso la ingesta de determinados fármacos.
¿Qué resultados ofrece el parche? Se han realizado tres estudios, dos sobre mujeres con menopausia quirúrgica y uno en mujeres con menopausia natural del cual aún no se han presentado oficialmente las conclusiones. En los dos primeros, realizados durante seis meses, se observó un aumento de la actividad sexual satisfactoria que varió en 1,1 episodio más favorable al parche de testosterona frente al placebo en cuatro semanas. ¿Vale la pena arriesgarse a tener pelo y granos por un episodio más al mes?

Una visión masculina
Para Arasanz, “todo lo que sea ayudar a las personas a mejorar su sexualidad y eliminar miedos es fantástico, siempre que se hayan realizado estudios fiables. Creo que el parche puede ser una ayuda, pero no es la única solución al deseo sexual inhibido, que tiene en la mayoría de los casos un origen no orgánico, sino psicológico, emocional y/o de pareja. Vivimos en una sociedad muy medicamentada y queremos unos efectos inmediatos, pero la mayoría de las veces el problema va más allá de la parte orgánica”, afirma la psicóloga.
Carlos San Martín, médico sexólogo y secretario general de la Federación Española de Sociedades de Sexología (FESS), asegura que “la aparición del primer medicamento que tratará la falta de deseo femenino es una magnífica noticia que nos demuestra que la investigación en estos aspectos sigue avanzando y la hermana pobre de la sexualidad, la femenina, va recuperando terreno”. Pero también afirma que “debemos ser todos un poquito cautos. Lo importante es no cometer el mismo error que en 1998 cuando Viagra salió al mercado. No hay que olvidar que estamos hablando de fármacos que son hormonas y que deben ser administrados con cuidado y a un perfil de paciente muy específico. Es, pues, una terapia de sustitución hormonal basada en la testosterona que modula el deseo sexual en pacientes que no tienen la adecuada producción de testosterona. Fuera de esto, las demás mujeres no van a ver beneficiado su deseo sexual, y la práctica lo va a demostrar, como ya se ha visto en los países en que se comercializa”. San Martín apela al sentido común: “No creamos que es una panacea. Esta nueva terapia nos va a servir con estas pacientes y poco más”.
El secretario general de la FESS incide en el aspecto emocional de la falta de deseo femenino: “El deseo sexual no depende sólo de lo físico. Por mucho que una mujer tenga un deseo sexual bajo, si no vive la sexualidad con intimidad, difícilmente va a tener deseo por ponerse unas hormonas”. En este sentido, recuerda que la sexualidad femenina y la masculina son diferentes y también es distinta la forma de surgir el deseo, que en la mujer requiere intimidad. “Pensemos –añade– que en las pacientes que han sufrido una intervención quirúrgica traumática, como es la castración en este caso, su autoestima personal puede haberse visto afectada, y será necesario recurrir a la terapia combinada, es decir, fármacos y psicología. Es la que da mejores resultados en menos tiempo.” Arasanz incide en esta idea y compara la situación del parche de testosterona con la administración de Viagra a hombres con un deseo sexual inhibido: “A menudo se les administra la pastilla no como efecto placebo, pero sí para que consideren que es una ayuda y no se obsesionen con una falta de erección. De hecho, las terapias que mejor funcionan en los hombres son las que combinan un componente médico y uno psicológico. En las mujeres es de suponer que también, pero no tenemos demasiada experiencia porque no hay productos que nos ayuden. Hasta ahora”.
Coincide Carmen Valls en que la sexualidad femenina es compleja y afirma que pensar que puede arreglarse la falta de deseo con hormonas es “una visión totalmente masculina. Y, además, dos
veces masculina, porque la única hormona que se considera es la testosterona. No se busca que la mujer esté en mayor armonía, sino que tenga ganas y esté preparada. Eso es no entender nada de la sexualidad femenina”.

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